"...Εις το όνομα του Πατρός του Υιού και του Αγίου Πνεύματος"

La Santa Trinidad.

Introducción.

La Trinidad es un misterio, Por tanto, no estamos tratando de explicar a Dios, sino más bien, de estudiar las evidencias históricas que establecen la identidad de Jesús, como Dios y como hombre, (en virtud de sus milagrosos actos y su personalidad divina) y además, “incorporar las verdades a las que Jesús dio valor de esta manera, y que se refieren a su relación eterna con Dios Padre y con Dios Espíritu Santo.

En las Escrituras se manifiestan como Dios tres distintas personas, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, mientras que al mismo tiempo, la Biblia entera se aferra tenazmente al Shemá judío “Oye Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deut. 6:4).

La conclusión que derivamos de los datos bíblicos es que el Dios de la Biblia es “un Dios en Trinidad, y una Trinidad en Unidad” (Atanasio)

El análisis objetivo de los datos bíblicos con respecto a la relación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo revela que esta gran doctrina de la iglesia no es una noción abstracta, sino que en realidad, es una verdad de la revelación.

Unidad en la Deidad

“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas” (Deuteronomio 6.4-5). “Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de mí. Yo te ceñiré, aunque tú no me conociste, para que se sepa desde el nacimiento del sol, y hasta donde se pone, que no hay más que yo; yo Jehová, y ninguno más que yo.... Ciertamente en ti está Dios, y no hay otro fuera de Dios. Yo soy Jehová, y no hay otro” (Isaías 45:5-6, 14,18). “Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí” (Isaías 46.9).

LA SANTA TRINIDAD.

Datos bíblicos para la doctrina.

En Antiguo Testamento; Dios es “un solo Dios”, que se revela a si mismo por medio de sus nombres, sus atributos y sus actos, No obstante, un rayo de luz se abre paso a través de la larga sombra del Antiguo Testamento para insinuar una pluralidad (una distinción de personas) en la Divinidad: “Hagamos al hombre…” (Gen 1:26) (Pluralidad).

El Ángel de Yahwé… (Gen 16:7-13) (Distinción de personas).

Jacob dice “vi a Dios cara a cara…” (Gen 32:24-30) (Se refiere al Ángel de Jehová).

Miraron a mí a quien traspasaron (Zac 12:10) (Jehová es el Mesías).

En estos pasajes queda muy en evidencia la revelación de una pluralidad dentro de la divinidad.

Se insinúan otras distinciones personales dentro de la divinidad en los pasajes que hablan del “Ángel de Jehová”. (Gn. 16:7-13; 18:1-21; 19:1-28; 32:24-30).

Hay muchos pasajes que nos muestran la pluralidad en la divinidad pero solo veremos cuatro pasajes:

La Trinidad en el Antiguo Testamento.

(Jueces 13:18-25)

“Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es admirable? Y Manoa tomó un cabrito y una ofrenda, y los ofreció sobre una peña a Jehová; y el ángel hizo milagro ante los ojos de Manoa y de su mujer. Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra. Y el ángel de Jehová no volvió a aparecer a Manoa ni a su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. Y dijo Manoa a su mujer: Ciertamente moriremos, porque a Dios hemos visto. Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no aceptaría de nuestras manos el holocausto y la ofrenda, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni ahora nos habría anunciado esto. Y la mujer dio a luz un hijo, y le puso por nombre Sansón. Y el niño creció, y Jehová lo bendijo. Y el Espíritu de Jehová comenzó a manifestarse en él en los campamentos de Dan, entre Zora y Estaol.

Isaías 42:1 “He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones”. Observe a las tres Personas en este primer ejemplo: la primera Persona es el locutor, que se observa por el pronombre Yo. La segunda Persona es el siervo del locutor (mi escogido), el siervo de Jehová. Y la tercera Persona es el Espíritu de Dios. Aquí está un pasaje donde sólo hay tres personas, ni más ni menos que tres (ver Mateo 3:16-17). Isaías 48:16  “Acercaos a mí, oíd esto: desde el principio no hablé en secreto; desde que eso se hizo, allí estaba yo; y ahora me envió Jehová el Señor, y su Espíritu” (vea verso 22, era Jehová hablando). Zacarías arroja una notable luz sobre esto al hablar en nombre de Dios acerca de la crucifixión del Mesías: “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito” (Zacarías 12:10). Se ve con claridad que el único Dios verdadero está hablando en primera persona (“a mí”) al mencionar el haber sido “traspasado”, y sin embargo, Él mismo hace el cambio gramatical de la primera persona a la tercera (“por él”) al referirse a los sufrimientos del Mesías por haber sido “traspasado”. En este pasaje queda muy en evidencia la revelación de una pluralidad dentro de la Divinidad.

La Trinidad en el Nuevo Testamento.

En el principio era el Verbo… (Juan 1:1,14).

Cristo es el objeto de adoración (Filipenses 2:10-11)

Jesús se identifica como el soberano.

“Yo Soy” (Jn. 8:58) (En capítulos próximos veremos la divinidad de Jesús y la del Espíritu Santo).

Mateo 3:16-17  “Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia”.

Juan 10:30 “Yo y el Padre uno somos”.

Juan 17:5 “Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”.

Juan 8:58 “Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Antes que Abraham fuese, yo soy”.

La reacción de los judíos por lo que entendieron de los dichos de Jesús.

Juan 5:18 “Por esto los judíos aún más procuraban matarle, porque no sólo quebrantaba el día de reposo, sino que también decía que Dios era su propio Padre, haciéndose igual a Dios”.

Juan 10:33 “Le respondieron los judíos, diciendo: Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios”.

Y Jesús también reclamó plena divinidad para el Espíritu Santo.

Juan 14:16-17 “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros”.

Juan 14:26  “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho”.

Pablo y Pedro ponen en el mismo nivel del Padre y Jesús al Espíritu Santo en 1 Corintios 12:4-6 “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo”.

2 Corintios 13:14 “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros”.

1 Pedro 1:2 “…elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz os sean multiplicadas”.

Dios el Padre, quien es el responsable de la presciencia; el Espíritu Santo, quien es el responsable de la santificación; y el Hijo, Jesucristo, quien es el responsable del rociamiento y derramamiento de Su sangre por los pecados del mundo.

Estos son solo unos textos de los muchos que hay donde podemos ver la Trinidad en la Biblia.

Está claro que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo existen eternamente como tres personas distintas y, sin embargo, las Escrituras revelan también la unidad de los tres miembros de la Divinidad.

Definitivamente, los textos bíblicos nos traen a la conclusión de que, dentro de la naturaleza de único Dios verdadero hay tres personas, que son entre sí coeternas, coiguales y coexistentes.

(En capítulos posteriores estaremos viendo la Personalidad Divina del Hijo Y del Espíritu Santo)

La formulación histórica de la doctrina.


Ciertamente la formulación histórica de la doctrina de la trinidad tiene todas la características de un laberinto terminológico dentro del cual muchas sendas conducen a callejones sin salida heréticos.

Los cuatro primeros siglos de la iglesia cristiana estuvieron dominados por un solo tema central; el concepto cristológico del Logos. La controversia eclesiástica de aquellos tiempos se centraba en esta pregunta: “¿Qué quiso decir Juan al utilizar la palabra “Lógos”? La controversia alcanzó su punto más alto en el siglo cuarto, con el Concilio de Nicea (año 325).

Concilio de Nicea fue convocado por el emperador romano Constantino I,

En el Credo de Nicea, Jesucristo es “el Unigénito Hijo de Dios, engendrado por el Padre desde antes de todas las edades, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado y no creado, de la misma sustancia que el Padre”. Definitivamente, la filiación del Hijo no es una generación de su esencia Divina, porque el Padre y el Hijo son ambos Divinidad y por tanto, de la misma “naturaleza indivisible el Padre y el Hijo (con el Espíritu Santo) existen juntos en una subsistencia personal, (esto es, el Hijo y el Espíritu son personalmente distintos al Padre en su existencia eterna).

La doctrina de la Trinidad aparece implícita en su cristología más desarrollada, pero no la hace explícita.

La insistencia en estas propiedades personales no es un intento por explicar la Trinidad, sino por distinguir la ortodoxia trinitaria de las formulas heréticas del Modalismo.

Ireneo contra los gnósticos.

• Ireneo, obispo de Lyon, en la Galia y discípulo de Policarpo, quien a su vez había sido discípulo del Apóstol Juan. Por lo tanto en Ireneo hallamos un lazo directo con las enseñanzas apostólicas.

• Es llamado uno de los Padres de la Iglesia.

• Ponía de relieve, tanto la plena humanidad de Jesús, como su Divinidad. Ireneo movió a la Iglesia en una dirección positiva, al afirmar la unidad de Dios, quien es el Creador del cielo y de la tierra. Su firmeza en el monoteísmo protegió a la Iglesia del peligro de dar un giro equivocado, para llegar como consecuencia a un callejón politeísta sin salida. Ireneo también advirtió contra las especulaciones gnósticas acerca de la forma en que el Hijo había sido engendrado por el Padre. En su defensa de la cristología, les respondía a los gnósticos con dos sentencias cimeras que más tarde surgirían de nuevo en Calcedonia: “Filius Dei filius hominis factus”, “El Hijo de Dios [se ha] convertido en hijo de hombre”, y “Iesus Christus vere homo, vere Deus”, “Jesucristo [es] verdaderamente hombre y verdaderamente Dios”.

•La palabra “gnosticismo” viene de la palabra Griega “gnosis” la cual significa “conocimiento.” El Gnosticismo enseñó que la salvación es lograda sólo a través del conocimiento especial (gnosis). Este conocimiento usualmente trataba con la relación individual hacia el “Ser trascendente” o “la mente divina”. Ésta doctrina niega la encarnación de Dios en el Hijo. Al hacerlo, niega la verdadera eficacia de la expiación ya que, si Jesús no es Dios, Él no podría hacer expiación por toda la humanidad y nosotros estaríamos todavía perdidos en nuestros pecados. Los gnósticos especulaban continuamente acerca de la naturaleza de Cristo y su relación con el Padre. Algunos gnósticos colocaban a Cristo en su panteón de eones (intermediarios espirituales entre la Mente Divina y la tierra), y al hacerlo, también trivializaban su divinidad.

Tertuliano contra Práxeas.
• Tertuliano, “el obispo pentecostal de Cartago” (160-230). Hizo contribuciones incalculables al desarrollo de la ortodoxia trinitaria.

A Tertuliano se le acredita el haber sido el primero en usar el término Trinidad. (No es correcto decir que invento la Trinidad)

El concepto que Tertuliano hace explícito es el de una “trinidad económica” (similar al concepto de Ireneo, pero con una definición más clara). Pone de relieve la unidad de Dios; esto es, que sólo hay una sustancia divina, un poder divino — sin separación, división, dispersión o diversidad —, y con todo, hay una distribución de funciones; una distinción de personas.

• Práxeas, es quien se supone fue el importador en Roma de la herejía del monarquianismo o patripasianismo.

El monarquianismo enseña que existe un Principio solitario: Dios Padre. Como consecuencia, niega la divinidad plena del Hijo y del Espíritu Santo.

Los monarquianos llegaban a la conclusión de que se había hecho necesario que el Padre, como ser divino, fuera crucificado por los pecados del mundo. Esta es la herejía llamada “patripasianismo”. Por consiguiente, decía Tertuliano acerca de Práxeas: “Ha echado fuera la profecía, y metido la herejía; ha mandado al exilio al Paracleto y crucificado al Padre”.

 
Orígenes y La Escuela de Alejandría.

• En el siglo II a.C., Alejandría, en Egipto, reemplazó a Atenas como centro intelectual del mundo grecorromano. El conocimiento académico cristiano florecería más tarde también en Alejandría.

•Orígenes (185-254) es el celebrado teólogo de Alejandría.

Fue quien propuso la doctrina de la generación eterna del Hijo (llamada filiación) en contra de lo que enseñaban los monarquianistas (llamados también “unitarios”).

• Según Orígenes, el Padre engendra eternamente al Hijo y, por tanto, nunca está sin Él. El Hijo es Dios y, sin embargo, subsiste (para usar un lenguaje teológico posterior relacionado con el ser divino) como una persona distinta al Padre. El concepto de Orígenes acerca de la generación eterna preparó a la Iglesia para su futura comprensión de la Trinidad como subsistente en tres personas, en lugar de constar de tres partes. No obstante, surgieron dificultades en el pensamiento de Orígenes, debido al concepto de subordinación que presentaba el lenguaje del Nuevo Testamento, y la idea del papel de sumisión del Hijo con respecto al Padre, al mismo tiempo que se sostenía la plena divinidad del Hijo. Es crítico para nuestra comprensión “entender la subordinación en un sentido que podríamos llamar económico”, no en un sentido que se relacione con la naturaleza del ser divino. Por consiguiente, “el Hijo se somete a la voluntad del Padre y ejecuta su plan (oikonomía [La palabra "economía" proviene de la palabra griega "oikonomía" que es usada en varios pasajes del Nuevo Testamento y es traducida en algunas versiones como "dispensación" o "administración".]), pero no es por eso inferior al Padre en naturaleza.”

Los giros equivocados en cuanto a la formulación de la doctrina de la Trinidad.

• El monarquianismo se divide en dos corrientes distintas el dinámico y el modalista.

 El monarquianismo dinámico: el primer giro equivocado (también es llamado ebionista, unitario y adopcionista.).

• Negaba toda noción de una Trinidad personal eterna.

• Alegaban que Cristo no era Dios Eterno.

• Decían que Cristo fue exaltado en su bautismo. Y en ese momento Jesús fue el Hijo adoptivo de Dios y de manera progresiva llegaría a ser exaltado a la categoría divina.

• Sus principales defensores fueron Pablo de Samotasa y Luciano (este fue el maestro de Arrio).

El monarquismo modalista: el segundo giro equivocado.  

• Las principales influencias: el gnosticismo y el neoplatonismo.

Los monarquianista modalistas concebían el universo como un todo organizado, manifiesto en una jerarquía de modos. Los modos (comparados con una serie de círculos concéntricos) eran concebidos como diversos niveles de manifestación de la realidad que emanaba de Dios, “el Uno” que existe como “ser puro”, como el Ser Supremo situado en la cumbre de la escala jerárquica. (Esto señala la influencia neoplatónica.) Los monarquianistas modalistas enseñaban que la realidad disminuye, según la lejanía que haya entre una emanación y el Uno. Por consiguiente, el orden de seres más bajo sería la materia física del universo. Por ejemplo, los monarquianistas modalistas dicen: “Los rayos del sol tienen la misma esencia del sol, pero no son el sol”. La aplicación cristológica de este punto de vista sobre la realidad identificaba a Jesús como una emanación del Padre de primer orden, reduciéndolo a un nivel inferior al Padre con respecto a la naturaleza de su ser, o esencia. Aunque Jesús era considerado el orden más alto del ser después del Uno, seguía siendo inferior al Uno.

•Sabelio del siglo III fue el campeón de los monarquianistas Modalistas.

•Sostenía que la naturaleza del Hijo solo era semejante a la del Padre; no era la misma del Padre.

•Fue condenado como hereje en 268 en el concilio de Antioquía.

El arrianismo: el tercer giro equivocado.

 • Aunque estudiante de Luciano y, por consiguiente, en la línea del monarquianismo dinámico iniciada por Pablo de Samosata, Arrio fue más allá que ellos en cuanto a complejidad teológica. Arrio, creció en Alejandría en Egipto, donde fue ordenado como presbítero poco después del año 311, alrededor del año 318, suscitó la atención de Alejandro, el nuevo arzobispo de Alejandría.

•Alejandro lo excomulgó en el año 321 por sus puntos heréticos con respecto a la persona, naturaleza y obra de Jesucristo.

Arrio estaba decidido a que se le restaurara en la Iglesia, no por arrepentimiento, sino con el fin de que sus puntos de vista sobre Cristo se convirtieran en la teología de la Iglesia.

Arrio insistía en que Dios Padre es el único Principio y, por tanto, el eterno. Dios es “no engendrado”, mientras que todo lo demás, incluso Cristo, es “engendrado”. Arrio afirmaba equivocadamente que la idea de ser “engendrado” lleva consigo el concepto de haber sido creado.

Argumentos entre Alejandro y Arrio.
Alejandro: obispo de Alejandría, en Egipto, y su discípulo y sucesor Atanasio, defendía que Jesús tenía una doble naturaleza, humana y divina, y que por tanto Cristo era verdadero Dios y verdadero Hombre. El obispo Alejandro siguió con su argumento, afirmando que Cristo es “engendrado” por el Padre, pero no en el sentido de emanación o creación. Aunque teológicamente, el gran reto que tenía delante la Iglesia Occidental era la explicación del concepto de “homoúsia” sin caer en el error de la herejía modalista.

Arrio: Era un presbítero (anciano) en Alejandría, en Egipto,  Él enseñó que el Padre, en el principio, creó (o engendró a) el Hijo, y que el Hijo, en relación con el Padre, a continuación, procedió a crear el mundo. El resultado de esto fue que el Hijo es un ser creado, y por lo tanto no es Dios en ningún sentido significativo. 

Las declaraciones de Arrio:

• Un Dios Padre Eterno.

• El Hijo es una criatura creada por Dios.

• El Hijo no es esencia del Padre.

• Cristo está subordinado hacia el Padre.

• Cristo tiene el título de Dios, este es honorífico.

La cristología de Arrio reduce a Cristo a la condición de criatura, y, por consiguiente, niega su obra salvadora.

Atanasio, El inflexible Atanasio, aunque depuesto por el emperador en tres ocasiones durante su propia carrera eclesiástica, contendió valerosamente por el concepto de que Cristo es de la misma esencia (homoúsios) que el Padre, y no simplemente semejante al Padre en esencia (homoiúsios). Durante su carrera como obispo y defensor de lo que emergió como ortodoxia, fue siempre “Atanasio contra el mundo”.

Las declaraciones de Atanasio.

• Cristo es coeterno con el Padre.

• Cristo no es un ser creado.

• El Hijo y el Padre son de la misma esencia.

• Cristo no está subordinado con el Padre.

La Iglesia usaría más tarde el término “procesión” en lugar de “generación” o “engendrado”, con el propósito de expresar la subordinación económica del Hijo hacia el Padre. Se le sigue asignando un tipo de primacía al Padre con relación al Hijo, pero esa primacía no es una primacía de tiempo; el Hijo ha existido siempre como el Verbo. Sin embargo, fue “engendrado”; “procede” del Padre; no el Padre del Hijo. Se entiende teológicamente que esta procesión del Hijo (llamada “filiación” ya en el siglo VIII) es un acto necesario de la voluntad del Padre, lo que hace imposible pensar en el Hijo como no engendrado por el Padre. De aquí que la procesión del Hijo es un presente eterno, un acto siempre continuo que nunca termina. Por tanto, el Hijo es inmutable (no está sujeto a cambios; Hebreos 13:8), así como el Padre es inmutable (Malaquías 3:6). Definitivamente, la filiación del Hijo no es una generación de su esencia divina, porque el Padre y el Hijo son ambos divinidad y, por tanto, de la “misma” naturaleza indivisible. El Padre y el Hijo (con el Espíritu) existen juntos en una subsistencia personal (esto es, el Hijo y el Espíritu son personalmente distintos al Padre en su existencia eterna).

Las distinciones entre los tres miembros de la Divinidad no se refieren a su esencia o sustancia, sino a sus relaciones. En otras palabras, el orden de existencia en la Trinidad, con respecto al ser esencial de Dios, se refleja en la economía de la Trinidad. “Así que hay tres, no en categoría, sino en grado; no en sustancia, sino en forma; no en el poder, sino en su manifestación.”

La ortodoxia Trinitaria: la salida del laberinto.

Trescientos obispos, se reunieron en Nicea. El interés del concilio era triple:

 1) Aclarar los términos utilizados para articular la doctrina trinitaria.

2) Poner al descubierto y condenar errores teológicos que existían en diversas partes de la iglesia.

3) Redactar un  documento que presentara de manera adecuada las convicciones identificadas en las santas Escrituras y compartida por la iglesia en su consenso.

 

Credo de Nicea


Creo en un solo Dios, Padre Todopoderoso, Creador  del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible.

Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a, vivos y muertos, y su reino no tendrá fin.
Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas.

Creo en la Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica.
Confieso que hay un solo Bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos
y la vida del mundo futuro. Amén.

 
La Trinidad y la doctrina de la Salvación.


Aunque la Iglesia generalmente no ha exigido una declaración explicita de fe en la doctrina de la Trinidad para ser salvo. La doctrina de la salvación (que incluye la reconciliación, la propiciación, el rescate, la justificación, la expiación y la santificación) es contingente a la cooperación de los distintos miembros de la Trinidad. El rechazo de esta doctrina, entonces, pone en peligro la salvación personal (Efesios 1:3-14).

La necesidad Teológica-Filosófica de la Trinidad.
Las prioridades eternas y a la perfección absoluta del Dios uno y trino son críticas para el concepto cristiano de la soberanía y la creación de Dios.

El concepto de un Dios personal y comunicativo desde toda la eternidad esta enraizado en la teología trinitaria. La personalidad de Dios, como Trinidad, es también la fuente y el significado de la personalidad humana. El amor que existe dentro de la Trinidad es el que le da su significado más definitivo al amor humano (1 Juan 4:16).

 
Una digresión: el Pentecostalismo Unitario.

En la Campaña Mundial de Campamento de Arroyo Seco, cerca de Los Ángeles, celebrado en el año 1913, surgió una controversia. Durante un culto bautismal, el evangelista canadiense Robert Edward McAlister (1880- 25 Septiembre 1953) sostuvo que los apóstoles no invocaban el Nombre trino y uno — Padre, Hijo y Espíritu Santo — al bautizar, sino que bautizaban en el nombre de Jesús solamente. Durante la noche, John G. Schaeppe, inmigrante procedente de Danzig, Alemania, tuvo una visión de Jesús y despertó al campamento gritando que era necesario glorificar el nombre de Jesús. A partir de entonces, Frank J. Ewart comenzó a enseñar que aquéllos que habían sido bautizados utilizando la fórmula trinitaria, necesitaban ser rebautizados en el nombre de Jesús “solamente”. Otros comenzaron pronto a extender este “nuevo asunto”. Junto con esto vino la aceptación de una sola persona en la Divinidad, la cual actuaba de diferentes modos, o con diferentes oficios. El avivamiento de Arroyo Seco había ayudado a activar el fuego de este nuevo asunto.

Como es de esperar, el pentecostalismo unitario declara: “No creemos en tres personalidades separadas dentro de la Divinidad, sino que creemos en tres oficios que son desempeñados por una persona.”

Por consiguiente, la doctrina unida concibe a Dios como un monarca trascendente cuya unidad numérica es interrumpida por tres manifestaciones progresivas a la humanidad como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Además de esto, los pentecostales unitarios enseñan que, a menos que la persona sea bautizada “en el nombre de Jesús” solamente, no será realmente salva. Por consiguiente, están afirmando implícitamente que los trinitarios no son verdaderos cristianos.

En el nuevo testamento hay unas 60 citas que hablan de la salvación por gracia por medio de la fe sola, sin que tenga que ver con el bautismo en agua. Si el bautismo es un medio necesario para nuestra salvación, entonces, ¿Por qué no se insiste fuertemente en este punto dentro del nuevo testamento? En lugar de esto, hayamos a Pablo diciendo; “Pues no me envió Cristo a bautizar, sino predicar el evangelio; no con sabiduría de palabras para que no se haga vana la cruz de Cristo” (1 Cor. 1:17).

El Bautismo.

La teología Pentecostal Unitaria sostiene que el bautismo debe ser  “en el nombre de Jesús” y no la fórmula “en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” como se encuentra en Mt 28:19. Ellos rechazan la fórmula Trinitaria debido a su rechazo de la Trinidad. Para sostener su regla ellos citan: • Hechos 2:38: “Pedro les dijo: ‘Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

• Hechos 8:16: “porque aún no había descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente habían sido bautizados en el nombre de Jesús”.

• Hechos 10:48: “Y mandó bautizarles en el nombre del Señor Jesús. Entonces, le rogaron que se quedase por algunos días”.

• Hechos 19:5: “Cuando oyeron esto, fueron bautizados en el nombre del Señor Jesús”.

• Hechos 22:16: “Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre”.

La frase “en el nombre de Jesús” o “en el nombre del Señor Jesús” no es una referencia a alguna fórmula bautismal, sino es una referencia a la autoridad. Es similar a un policía decir: “¡Deténgase en el nombre de la Ley!” Entendemos que en el “nombre de la Ley” significa con la autoridad con que la Ley ha revestido a ese policía. • Hechos 5:28: “diciendo: ‘¿No os mandamos estrictamente que no enseñaseis en ese nombre? Y ahora habéis llenado a Jerusalén de vuestra doctrina, y queréis echar sobre nosotros la sangre de ese hombre”.

• Hechos 5:40: “Y convinieron con él; y llamando a los apóstoles, después de azotarlos, les intimaron que no hablasen en el nombre de Jesús, y los pusieron en libertad”.

• Hechos 8:12: “Pero cuando creyeron a Felipe, que anunciaba el evangelio del reino de Dios y el nombre de Jesucristo, se bautizaban hombres y mujeres”.

• Hechos 9:27-28: “Entonces Bernabé, tomándole, lo trajo a los apóstoles, y les contó cómo Saulo había visto en el camino al Señor, el cual le había hablado, y cómo en Damasco había hablado valerosamente en el nombre de Jesús. Y estaba con ellos en Jerusalén; y entraba y salía, y hablaba denodadamente en el nombre del Señor…”

• Hechos 16:18: “Y esto lo hacía por muchos días; más desagradando a Pablo, éste se volvió y dijo al espíritu: ‘Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella.’ Y salió en aquella misma hora”.

Los apóstoles estaban bautizando, sanando, liberando y predicando con la autoridad de Jesucristo. Como dijera Pablo: “Y todo lo que hacéis, sea de palabra o en realidad, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios Padre por medio de él” (Colosenses 3:17). Por tanto, tenemos que llegar a la conclusión de que la declaración apostólica “en el nombre de Jesucristo” equivale a decir “por la autoridad de Jesucristo”. O sea, que no hay razón para creer que los apóstoles fuesen desobedientes a la orden del Señor de bautizar en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:19). Más bien, es de pensar que, aun en el libro de Hechos, los apóstoles bautizaban con la autoridad de Jesucristo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

(Estudiaremos más ampliamente del bautismo en la clase de “Eclesiología”)

Conclusión.

La doctrina trinitaria es el rasgo característico de la revelación que Dios hace de sí mismo en las Santas Escrituras. Por tanto, mantengámonos firmes en nuestra profesión de un solo Dios “eternamente auto existente… como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

Mencionemos algunos elementos esenciales que tienen que ver con la doctrina de la trinidad:

Existe un solo Dios.

Existen tres personas en la deidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo.

La deidad conforma un solo Dios.

Es Eterno.

La Trinidad es incomprensible.

No están subordinados el uno del otro cuando actúan.

Cuando la Biblia habla de la manera en que Dios se relaciona con el mundo, tanto en la creación como en la redención, se dice que las personas de la Trinidad tienen funciones diferentes o actividades primarias diferentes.

Dios Padre habló las palabras creativas para hacer que el universo existiera. Pero fue Dios Hijo, el Verbo eterno de Dios, el que realizó estos decretos creativos. “Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” Juan 1:3.

El Espíritu Santo estaba activo igualmente de una manera diferente, porque “iba y venía” sobre la faz de las aguas (Génesis 1:2), sosteniendo y manifestando la presencia inmediata de Dios en la creación.

En la obra de la redención también hay funciones distintas. Dios Padre planeó la redención y envió al Hijo al mundo Gn 3:16; Gál. 4:4; Ef. 1:9-10).

 El Hijo obedeció al Padre y realizó la redención para nosotros Gn 6:38; Heb 10:5-7.

Dios el Padre no vino y murió por nuestros pecados, ni tampoco Dios el Espíritu Santo. Esa fue la obra particular del Hijo.

Entonces, después que Jesús ascendió de nuevo al cielo, el Padre y el Hijo enviaron al Espíritu Santo para aplicamos la regeneración y santificación. (Jn 16:7,13-15)

La doctrina de la Trinidad no se revela por ciencia, ni por filosofía, ni por ninguna analogía en la naturaleza; todo lo que se sabe de esta doctrina es pura revelación directa de Dios.

1 Corintios 13:12 “Ahora vemos por espejo, oscuramente; más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”.

1 Juan 3:2 “Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”.

Por lo tanto, en Juan 5:39, Jesús nos aconseja: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”.

Nuestras mentes finitas no pueden captar lo infinito.

Si sabemos que Dios es Uno y Trino al mismo tiempo, lo sabemos, no como resultado de nuestra investigación, sino por revelación; por el testimonio de la Sagrada Escritura, Palabra de Dios. De otra manera, nada sabríamos. Nos toca a nosotros, no sondear el misterio, sino adorarlo. Adorar a Dios, el Padre que se apiadó de nosotros; que bajó hasta nosotros en la persona del Hijo, el cual sufrió por nosotros; y permanece en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Dios por nosotros (el Padre); Dios con nosotros (el Hijo) y Dios en nosotros (el Espíritu Santo). «Dios sobre todos (Padre), Dios por todos (Hijo), Dios en todos los creyentes (Espíritu Santo): (Efesios 4:6).