Teología Propia

El Dios Único y verdadero.

Introducción.

Salmos 100:1-3

1  Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra.

2 Servid a Jehová con alegría;
Venid ante su presencia con regocijo.

3 Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos;
Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado.


DIOS ES UNO.

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4).

“Dios es Espíritu y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4.24).

Miren lo que dijo Jesús “Mirad mis manos y mis pies, que yo mismo soy; palpad y ved; porque un espíritu no tiene carne ni hueso como veis que yo tengo” (Lucas 24.39).

Juan 1.18: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer”.


Cuando se declara que Dios es Espíritu, lo que se quiere decir es que Dios es invisible, inmaterial y no se compone de partes. No tiene propiedades ni características que pertenecen a la materia. 1 Timoteo 1:17 “Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén”.  1 Timoteo 6:15-16 “la cual a su tiempo mostrará el bienaventurado y solo Soberano, Rey de reyes, y Señor de señores, el único que tiene inmortalidad, que habita en luz inaccesible; a quien ninguno de los hombres ha visto ni puede ver, al cual sea la honra y el imperio sempiterno. Amén”. Colosenses 1:15 “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación”. Hebreos 11:27 “Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible”.

Quizá Ud. Se pregunte ¿Por qué si Dios es inmaterial la Biblia menciona que tiene manos, brazos, etc.?

Esto se debe a que se nos dificulta comprender la esencia de Dios, Él inspiró a los escritores bíblicos para que explicaran los conceptos con objetos que nos son familiares y para aplicar a Dios algunas de sus características. De esta manera comprendemos un poco lo desconocido por lo conocido. En este caso, se dice que empleamos lenguaje figurativo. La idea no se toma en forma literal ni como hecho, sino como símbolo para representar un hecho dado.

Nuestra comprensión de Dios no se debe basar en presuposiciones acerca de Él, o en cómo queremos nosotros que Él sea. En lugar de esto, debemos creer en el Dios que es, y que ha decidido revelársenos en las Escrituras. Los seres humanos tenemos la tendencia de crear dioses ficticios en los que es fácil creer; dioses que se ajustan a nuestro propio estilo de vida y a nuestra naturaleza pecaminosa (Romanos 1:21–25).

Hay cristianos que caen en la trampa de ignorar la autorevelación de Dios y comienzan a desarrollar un concepto de Él que está más en sintonía con sus caprichos personales, que con la Biblia. La Biblia es nuestra verdadera fuente. Es ella la que nos permite saber que Dios existe, y cómo es Él.

La existencia de Dios.


La biblia no trata de demostrar que Dios existe. En vez de hacerlo, comienza con su existencia con la premisa básica: “en el principio…Dios”. Dios es el punto de partida.

En la comprensión secular de la historia, la ciencia y la religión, la teoría de la evolución ha sido aceptada por muchos como una realidad digna de confianza. Según esa teoría, a medida que evolucionaron los seres humanos, lo hicieron también sus creencias y expresiones religiosas La evolución cree que las creencias y expresiones religiosas evolucionaron así como el hombre evolucionó. La evolución comienza con:

► Animismo- los objetos naturales están habitados por poderes sobrenaturales o espíritus. Esto luego evoluciona al…

► Politeísmo- Algunos poderes sobrenaturales son percibidos como divinidades (la creencia en muchos dioses). El paso siguiente es el…

►Henoteísmo- una de las divinidades (de muchos) alcanzan supremacía. Luego sigue la…

► Mono-latría- los humanos adoran a uno de los (muchos) dioses aunque no niegan la existencia de los otros. Esto los dirige hacia el…

► Monoteísmo- negar la existencia de todos los dioses y adorar a un solo Dios. Esto en sí, es una falsedad ya que los dirige más bien al…

►  Sincretismo- añadir divinidades al conjunto de las que ya se adoran

La revelación contrasta con la Evolución. El monoteísmo proviene de la autorevelación divina y la revelación divina es progresiva.

En contraste con la evolución, hallamos la revelación. Servimos a un Dios que actúa y habla. El monoteísmo no es consecuencia del genio evolucionista humano, sino de la autorevelación divina. Esta autorevelación divina es progresiva en su naturaleza, puesto que Dios se ha seguido revelando cada vez más a lo largo de toda la Biblia.

Los atributos de Dios.

La expresión "atributo” no es muy afortunada. Da la impresión que algo es añadido al ser de Dios. Mejor sería hablar de sus "excelencias” o de sus "virtudes”. Esto también se ve reflejado en el uso bíblico. 1 Pedro 2:9 habla de las "virtudes” de Dios y usa la palabra griega “areté” que comunica precisamente esta idea. La esencia o el ser de Dios consiste en la totalidad de sus virtudes. Tomando esto en cuenta intentamos definir lo que es un atributo (virtud, excelencia) de Dios, siguiendo básicamente la definición de Berkhof: “Los atributos de Dios son las perfecciones que son reveladas del ser divino en las Escrituras o que son visiblemente puestos de manifiesto por Dios en las obras de su creación, providencia y redención”.

Seguiremos, sin embargo, usando la palabra "atributo” por conveniencia.

Los atributos constitutivos (o atributos incomunicables) de Dios:

►Espíritu. “Dios es Espíritu y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren” (Juan 4.24). La Biblia no nos da una definición de la palabra “espíritu”, pero sí ofrece descripciones. Dios, como espíritu, es inmortal, invisible y eterno, digno de nuestra honra y gloria para siempre (1 Timoteo 1:17).

►Conocible. “A Dios nadie lo vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer” (Jn. 1:18). La humanidad no puede comprender totalmente al Dios Todopoderoso (Job 11:7), y sin embargo, Él se ha mostrado a sí mismo en momentos diferentes y de diversas formas, indicando que es su voluntad que nosotros lo conozcamos y mantengamos una relación correcta con Él (Juan 1:18; 5:20; 17:3; Hechos 14:17; Romanos 1:18–20). Con todo, esto no significa que podamos percibir de manera total y exhaustiva toda la personalidad y la naturaleza de Dios (Romanos 1:18–20; 2:14–15).

►Eterno. Nosotros medimos nuestra existencia a base del tiempo: pasado, presente y futuro. Dios no está limitado por el tiempo; sin embargo, ha querido revelársenos dentro de nuestro marco de referencia, de manera que lo podamos ver activo delante y detrás de nosotros. “Antes que naciesen los montes y formases la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Salmo 90:2). “Por lo tanto al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén” (I Ti. 1:17).

►Inmutable. “Porque yo Jehová no cambio…” (Malaquías 3:6). “Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación” (Santiago 1:17).

►Omnipotente. “¡Oh Señor Jehová! He aquí que tu hiciste el cielo y la tierra con tu gran poder, y con tu brazo extendido, ni hay nada que sea difícil para ti…” (Jer. 32:17). En el contexto de sus propósitos, Dios demuestra que ciertamente es capaz de realizar cuanto quiera: “Porque Jehová de los ejércitos lo ha determinado, ¿y quién lo impedirá? Y su mano extendida, ¿quién la hará retroceder?” (Isaías 14:27). Los seres humanos no pueden resistir, contrariar ni impedir el poder y la fortaleza ilimitados del único Dios verdadero (2 Crónicas 20:6; Salmo 147:5; Isaías 43:13; Daniel 4:35).

►Omnipresente. “¿Soy yo Dios de cerca solamente, dice Jehová, y no Dios desde muy lejos? ¿Se ocultará alguno dice Jehová en escondrijos que yo no vea? ¿No lleno yo, dice Jehová, el cielo y la tierra?” (Jer. 23:23, 24). Aunque, ciertamente, el Señor se presentó a Israel como el que podía centrar su presencia en el Lugar Santísimo del tabernáculo y del templo. Eso era una concesión a las limitaciones de la comprensión humana. Salomón reconoció esto al decir: “Pero ¿es verdad que Dios morará sobre la tierra? He aquí que los cielos, los cielos de los cielos, no te pueden contener; ¿cuánto menos esta casa que yo he edificado?” (1 Reyes 8:27).

►Omnisciente. “Oh, Jehová, tú me has examinado y conocido. Tú has conocido mi sentarme y mi levantarme; has entendido desde lejos mis pensamientos. Has escudriñado mi andar y mi reposo, y todos mis caminos te son conocidos. Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová tú la sabes toda” (Salmos. 139:1–4). “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquél a quien tenemos que dar cuenta” (Hebreos 4:13). Dios tiene la capacidad de conocer nuestros pensamientos y nuestras intenciones (Salmo 139:1–4), y no se cansa ni se agota en su actividad de discernirlos (Isaías 40:28). El conocimiento de Dios no está limitado por nuestra comprensión del tiempo futuro, puesto que Él puede conocer el final de algo desde su mismo principio (Isaías 46:10).

►Sabio. “al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén” (Romanos 16:27). “Sabiduría” (en heb. jokmá) es la unión del conocimiento de la verdad con la experiencia en la vida. El conocimiento solo, puede llenar la cabeza con datos sin que haya una comprensión de su importancia o aplicación. La sabiduría les da dirección y sentido. La sabiduría de Dios le da un conocimiento profundo de todo cuanto es y cuanto puede ser. En vista del hecho de que Dios tiene existencia en sí mismo, tiene una experiencia que no podemos ni siquiera imaginar, y su comprensión es ilimitada (Salmo 147:5). Él aplica con sabiduría sus conocimientos.


Los atributos morales (o atributos comunicables) de Dios:

►Fiel. “Te exaltaré, alabaré tu nombre, porque has hecho maravillas; tus consejos antiguos son verdad y firmeza (emuná omén, literalmente, “fidelidad y seguridad”). Ver también Isaías 25:1; 1 corintios 1:9; 1 corintios 10:13.

►Veraz. “Dios no es hombre, para que mienta” (Números 23:19). La veracidad de Dios contrasta con la falta de honradez de los humanos, pero no solamente en una medida relativa. Dios es perfectamente fiel a su palabra y a sus caminos (Salmos 33:4; 119:151), (Juan 3:33; Romanos 3:4).

►Bueno. Este adjetivo describe el carácter moral de Dios: “Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia” Salmo 100:5, (Mateo 19:17; Marcos 10:18).

►Paciente. En un mundo repleto de venganzas, decididas a menudo de manera precipitada, nuestro Dios es “tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión” (Números 14:18). Esta “lentitud” para la ira permite una ventana de oportunidad para que muestre su compasión y gracia (Salmo 86:15; Romanos 2:4; Romanos 3:25).

►Amoroso. Dios se ha revelado a sí mismo como un Dios que expresa una forma particular de amor; un amor manifestado a base de dar con sacrificio. Así lo define Juan: “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados” 1 Juan 4:10. (ver también 1 Juan 4:8; Juan 3:16).

►Lleno de gracia y misericordia. Los términos “gracia” y “misericordia” representan dos aspectos de la personalidad y la actividad de Dios que son diferentes, aunque estén relacionados. Experimentar la gracia de Dios es recibir un regalo que no podemos ganar y que no merecemos. Experimentar la misericordia de Dios es ser guardados del castigo que de hecho merecemos. Dios es el verdadero juez, que retiene para sí el poder sobre el castigo último y definitivo. Cuando perdona nuestros pecados y nuestras culpas, experimentamos su misericordia. Cuando recibimos el don de la vida, experimentamos su gracia. (Isaías 53:5; Tito 2:11; 3:5; Éxodo 34:6; Hechos 11:23; Romanos 5:20)

►Santo, Recto y Justo. “Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos, porque yo soy santo” (Levítico 11:44). Hemos sido llamados a ser diferentes, porque el Señor es diferente. Dios se revela a sí mismo como “santo”, qadosh (hebreo).  Por su naturaleza misma, Dios está separado del pecado y de la humanidad pecadora. La santidad es la personalidad y actividad de Dios, tal como lo revela el título “Yahwé meqaddesh”, “Yo Jehová que os santifico” (Levítico 20:8). (Ver también 1 Pedro 1:16; Deut. 32:4; 1 Juan 3:1-7). La norma que Dios presenta es justa y recta (Deuteronomio 32:4). Por consiguiente, nosotros no podemos, en nosotros mismos y por nosotros mismos, llegar a la altura de la norma con la que Dios nos mide; todos quedamos por debajo de ella (Romanos 3:23).

 

Los nombres de Dios

Los nombres en el Antiguo Testamento.

► El. Poder o Preeminencia. Aplicación: Nosotros podemos depender de Dios. 

►Elohim. El Creador todopoderoso. Aplicación: Dios es el creador todopoderoso del universo. Dios conoce todo, crea todas las cosas y está en todas partes en todo momento. Es el plural de “El”

►El Shaddai.  El Dios omnipotente. Aplicación: Nuestros problemas no son demasiado grandes como para que Dios no los pueda manejar. 

►El Elyón.  El Dios Altísimo. Aplicación: Él Dios soberano en quien podemos colocar nuestra confianza. (El máximo gobernante)

►El Olam. Perdurable o Perpetuo, Eterno. Aplicación: Él es el Principio y Fin, el que lleva a cabo sus propósitos a través de las edades.

►Elohim Yishenu. Dios Salvación nuestra. Aplicación: En ningún otro hay salvación.

►Yahwé. Yo soy, el que soy. El inmutable, nunca cambia. Nombre de Dios revelado a Moisés. También se le denomina tetragrama ton (“cuatro letras”). Aparece alrededor de 6828 veces. En las versiones españolas de la Biblia se traduce “Jehová” o “Señor”, y se debe a que se convirtió en práctica común que los judíos dijeran “Señor” (Adonai) en vez de pronunciar el nombre (YHWH (YHVH).

►Adonai. Amo, Señor. Aplicación: Dios es el Amo y Señor majestuoso.

►Yahwé Shama – Jehová allí (Ezequiel 48:35)

►Yahwé Osenu – Jehová nuestro hacedor (Salmos 95:6)

►Yahwé rofeka – Jehová tu sanador. (Éxodo 15:26)

►Yahwé Nisi – Jehová es mi estandarte. (Éxodo 17:15)

►Yahwé Shalom – Jehová es paz. (Jueces 6:24)

►Yahwé roi – Jehová es mi pastor. (Salmo 23:1)

►Yahwé tsidkenu – Jehová justicia nuestra. (Jeremías 23:6)

Los nombres de Dios en el Nuevo Testamento.

El Nuevo Testamento presenta una revelación más clara del Dios uno y trino que el Antiguo Testamento.

►Dios. Theos.“En el principio era el Verbo [logos], y el Verbo era con Dios [Theos], y el Verbo era Dios [Theos]” (Jn.1:1). La palabra griega theos, (zeós) como Elohim puede significar “Dios” o “dioses.” Es la palabra usual para “Dios” en el Nuevo Testamento.

►Padre. Pater. “Vosotros, pues, oraréis así: Padre [Pater] nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre” (Mt. 6:9). También, “… habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba Padre!” (Rom. 8:15). “Abba” era la palabra aramea para “padre”; fue la palabra que Jesús usó en la oración del jardín de Getsemaní.

►Abba.  Pablo llama a Dios  “Abba” en dos ocasiones. Gal. 4:6 y Rom. 8:15-16.

 ►Señor. Kurios. “Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor [Kurios], para gloria de Dios [Theos] Padre [Páter]” (Fil. 2:11). Los tres nombres divinos del Nuevo Testamento son mencionados en el versículo de arriba. Kurios es como Adonai en el Antiguo Testamento.
 

La Naturaleza de Dios.

Dios es incomprensible (pero se puede conocer), y la simple lógica humana es incapaz de demostrar su existencia misma. Podemos construir nuestra comprensión acerca de Dios sobre dos presupuestos primordiales: (1) Dios existe, y (2) Dios se nos ha revelado de manera adecuada a nosotros por medio de su inspiración revelada.

La naturaleza constitucional de Dios es identificada con mayor frecuencia por medio de esos atributos que no encuentran analogía en nuestra existencia humana. Dios existe en sí mismo y a partir de sí mismo, sin depender de nadie más. Él es en sí mismo la fuente de la vida, tanto en cuanto a crearla, como a sostenerla. Dios es espíritu; no se halla confinado a la existencia material, y es imperceptible para los ojos físicos. Su naturaleza no cambia, sino que permanece firme. Puesto que Dios mismo es el fundamento del tiempo, el tiempo no lo puede atar. Él es eterno; no tiene principio ni 􀉹n. Tiene dentro de sí una coherencia interna total. El espacio no lo puede limitar ni atar, de manera que es omnipresente, y puesto que es capaz de hacer absolutamente todo cuanto concuerde con su naturaleza y sea productivo para sus propósitos, es también omnipotente. Además de esto, Dios es omnisciente, conocedor de toda verdad: pasada, presente y futura, posible y real.

Otro aspecto más que requiere atención dentro de la doctrina de Dios es el de sus actividades:

►Sus decretos. Los decretos de Dios son su plan eterno, y tienen ciertas características: todos son parte de un solo plan, que es inmutable y perdurable (Efesios 3:11; Santiago 1:17). No dependen para nada de otros seres, ni son condicionados por ellos (Salmo 135:6). Tienen que ver con las acciones de Dios, y no con su naturaleza (Romanos 3:26). Dentro de estos decretos se encuentran las acciones realizadas por Dios, de las que Él es soberanamente responsable, y también aquellas acciones permitidas por Dios, que suceden, pero por las cuales Él no es responsable. A partir de esta distinción, podemos notar que Dios no es el autor del mal, aunque sea el creador de todos los que le son subordinados, ni tampoco es la causa inicial del pecado.

►Su providencia y conservación. En su providencia, obra continuamente para controlar todas las cosas del universo con el propósito de llevar a cabo su sabio y amoroso plan de formas que correspondan con la actuación de sus criaturas libres (Génesis 20:6; 50:20; Job 1:12; Romanos 1:24).

La escritura afirma que se puede conocer a Dios. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo… el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia…” (Heb. 1:1–3). El apóstol Juan declara en su evangelio: “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre le ha dado a conocer” (Jn. 1:18).

Conclusión.

Aunque el hombre sin ayuda no puede llegar a conocer al Dios infinito, es claro que Dios se ha revelado a sí mismo y puede ser conocido hasta el grado donde llega su propia revelación.

En efecto, es esencial para el hombre conocer a Dios a fin de experimentar la redención y tener vida eterna: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien has enviado” (Jn. 17:3). “Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero…” (I Jn. 5:20).

De nada sirve conocer a Dios intelectualmente, si no es una realidad en nuestra vida práctica.