En este espacio encontrarás puntos basicos de la Historia de la Iglesia

Introducción.

​El Antiguo Testamento registra la formación e historia de Israel, pueblo mediante el cual Dios se manifestó al mundo hasta la llegada de Cristo. El Nuevo Testamento revela la iglesia de Cristo, la cual consta de todos los que han nacido de nuevo por medio de la fe en el Hijo de Dios, llegando así a ser partícipes de la vida divina y eterna (véase Juan 3.16).
El objetivo fundamental de las iglesias es dar a conocer al mundo entero el Evangelio o las buenas nuevas de salvación. Esto fue el mandato del Señor antes de su ascensión. A la vez prometió dar el Espíritu Santo como el poder mediante el cual debe llevarse a cabo esta misión (véase Hechos 1.8).
Lo mismo que Jesús, esos primeros miembros de la Iglesia son judíos. Hablan el arameo, la lengua semítica más extendida por el Próximo Oriente. Siguen llevando una vida de judíos piadosos: rezan en el templo, respetan las normas alimenticias y practican la circuncisión. Los primeros judíos convertidos al cristianismo aparecen como “grupo” dentro del judaísmo, en el cual hay fariseos, saduceos, zelotes. Ellos son los “nazarenos”, por seguir a Jesús de Nazaret. Lo que les caracteriza es el bautismo en el nombre de Jesús, la asiduidad a la enseñanza de los apóstoles.
A partir de Pentecostés hubo una rápida difusión del Evangelio. La gran cantidad de judíos, que lo escucharon en la fiesta en Jerusalén cuando fue predicado por primera vez, llevaron las buenas nuevas a las diferentes naciones de su dispersión. Aunque es sólo de los viajes misioneros del apóstol Pablo que el Nuevo Testamento ofrece una descripción pormenorizada, los otros apóstoles también viajaron ampliamente predicando y fundando iglesias en extensas áreas. Todos los que creyeron se convirtieron en testigos para Cristo: “Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio” (Hechos 8.4).
La práctica de fundar iglesias donde hubiera creyentes, aunque fueran pocos, le dio permanencia a la obra y, como desde el principio cada iglesia fue enseñada a depender del Espíritu Santo y a ser responsable ante Cristo, estas se convirtieron en centros para la propagación de la Palabra de vida. Por ello, a la iglesia recién fundada de los tesalonicenses se le dijo: “Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor” (1 Tesalonicenses 1.8).
La primera predicación del Evangelio fue hecha por judíos a los judíos, y el lugar donde frecuentemente se desarrolló fue en las sinagogas. El sistema de sinagogas es el medio simple y eficaz a través del cual el concepto de nacionalidad y unidad religiosa de los judíos han sido preservados a través de los siglos de su dispersión entre las naciones. El centro de la sinagoga es el Antiguo Testamento, y el poder de las Escrituras y de la sinagoga se muestra en el hecho de que la Diáspora judía no ha podido ser extinguida ni absorbida por las naciones. Los objetivos fundamentales de la sinagoga eran la lectura de las Escrituras, la enseñanza de sus preceptos y la oración; y sus orígenes se remontan a los tiempos antiguos. En el Salmo 74.4, 8 aparece el lamento: “Tus enemigos vociferan en medio de tus asambleas (…). Han quemado todas las sinagogas de Dios en la tierra”.
Se dice que Esdras, a su regreso del cautiverio, organizó más las sinagogas, y la posterior dispersión de los judíos hizo que las sinagogas tomaran aún más importancia. Cuando el Templo, el centro judío, fue destruido por los romanos, las sinagogas, que ya se encontraban ampliamente diseminadas, demostraron ser una unión indestructible, sobreviviendo a todas las persecuciones que siguieron.
Los judíos de la Diáspora desarrollaron un gran celo por dar a conocer al Dios verdadero entre los paganos, y una gran cantidad de los paganos se convirtió al Señor por medio de sus testimonios. En el siglo III a. de J.C., se logró la traducción de las Escrituras del idioma hebreo al griego en la Versión Septuaginta, y teniendo en cuenta que el idioma griego fue en aquel tiempo, como más adelante, el medio principal de comunicación entre los pueblos de diferentes idiomas, la Septuaginta resultó ser un medio inestimable mediante el cual las naciones gentiles podían llegar a conocer las Escrituras del Antiguo Testamento.
En las sinagogas había libertad para ministrar. Jesús acostumbraba enseñar en ellas: “Y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer” (Lucas 4.16). Cuando Bernabé y Pablo llegaron a Antioquía de Pisidia, ambos fueron a la sinagoga y se sentaron allí. “Y después de la lectura de la ley y de los profetas, los principales de la sinagoga mandaron a decirles: Varones hermanos, si tenéis alguna palabra de exhortación para el pueblo, hablad” (Hechos 13.15).
A estos cristianos de cultura judía se añaden pronto otros judíos y paganos de cultura griega, que son llamados helenistas.
Los primeros pasos de la Iglesia se encuentran narrados en el libro de la Sagrada Escritura, llamado Hechos de los Apóstoles, primera historia de la Iglesia.


​​Resumen de la Historia de la Iglesia.

La cumbre que marca el punto de partida de la Iglesia de Cristo es el Monte de los Olivos, no muy lejos del muro oriental de Jerusalén. Aquí Jesucristo, cerca del año 30 d.C., después de resucitar de la tumba en el huerto, dio sus últimos mandamientos y luego ascendió  a  su trono celestial. Una pequeña compañía de judíos creyentes en su Señor ascendido como Mesías-Rey de Israel, se detiene por algún tiempo en Jerusalén, sin pensar para nada al principio en una iglesia fuera de los límites del judaísmo. Bajo la dirección de San Pedro, San Pablo y sus sucesores inmediatos, la iglesia se estableció en el marco de dos generaciones en casi todos los países desde el Éufrates hasta el Tíber y desde el Mar Negro hasta el Nilo. El primer período termina con la muerte de San Juan, el último de los doce apóstoles sobre la tierra. Según se dice, su fallecimiento ocurrió alrededor del año 100 d.C. A esta época la llamamos "Período de la Edad Apostólica".
Durante el tiempo que siguió a la Edad Apost ólica, período que abarcó más de doscientos años, la iglesia estuvo bajo la espada de la persecución. Fue así que durante todo el siglo segundo, el siglo tercero y parte del siglo cuarto, el más poderoso imperio de la tierra ejerció todo su poder para destruir lo que llamaban "la superstición cristiana".  Con todo, en medio de la más implacable persecución, los seguidores de Cristo crecieron en número hasta que comprendían, en público o en privado, casi la mitad de la población del Imperio Romano. Por último, un  emperador cristiano ascendió al trono y mediante su edicto contuv o la oleada de matanzas. Esto se debió a que la iglesia perseguida llegó a ser la iglesia imperial. La cruz ocupó el lugar del águila como estandarte de la nación y convirtieron al cristianismo en religión del Imperio Romano. Una capital cristiana, Constantinopla, se  levantó y desplazó a la  antigua Roma. Sin embargo, cuando Roma dejó de ser pagana, empezó a levantarse como la capital de la iglesia. Las hordas bárbaras abatieron al Imperio Romano Occident al, pero a estos conquistadores los conquistó la iglesia y fundaron en Europa, no ya naciones paganas, sino cristianas.
Con la caída del Imperio Romano Occidental empieza el período de mil años conocido como la Edad Media. En sus inicios Europa se encontraba en un  caos. Un  continente de tribus que no lo restringía ningún poder central. Sin embargo, luego se organiza gradualmente en reinos. Vemos al obispo romano, como papa, haciendo esfuerzos por dominar no solo la iglesia, sino también al mundo. Asimismo, la religión y el imperio de Mahoma tratan de conquistar todos los países  del  cristianismo primitivo. Vemos, también, el establecimiento del Santo Imperio Romano y a sus emperadores guerreando con los papas. Observamos el movimiento romántico de las cruzadas en el vano esfuerzo por arrebatar Tierra Santa de sus dueños musulmanes. El  despertamiento de la  Europa con  la  promesa de una próxima reforma en la nueva era. A sí como el final de la historia antigua con la caída de Roma y la historia medieval con la caída de Const antinopla.
Después del siglo quince, durante el cual despertó Europa, dio inicio el siglo dieciséis con la reforma de la iglesia. En esta etapa vemos a Martín Lutero clavando su declaración sobre la puerta de la catedral, haciendo su defensa ante el emperador y los nobles de Alemania y rompiendo los grillos de la conciencia de los hombres. Vemos a la iglesia de Roma dividida en dos debido a los pueblos de la Europa septentrional, quienes fundan sus propias iglesias nacionales de un carácter más puro. Sin embargo, también vemos el surgimiento de una Contrarreforma que comenzó en los países católicos y que frena el progreso de la Reforma. Finalmente, después de los terrores de una guerra civil de treinta años en Alemania, por la paz de Westfalia de 1648 se trazan permanentemente las líneas entre las naciones catolicorromanas y las naciones protestantes.
Hubo grandes movimientos que estremecieron a las iglesias y al pueblo en los últimos tres siglos en Inglaterra, Europa y América: puritano, wesleyano, racionalista, anglocatólico. Así como los movimientos misioneros modernos que han contribuido a la edificación de la iglesia de nuestros tiempos, que la han hecho, no obstante sus centenares de formas y nombres, en la iglesia a través de todo el mundo. Y vemos también el gran cambio que gradualmente ha transformado al cristianismo en los siglos diecinueve y veinte. Cambio que lo ha llevado a ser una poderosa organización, no solo para la gloria de Dios, sino también para el servicio de los hombres en reformas, en elevación social, en esfuerzos act ivos para el mejoramiento de la humanidad.

(Del libro de Jesse Lyman Hurlbut “Historia de la Iglesia Cristiana”)

En estos días, si Dios lo permite, estaremos agregando más información. 
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