Introducción.


Nos centraremos en las enseñanzas principales de Pablo sobre los dones en la Iglesia y en el vivir diario del creyente; en mostrar cómo se relacionan entre sí los dones y el fruto, y cómo se han de ejercitar los dones.

La enseñanza bíblica sin práctica conduce a la desilusión; la práctica sin una enseñanza sólida es peligrosa. Por otra parte, la erudición debería conducir a la práctica, y la práctica podría iluminar la erudición.
 

Hay tres propósitos claves para el derramamiento del Espíritu Santo el Día de Pentecostés:

1)     Los creyentes recibieron poder para hacer la obra de Dios. Recordemos que la unción del Espíritu en el Antiguo Testamento era para todos los ministros que Dios quisiera levantar: sacerdotes, artesanos del tabernáculo, caudillos militares, reyes, profetas o músicos. El propósito de la unción era darles lo necesario para que pudiesen servir. Así también en Lucas 1 y 2, la unción descansó sobre dos sacerdotes ancianos: Zacarías y Simeón. Dos mujeres, Elisabet y María, recibieron la unción para concebir milagrosamente y criar a sus hijos. Juan el Bautista fue lleno del Espíritu desde el vientre de su madre; no para ser sacerdote como su padre, sino para ser profeta y precursor del Mesías. De igual forma, el centro focal de Hechos es la unción que llenó de poder a la Iglesia y cambió al mundo.

2)     Así como en la nación de Israel Dios quiso que todo el pueblo se convirtiera en un reino de sacerdotes y una nación santa (Éx. 19:5–6), los creyentes, fueron edificados como casa espiritual y sacerdocio santo para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo.

3)     Los creyentes se convertirían en una comunidad profética. Pedro hizo equivaler la experiencia del día de Pentecostés con el cumplimiento de la profecía de Joel (Hech. 2:16–18). Pablo dijo: “Podéis profetizar todos uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados” (1 Co. 14:31). Se ve claramente que la Iglesia tiene un papel profético, en el que trae la presencia de Dios y su poderosa Palabra a los pecadores, a las cuestiones de ética, a las naciones y a las personas.

Pablo se mueve más allá del contexto de Lucas y Hechos. Se centra en la activación de los dones, el desarrollo del fruto, el caminar en el Espíritu y la edificación de los creyentes en la iglesia local hasta llegar a la madurez.

Pablo concebía a la Iglesia como un organismo internamente interdependiente e interactivo, con Cristo como cabeza, que camina en justicia y con poder, esperando ansioso el regreso del Señor.

Para captar el concepto paulino de la iglesia, es necesario comprender los dones.



La Iglesia a través de la expresión de los dones

La palabra “don” en el Nuevo Testamento está relacionada muy de cerca con la palabra “gracia”. Ambas comparten la misma raíz.

La palabra para “don” es “charisma” y la palabra para “gracia” es “charis”.

Lo que llamamos un don espiritual es un don de gracia, en otras palabras, es la expresión o resultado de la gracia de Dios siendo desatada por el Espíritu en nuestra experiencia, por tanto, lo llamamos un don del Espíritu (1 Ped. 4:10).

Versículos bíblicos donde encontramos los dones del Espíritu.

(Estamos usando la Nueva Versión Internacional porque el vocabulario es más actual y se facilita mejor, pero puede compararlo con su versión Reina Valera 1960)

• (Romanos 12:6–8) 6 Tenemos dones diferentes, según la gracia que se nos ha dado. Si el don de alguien es el de profecía, que lo use en proporción con su fe; 7 si es el de prestar un servicio, que lo preste; si es el de enseñar, que enseñe; 8 si es el de animar a otros, que los anime; si es el de socorrer a los necesitados, que dé con generosidad; si es el de dirigir, que dirija con esmero; si es el de mostrar compasión, que lo haga con alegría (NVI).

• (1 Corintios 12:4–11) 4 Ahora bien, hay diversos dones, pero un mismo Espíritu. 5 Hay diversas maneras de servir, pero un mismo Señor. 6 Hay diversas funciones, pero es un mismo Dios el que hace todas las cosas en todos. 7 A cada uno se le da una manifestación especial del Espíritu para el bien de los demás. 8 A unos Dios les da por el Espíritu palabra de sabiduría; a otros, por el mismo Espíritu, palabra de conocimiento; 9 a otros, fe por medio del mismo Espíritu; a otros, y por ese mismo Espíritu, dones para sanar enfermos; 10 a otros, poderes milagrosos; a otros, profecía; a otros, el discernir espíritus; a otros, el hablar en diversas lenguas; y a otros, el interpretar lenguas. 11 Todo esto lo hace un mismo y único Espíritu, quien reparte a cada uno según él lo determina (NVI).

• (1 Corintios 12:28) 28 En la iglesia Dios ha puesto, en primer lugar, apóstoles; en segundo lugar, profetas; en tercer lugar, maestros; luego los que hacen milagros; después los que tienen dones para sanar enfermos, los que ayudan a otros, los que administran y los que hablan en diversas lenguas (NVI).

• (Efesios 4: 11- 13) 11 Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, 12 a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. 13 De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo.

La naturaleza encarnacional de los dones.

Dios obra a través de los seres humanos. Los creyentes juegan un papel vital en el ministerio de los dones. Observemos los paralelos que se presentan en estos pasajes. Rom. 12:1–3 nos dice: Presentad vuestro cuerpo y mente en adoración espiritual; probad y aprobad lo que sea la voluntad buena, agradable y perfecta de Dios. De manera similar, 1 Co. 12:1–3 dice: No perdáis el control de vuestro cuerpo. No os dejéis engañar por falsas doctrina, sino haced de Jesús vuestro Señor. Y Ef. 4:1–3: Vivid de una manera digna del llamado que os ha hecho Dios. Tened actitudes correctas. Mantened la unidad del Espíritu. Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo y, por consiguiente, debe verse envuelto en nuestra adoración.     

No basta con conocer la doctrina, ni con corregir las falsedades; nuestra vida entera debe alabar a Dios. La adoración está en el corazón mismo del crecimiento y el avivamiento de la iglesia.

Hay diversos puntos de vista sobre la naturaleza de los dones del Espíritu:

• Uno de ellos ve los dones como capacidades naturales (como el cantante y la música). No obstante el talento humano nunca podrá cambiar al mundo.

• Otro punto de vista ve a los dones como totalmente sobrenaturales. Este punto de vista niega que haya una implicación del ser humano, diciendo que el Espíritu Santo le pasa por encima a la mente (ve la carne como malvada y capaz de distorsionar solamente).

• Un tercer punto es bíblico: los dones son encarnacionales. Esto es, Dios obra a través de los seres humanos (los creyentes someten su mente, corazón, alma y fortaleza a Dios). El Espíritu los capacita sobrenaturalmente para ministrar más allá de sus posibilidades, al mismo tiempo que expresa cada don a través de su experiencia en la vida, su carácter, su personalidad y su vocabulario.

 

La unidad y la diversidad dentro de la Trinidad.

Cada una de las personas de la Trinidad tiene su propio papel vital en la manifestación de los dones:

• El Espíritu Santo da los dones.

• Jesús es quien nos redime y nos coloca en nuestro lugar de ministerio dentro de la Iglesia que es su cuerpo.

• El Padre es el que supervisa el plan de salvación y la expresión de los dones desde el principio hasta el final.

Las Personas de la Deidad tienen diferentes papeles pero trabajan vitalmente juntos, integrándose en una perfecta unidad de expresión.

• La Iglesia debe tratar de reflejar la naturaleza del Señor al que sirve.

Ministrados adecuadamente, los dones revelan la coordinación, la creativa unidad en la diversidad, y la sabiduría y el poder que el Espíritu integra entre sí.

 

La diversidad de ministerios.

Hay muchos dones. Ninguna de las listas tiene el propósito de ser exhaustiva. Todos ellos son complementarios; ninguno es completo en sí mismo y por sí mismo.

Así como los dones se complementan, así deberían de ser los miembros del Cuerpo de Cristo, interdependientes. Cada creyente sólo es un miembro del cuerpo de Cristo; necesita de los demás miembros. Juntos, pueden hacer lo que uno solo no puede.

Se deben usar los dones en amor y para edificación del cuerpo de Cristo.

Ninguna persona tiene ninguno de los dones en su manifestación total.

La clasificación de los dones varía según los escritores, pues en la Biblia ni están clasificados ni están en un orden especifico. Todos los dones son importantes y necesarios en la Iglesia para funcionar como un solo cuerpo cuya cabeza es Cristo.

 

El libro clasifica los dones en 3 categorías:


• Dones de enseñanza (y predicación)

El mensaje de sabiduría. Actividades como enseñar, buscar la guía divina, aconsejar y enfrentarse a necesidades prácticas en el gobierno y administración de la iglesia pueden ofrecer oportunidades para este don. No obstante, el don en sí es un mensaje, proclamación o declaración de sabiduría, y no significa que aquellos que ministran ese mensaje sean necesariamente más sabios que los demás. El don va más allá, tanto de la sabiduría humana, como de la preparación humana.

El mensaje de conocimiento. Tiene que ver con la enseñanza de las verdades la Palabra de Dios. No es producto del estudio en sí. Por ejemplos, el conocimiento por parte de Pedro del engaño de Ananías y Safira, y la declaración de Pablo de que caería la ceguera sobre Elimas.

• Dones de ministerio (a la Iglesia y al mundo).

Fe. Una oración ferviente, un gozo extraordinario y una osadía poco usual acompañan al don de fe. Una fe milagrosa para una situación u oportunidad especial (No es la fe en la salvación). Por ejemplo; Elías y los profetas de Baal y Pablo en la tormenta.

Dones de sanidades. En Hechos, muchos respondieron al evangelio y fueron salvados después de haber sido curados milagrosamente. Se trata de muchos dones que están disponibles para atender a las necesidades de los casos concretos en momentos determinados. Algunas veces, Dios sana soberanamente, y otras, sana según la fe de la persona enferma. El que ora por el enfermo sólo es el agente; la persona enferma (ya sea física o emocionalmente) es la que necesita el don y, en realidad, la que lo recibe.

Poderes milagrosos. Este don puede estar relacionado con las acciones de dar protección, proveer, arrojar fuera demonios, alterar las circunstancias o pasar juicio.

Profecía. Una variedad de mensajes espontáneos, dirigidos por el Espíritu y en una lengua conocida para el que habla “para edificación, exhortación y consolación”. Mediante este don, el Espíritu ilumina el progreso del reino de Dios, revela los secretos del corazón de los seres humanos y pone a los pecadores bajo convicción (1 Corintios 14:24–25).

Discernimiento entre espíritus. Este don se puede manifestar de diferentes formas. Muchos expertos lo ven con un don acompañante. Comprende una percepción recibida de manera sobrenatural para diferenciar entre los espíritus.

• Dones de adoración.

Diferentes clases de lenguas. El don de lenguas necesita interpretación para ser eficaz en la congregación. Espíritu Santo toca nuestro espíritu. Hallamos liberación para exaltar la bondad de Dios, y nos edificamos a nosotros mismos.

Interpretación de lenguas. Anima a adorar. La diferencia básica entre el fenómeno de las lenguas en Hechos y 1 Corintios es su propósito. En Hechos era para edificación propia, dando evidencia a los discípulos de haber recibido el bautismo del Espíritu Santo (no era necesaria la interpretación) y en Corinto era para bendecir a la congregación (lo cual hacía necesaria la interpretación).

En 1 Co. 14:1-5, se puede comparar el valor funcional de las lenguas con interpretación a la profecía en la enseñanza, la adoración, el evangelismo y el ministerio al cuerpo de Cristo.

El Espíritu Santo distribuye todos estos dones según su poder creativo y su soberanía.

La enseñanza, el ministerio del Cuerpo de Cristo a la iglesia y al mundo, y la adoración, son las tres claves de una asamblea local sana.

Por ejemplo, si tenemos enseñanza y ministerio sin adoración fuerte, podemos perder gran parte del impulso de avivamiento. Si tenemos enseñanza y adoración sin ministerio practico, nuestros miembros se volverán perezosos, ineficaces, críticos y divisivos. Si tenemos ministerio y adoración sin enseñanza sólida, nos estaremos exponiendo a los extremismos y al fuego fatuo que dañaran el avivamiento.

En 1 Co. 12:4-6, Pablo enseña que hay diferentes dones (gr. jarismáton), ministerios (gr. diakónion) y operaciones o resultados (gr. energemáton). Es decir, que es posible ejercitar cada don a través de diferentes ministerios y obtener diferentes resultados que den honra a Dios.


Un cuerpo, muchos miembros.

La unidad del Cuerpo de Cristo se basa en nuestra experiencia común de salvación. Todos somos pecadores salvados por la gracia de Dios.

La Iglesia es comparada con un cuerpo: un cuerpo saludable se edifica a sí mismo, y tiene capacidad para sanar sus propias heridas.

La edificación debe ser la meta más alta de la Iglesia en el uso de los dones. Los cristianos se pueden edificar en el Señor con la edificación personal en primer lugar. Hablar en lenguas nos edifica personalmente 1 Co. 14:4,14,17-18. Si no estamos edificados, estaremos ministrando desde vasos vacíos; la oración y al adoración son nuestra fuerza interna.

Ef. 4:29 dice: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”.

Todos tenemos una personalidad, un temperamento y un ministerio diferente. Debemos comprometernos a comprendernos mutuamente y a liberarnos unos a otros para ministrar.
 

El amor sincero.

Pablo presenta 3 mensajes acerca del amor después de sus exposiciones sobre los dones. (Romanos 12:9-21; 1 Corintios 13; Efesios 4:17-32)

El contexto para el ejercicio de los dones es el amor. Efesios 4 hace resaltar la drástica diferencia que existe entre nuestra vida anterior como paganos y nuestra vida nueva en Cristo. Por eso debemos hablar la verdad en amor. El amor es práctico cuando nos edificamos mutuamente.

• El bien debe triunfar sobre el mal.

• Usar los dones con amor.

• La edificación mutua.

En estos tres aspectos o expresiones anteriores se manifiesta la dinámica del amor.

Nuestro estilo de vida es clave en la utilización eficaz de los dones.


El juicio Final.


“Porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor. Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza. No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”. Rom. 12:19–21.

“Más cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará… Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido”. 1 Co. 13:10, 12.

“Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe… a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo… Crezcamos en todo en aquél que es la cabeza, esto es, Cristo… Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Ef. 4:13, 15, 30.

El examinar estos versos, vemos que los tres pasajes sobre el amor fueron escritos dentro del contexto de la conducta del cristiano a la luz del regreso de Cristo.

No edificamos nuestra ética alrededor de la filosofía, la cultura o la conveniencia, sino edificamos nuestra ética alrededor de la justicia de Dios y en vista de su juicio final. Esto es llamado “conducta escatológica por los teólogos”

Nosotros necesitamos reconocer que Dios dice “Mía es la venganza” y no combatir con nuestros enemigos humanos sino ganarlos para Cristo

Al examinar estos versículos, vemos que los tres pasajes sobre el amor fueron escritos dentro del contexto de la conducta del cristiano a la luz del regreso de Cristo. No edificamos nuestra ética alrededor de la filosofía, la cultura o la conveniencia, sino alrededor de la justicia de Dios, y en vista de su juicio final. Los teólogos llaman a esto “conducta escatológica”. En 1 Corintios se nos señala un tiempo de claridad total, en el que veremos cara a cara, y conoceremos plenamente, tal como somos plenamente conocidos. Es el día de la venida del Señor; es el día del juicio. Todas nuestras acciones serán juzgadas según sus normas (Rom. 2:6, 16). Los pasajes paralelos de Romanos 12, 1 Corintios 12–13, y Efesios 4, se centran en el estilo de vida del creyente lleno del Espíritu: hallar un lugar en el Cuerpo de Cristo, ejercitar los dones en amor, testificar y servir en espera de la venida del Señor.



Las Funciones de los Dones.

En 1 Corintios 14, Pablo hace un contraste entre el valor de las lenguas y el de la profecía en cuatro funciones distintas:

Enseñanza (vs. 6-12)

Adoración (vs. 13-19)

Señales para los incrédulos (vs. 19-25)

Ministerio a la iglesia local (vs. 26-33).

La comunicación es compleja. La comunicación clara fortalece. Es fácil malentender las intenciones, las actitudes y las palabras. Somos imperfectos. Por eso se deben ejercitar los dones en amor.

La iglesia de Corinto había caído en excesos. Finalmente, habría podido destruirse o apagar el ejercicio continuo de los dones.

Pablo da unas normas positivas para guiar a la iglesia de Corintio:

En primer lugar, la profecía se debe comunicar con claridad, de manera que fortalezca, anime y consuele (1 Corintios 14:3). En segundo lugar, se deben tener en cuenta las necesidades de los creyentes, de los incrédulos y de los que están buscando la verdad. Según 1 Corintios 14, los creyentes necesitan recibir instrucción y edificación (vv. 1–12). En tercer lugar, es importante que no reaccionemos. Pablo les dice a los corintios: “Procurad los dones espirituales” (v. 1); sed celosos de ellos y canalizad ese celo para edificación de la Iglesia (v. 12), y no prohibáis hablar en lenguas (v. 9). Con frecuencia, el temor a los extremos causa que las iglesias huyan de un ministerio completo con los dones. Y en cuarto lugar, se debe exigir responsabilidad. A lo largo de todo este capítulo, Pablo revela que las correcciones de los excesos consisten en un sano ejercicio de los dones, su evaluación y responsabilidad.

La profecía se debe comunicar con claridad, de manera que fortalezca, anime, consuele y enseñe. Pablo vuelve a insistir en la necesidad de claridad de dirección y de instrucción. Así es como usa la profecía para representar a todos los dones ejercitados en la lengua conocida. Las lenguas, cuando son interpretadas, animan a la congregación a adorar (1 Corintios 14:2, 5, 14–15) y es un don tan válido como la profecía. Pablo valoraba el don de lenguas para la adoración (1 Corintios 14:2), la propia edificación (14:4), la oración (14:14), la acción de gracias (14:17) y como señal al incrédulo (14:22).

¿Anima Pablo a tener períodos de adoración corporativa en los que todos hablen en lenguas, o lo desaprueba? La única limitación en cuanto a los mensajes proféticos es la de “la decencia y el orden”. Los corintios no debían dominar todo el tiempo dedicado a ministrar con las lenguas, a base de hablar en lenguas “por turno”.

Se deben tener en cuenta las necesidades de los creyentes, de los incrédulos y de los que están buscando la verdad.

Es importante que no reaccionemos. El temor a los extremos causa que las iglesias huyan de un ministerio completo con los dones. Debemos edificar sobre una teología sólida, pero también debemos enseñar en amor.

Se debe exigir responsabilidad. Pablo revela que las correcciones de los excesos consisten en el sano ejercicio de los dones, su evaluación y responsabilidad. Los excesos aparecen cuando las personas ejercen los dones, o hacen afirmaciones, sin tener que dar cuentas a nadie.


La relación entre los Dones y el fruto.

¿Cuál es la relación entre los dones y el fruto del Espíritu?

El fruto tiene que ver con el crecimiento y la personalidad; el estilo de vida es la prueba clave de que somos genuinos. En Gál. 5:22-23 aparecen las “nueve gracias (aspectos) que componen el fruto del Espíritu: el estilo de vida de aquellos en quienes habita el Espíritu  y a quienes da poder”. Jesús dijo: “Por sus frutos los conoceréis” Mt. 7:16-20 (ver Lc. 6:43-45).

Estos aspectos están entretejidos con el ejercicio de los dones.

El fruto se convierte en el método para ejercer los dones.

El tema primario de Gálatas no es la justificación por la fe, aunque parezca el dominante. Más bien es que la razón de ser justificados por la fe es el caminar en el Espíritu.

Fruto del Espíritu.

Amor. Se suele usar la palabra griega “agápe” para hablar de un amor leal, y en su grado más elevado, se ve como una revelación de la naturaleza misma de Dios. Es un amor firme, y dado gratuitamente.

Gozo. El vocablo griego “jará”, que traducimos como “gozo”, comprende la idea de un deleite activo. Pablo habla de regocijarse en la verdad (1 Co. 13:6).

Paz. La palabra griega “eiréne” comprende las ideas de armonía, salud, integridad y bienestar. En cuanto a las relaciones, debemos vivir en paz con todos los hombres (Romanos 12:18); en cuanto al ejercicio de los dones, Dios no es un Dios de desorden, sino de paz (1 Corintios 14:33), y en cuanto a la asamblea, debemos luchar por mantener la unidad del Espíritu por medio del vínculo de la paz (Efesios 4:3).

Paciencia. La palabra griega “makrozymía” significa paciencia con las personas. Comprende ese ser tardo para la ira y tener dominio de sí que soporta la mala conducta de los demás y nunca busca la venganza. Pablo nos exhorta a ser totalmente humildes y bondadosos; a ser pacientes (Efesios 4:2).

Benignidad. La benignidad es el estado de “bueno”, correspondiente a algo. Representa benevolencia, humanidad, piedad y paz; es, normalmente, utilizado en contraposición al término “maligno”. En términos bíblicos es aquella persona que con el bien en su corazón, obra en consecuencia. Se podría decir que esa persona entiende el bien como un hábito y lo realiza en consonancia con sus creencias. El vocablo griego “jrestótes” nos recuerda a Cristo, el supremo ejemplo de benignidad. La paciencia y la benignidad aparecen juntas en la primera línea de la descripción que hace Pablo sobre el amor de Dios (1 Corintios 13:4). Nos exhorta a seguir el ejemplo de Cristo; a ser mutuamente bondadosos y compasivos, a perdonar (Efesios 4:32).

Bondad. El significado esencial de “agazosne”, traducido por “bondad”, es una generosidad que brota de una justicia santa recibida de Dios. Pablo dice: “Compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad” (Romanos 12:13). “Compartir con el que padece necesidad” (Efesios 4:28).

Fe. El término griego “pístis” significa con frecuencia una confianza expresada en una vida de fe. En este contexto, tiene el sentido de “fidelidad”. Esto refleja la naturaleza de nuestro Padre celestial. Él es digno de confianza.

Mansedumbre. La palabra griega “praótes” contiene la idea de una benignidad humilde que se preocupa más por los demás que por sí misma. Jesús dijo: “Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad” (Mateo 5:5). La palabra relacionada “pras” significa “manso”, “humilde” o “delicado”. La persona mansa tiene un espíritu disciplinado.

Templanza. La palabra “enkráteia” significa “dominio propio”, en lo que queda incluido el control de las pasiones sensuales, por lo que comprende también la castidad.


El Ejercicio de los Dones.

El fruto se convierte así en el método para ejercitar los dones. Todo el fruto queda envuelto en el amor, y ningún don, incluso en su manifestación más completa, es nada sin el amor.

Los líderes deben llevar a su congregación al punto de ejercitar los dones. Las sugerencias siguientes pudieran resultar de utilidad.

Proporcione oportunidades.

Cause conciencia.

Desarrolle la disposición a operar los dones.

Cause un espíritu de aceptación.

Evalué.

Pase tiempo en oración.

Comprenda las diferencias culturales.

La adoración libera los dones.

El canal para los dones espirituales es el ministerio.

Céntrese en todo el proceso. Se deben ver los dones a la luz de la obra total que está realizando entre su pueblo.

 
Conclusión.

1. Dios imparte los dones espirituales conforme a su gracia; no pueden ser adquiridos por mérito humano.

2. Dios imparte los dones espirituales de acuerdo a su propia discreción; no está limitado a los deseos humanos.

3. Dios desea que todo cristiano ejercite los dones espirituales; estas capacidades no están limitadas a ningún creyente.

4. Dios provee los dones por causa del ministerio y servicio de la iglesia; no son dados para atraer la atención hacia una persona o satisfacer su ego.

5. La intención de Dios es que el ministerio de la iglesia sea ejercido a través de los dones espirituales.

Todos los dones son concedidos y controlados por el mismo Espíritu. La posesión de dones no debe fomentar el orgullo de nadie, porque no tenemos nada que no hayamos recibido.

Recordemos que lo más importante en la vida cristiana es vivir una vida en santidad de acuerdo a la palabra de Dios, que nuestro cuerpo sea el templo del Espíritu Santo (1 Co. 3:16; 6:19; Ef. 2:21-23) y podamos poner en práctica el don o dones que el Señor nos ha dado para hacer de este mundo un mundo mejor, que podamos todos vivir en paz y en justicia.

Por último, el apóstol Pablo nos dice que es bueno pedir tener dones, pero que hay un camino más excelente, este es el amor (1 Co. 12:31; 13). Procurad pues en amor poner en práctica vuestros dones que has recibido y que todo lo que hagas sea para honra y gloria del Señor Jesucristo.  Amén.

 

 

 

Los Dones Espirituales