El Origen y Naturaleza del Pecado

El pecado (Hamartiología)

Origen, naturaleza  y consecuencias del pecado

 Introducción: (Leer; Gn. 3; Ro. 5:12-21; 1 Co. 15:21-22)

Génesis 3:14-17 “Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.  A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido, y él se enseñoreará de ti. Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida”.

Romanos 5:12 “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.

Romanos 5:20-21 “Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro”.

1 Corintios 15:20-21 “Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos”.

Las enseñanzas de la Biblia acerca del pecado presentan un profundo panorama doble: 1) la profunda depravación de la humanidad y 2) la incomparable gloria de Dios.

El pecado promete libertad pero esclaviza.

El pecado es contrario a Dios. Afecta a toda la creación, incluyendo a la humanidad. Aun el pecado más pequeño puede acarrear un castigo eterno.

El estudio de la naturaleza de Dios debe tener en cuenta el providencial control de Dios sobre un mundo maldito por el pecado. El estudio del universo debe describir un universo que fue creado bueno, pero que actualmente gime por su redención. El estudio de la humanidad debe relacionarse con una naturaleza humana que se ha convertido en grotescamente inhumana e innatural.

El estudio de la naturaleza del pecado puede hacerse en relación con otras doctrinas (como con Cristología y Soteriología entre otras).

Existen conceptos o teorías extra bíblicas equivocadas concernientes al pecado, por ejemplo: La existencia individual es un estado pecaminoso (Filón 15/10 a. C. – Alejandría, 45/50 d.C, también llamado Filón el Judío, fue uno de los filósofos más renombrados del judaísmo helénico.).

El pecado y la maldad no son reales, sino simples ilusiones que se pueden vencer por medio de una percepción correcta (Ciencia Cristiana, el hinduismo, el budismo, el pensamiento positivo de cierto cristianismo popular (metafísico), el movimiento de la Nueva Era, etc.),

El pecado es el remanente sin evolucionar de unas características animales primarias como la agresividad. Éstos sostienen que el Edén es un mito. (Evolucionistas)

El pecado es la opresión de un grupo social por otro (teología de la liberación)

El pecado es una lucha entre unas fuerzas pre-existentes (virtuales o reales) e iguales, o dioses del bien y el mal (dualismo)

El pecado solo consta de acciones voluntarias (Islam, pensamiento popular)

El pecado es una parte de lo que sucede al azar en un cosmos sin Dios. (Ateísmo)

El ateísmo sostiene que el mal no es más que parte de lo que sucede al azar en un cosmos sin Dios. Rechaza el pecado, la ética sólo es cuestión de preferencias, y la salvación consiste en el auto-avance humanista.
 

Los comienzos del pecado.

Dos caídas.

La primera tuvo lugar más allá de la experiencia humana—el de la serpiente antigua (Génesis 3), en otros pasajes encontramos a esta serpiente antigua como el gran dragón, Satanás, o el diablo (Apocalipsis 12:9; 20:2). Este ser fue pecador y asesino desde el principio (Juan 8:44; 1 Juan 3:8).

La caída de Adán y Eva. Génesis 3

Las Escrituras nos enseñan también que hubo otra caída: Adán y Eva fueron creados “buenos” y colocados en el idílico huerto del Edén, donde disfrutaban de una estrecha comunión con Dios (Génesis 1:26–2:25). Puesto que no eran divinos, y eran capaces de pecar, necesitaban depender continuamente de Dios.

El primer pecado de la humanidad abarcaba todos los demás pecados: desobediencia a Dios, orgullo, incredulidad, malos deseos, sumisión voluntaria al diablo, etc.

Consecuencias del primer pecado: aislamiento, acusación, dolores de parto, dureza del trabajo, muerte, Satanás fue maldito, muerte futura para descendientes de Adán, etc.

 
El pecado original: un análisis bíblico.

Las Escrituras enseñan que el pecado de Adán no lo afectó solamente a él (Romanos 5:12–21; 1 Corintios 15:21–22). Este tema recibe el nombre de “pecado original”.

Toda teoría sobre el pecado original deberá responder a tres interrogantes:

¿Hasta qué punto? ¿Por qué medios? ¿Y en base a qué fue transmitido el pecado de Adán al resto de la humanidad? • Toda teoría sobre el pecado original deberá responder estas tres interrogantes y reunir los siguientes criterios bíblicos:

La solidaridad. En cierto sentido, toda la humanidad está unida o ligada a Adán como una sola entidad. Por causa de Adán, todos los humanos se hallan fuera de la bendición del Edén. Ro. 5:12-21; 1 Co. 15:21-22.

La corrupción. Puesto que la naturaleza humana quedó tan dañada en la caída, no hay persona alguna que sea capaz de hacer nada espiritualmente bueno sin la bondadosa ayuda de Dios. Esto es llamado “corrupción total”, o depravación de la naturaleza.

La Biblia reconoce este tipo de corrupción: en el Salmo 51:5 David habla de que había sido concebido en pecado; es decir, su propio pecado se remonta al momento de su concepción. En Romanos 7:7–24 se sugiere que el pecado, aunque muerto, estaba en Pablo desde el principio. Más decisivo aún es Efesios 2:3, donde se afirma que todos somos “por naturaleza hijos de ira”. “Naturaleza”( fsis) habla de la realidad fundamental, o fuente de una cosa. Por consiguiente, el “material” mismo del que están hechos todos los humanos está corrompido. La producción de descendientes corrompidos por una naturaleza corrupta es la mejor explicación para la universalidad del pecado.

La pecaminosidad de todos. En Romanos 5:12 dice que “todos pecaron”. En Romanos 5:18 Pablo afirma que a través de un pecado todos fuimos condenados, con lo que está indicando que todos hemos pecado. En Romanos 5:19 dice que a través del pecado de un hombre, todos fueron hechos pecadores.

La sujeción al castigo. Todos los humanos, incluso los infantes, están sometidos al castigo. “Hijos de ira” (Efesios 2:3) es un semitismo para indicar el castigo divino (véase 2 Pedro 2:14).1 Las imprecaciones bíblicas contra los niños (Salmo 137:9) indican esto. En Romanos 5:12 dice que la muerte física (véase 5:6–8, 10, 14, 17) nos llega a todos, evidentemente, infantes incluidos, porque todos hemos pecado.

La salvación en la niñez. Aunque se considere a los infantes como pecadores y, por tanto, condenados al infierno, esto no significa que se envíe realmente a ninguno allí. La fe preconsciente; el conocimiento previo por parte de Dios sobre cómo habría vivido el niño; la bondad especial de Dios hacia los niños; el pacto implícito de una familia de creyentes (quizá con inclusión de la “ley del corazón”, Romanos 2:14–15), que pasaría por encima del pacto adámico; la gracia preventiva (del latín: la gracia “que viene antes” de la salvación), que habría extendido la expiación a todos los que no hayan llegado a la edad del uso de razón. Sea como fuere, podemos estar seguros de que el “juez de toda la tierra” hace lo que es correcto (Génesis 18:25).

El paralelo entre Adán y Cristo. Ro. 5:12-21; 1 Co. 15:21-22.

Romanos 5:19 es especialmente significativo: “Porque así como por la desobediencia de un hombre, Adán, los muchos fueron constituidos (gr., verbo kazístemi) pecadores, así también por la obediencia de uno, Cristo, los muchos serán constituidos (kazístemi) justos”.

No todos como Adán. Está claro que algunas personas no pecaron de la misma manera que Adán; sin embargo, sí pecaron, y también murieron. Ro. 5:14

El pecado de un solo hombre. En Ro. 5:12-21 y 1 Co. 15:21-22. Pablo nos dice repetidamente que el pecado de un solo hombre trajo sobre todos los humanos la condenación y la muerte.

La maldición del suelo. Se debe identificar alguna base para la maldición lanzada por Dios sobre el suelo. (Gn. 3:17-18)

La ausencia del pecado en Cristo. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. Heb. 4:15.

La justicia de Dios. Se debe conservar la justicia con que actuó Dios al permitir que el pecado de Adán pasara a los demás. (Libre albedrio, voluntad)

• Al cielo no va entrar nada corrupto y al infierno no va a ir nadie injustamente.


El pecado original: un análisis teológico.
Se han hecho muchos intentos por construir un modelo o una teoría teológica que se ajuste a estos complejos parámetros. Pasamos ahora a comentar algunos de los más importantes.

Concepto judío. La teoría dominante es que hay dos naturalezas, la buena (yetser tov) y la mala (yetser ra). Decian que las personas malvadas son controladas por el impulso al mal, mientras que las personas buenas lo controlan.

El agnosticismo.  Algunos sostienen que las evidencias bíblicas son insuficientes para formar una teoría detallada sobre el pecado original. Toda declaración que vaya más allá de la conexión entre Adán y la raza humana en el tema de la pecaminosidad es considerada como especulación filosófica.

El pelagianismo. El pelagianismo hace resaltar fuertemente la responsabilidad personal, en oposición a la laxitud moral. Pelagio (alrededor de 361–420) enseñaba que la justicia de Dios no permitiría la transmisión del pecado de Adán a los demás, por lo que todos los humanos nacen sin pecado y con una voluntad totalmente libre. El pecado se esparce solamente a través del mal ejemplo.

El semipelagianismo. Sostiene que, aunque la humanidad ha sido debilitada con la naturaleza de Adán, a las personas les queda libre albedrío suficiente para iniciar la fe en Dios, a la cual Él entonces responde. La naturaleza debilitada se transmite de manera natural desde Adán.

La transmisión natural o genética. Esta teoría sostiene que la transmisión de la naturaleza corrompida se basa en la ley de la herencia. Da por supuesto que los rasgos espirituales se transmiten de igual manera que los naturales.

La atribución mediatizada.  La imputación mediatizada entiende que Dios les atribuye o carga la culpa a los descendientes de Adán a través de un medio indirecto, o mediato. El pecado de Adán lo hizo culpable, y como castigo, Dios corrompió su naturaleza. Puesto que ninguno de sus descendientes tomó parte en su acción, ninguno es culpable. Sin embargo, reciben su naturaleza como consecuencia natural del hecho de ser sus descendientes (no como castigo). Con todo, antes de que cometan ningún pecado real o personal (lo cual es inevitable para su naturaleza corrompida), Dios los declara culpable, por poseer esa naturaleza corrupta.

El realismo. El realismo sostiene que la “sustancia anímica” de todas las personas se hallaba real y personalmente en Adán (“seminalmente presente”, según el punto de vista traduciano sobre el origen del alma) y participó realmente en su pecado. Todas las personas son culpables porque, en realidad, todas pecaron. Por tanto, la naturaleza de todos es corrompida por Dios como castigo por ese pecado. No hay una transmisión o traspaso de pecado, sino una completa participación racial en el primer pecado. (El realismo tiene verdaderos puntos fuertes. No tiene el problema de la culpa ajena, se toma con seriedad la solidaridad entre Adán y la raza humana en el pecado de Adán, y parece manejarse bien el “todos pecaron” de Romanos 5:12.)

El federalismo. Sostiene que la corrupción y el pecado cayeron sobre toda la humanidad porque Adán, cuando pecó, era cabeza de la raza humana en un sentido representativo, gubernamental o federal. La mayor parte de los federalistas son creacionistas en cuanto al origen del alma, pero el federalismo no es incompatible con el traducianismo. El pacto de Adán incluía su mayordomía sobre la creación, y es la base justa para la maldición de Dios sobre el suelo.

Una teoría integrada

Esta teoría distingue entre la persona individual y la naturaleza pecaminosa de la carne. Cuando Adán pecó, se separó de Dios, lo cual produjo la corrupción (incluso la muerte) en él como persona individual y en su naturaleza. Puesto que él contenía toda la naturaleza genérica, ésta quedó totalmente corrompida. Esta naturaleza genérica se transmite de manera natural al aspecto individual de la persona, el “yo” (como en Romanos 7). El pacto Adámico es la base para la transmisión aunque no lo mencione explícitamente. Cuando el “yo” alcanza el uso de razón, lucha con la naturaleza, respondiendo o ignorando a Dios.

Por consiguiente, Romanos 5:12 puede decir que “todos pecaron” y que todos pueden estar corrompidos y necesitados de la salvación, pero no se carga de culpa a los que aún no han pecado realmente. Esto está de acuerdo con la lucha mencionada en Romanos 7. No todas las personas pecan como Adán (Romanos 5:14), pero el pecado de un solo hombre sí les acarrea la muerte y los hace a todos pecadores; lo hace por medio del pacto adámico, un mecanismo paralelo al utilizado por Cristo para hacer justos a los pecadores (Romanos 5:12–21).


La existencia y Definición del Pecado.


Quizá la mejor definición del pecado sea la que aparece en 1 Juan 3:4, donde dice: “El pecado es infracción de la ley.” Cualquier otra cosa que sea el pecado, en su centro mismo es una infracción de la ley de Dios. También puesto que “toda injusticia es pecado” (1 Juan 5:17), toda injusticia quebranta la ley de Dios. Por eso David confiesa: “Contra ti, contra ti solo he pecado” (Salmo 51:4).

Hay varias clases de mal:

1. Mal moral o pecado: es el quebrantamiento de la ley producido por criaturas con una voluntad.

2. Mal natural: es el desorden y corrupción del universo (por ejemplo los desastres naturales; conectados con la maldición de Dios sobre el suelo)

3. Mal metafísico: es el mal no intencional, consecuencia de la limitación de las criaturas (la incapacidad mental y física, etc.)

La Biblia afirma que en Dios hay perfección moral.


Dios no creo la maldad.

Dios no creó el mal y, sin embargo, sí creo todo cuanto existe, no es posible que el mal tenga una existencia exclusiva de él.

• El mal es una ausencia o un desorden del bien.
• El mal es el fruto de la libertad del hombre (del libre albedrio).
• La decisión de obedecer o desobedecer siempre fue de la criatura (Lucifer decidió rebelarse, Adán y Eva también).
• Toda enfermedad procede como consecuencia del pecado; pero no siempre de pecado se está enfermo (Jn. 9:1-3), aunque también es posible.
 

Describir el pecado es difícil.

Es como un parasito porque va condicionado a lo que se adhiere; no vive separado.

Muchas veces se define al pecado en función de los pecadores: la incredulidad, el orgullo, el egoísmo, etc.

La mejor definición es esta: el pecado es infracción de la ley. Esta definición abarca todo tipo de pecado. La única solución es fe en Cristo.

Solo Dios puede definir el pecado en su ley, deseo y voluntad.

La idea del pecado como quebrantamiento de la ley, o desorden, se enfrenta en un fuerte contraste al Dios personal que trajo, con su palabra, a existencia un mundo ordenado y bueno.


Las Características del pecado.


El Pecado es incredulidad (Todo lo que no proviene de fe es pecado. Ro. 14:23). El orgullo, es la exaltación de sí mismo. Irónicamente, es a un tiempo el anhelo de ser como Dios (como en la tentación de Eva por parte de Satanás), y el rechazo de Dios (Salmo 10:4). También el pecado puede considerarse como un deseo malvado, una rebelión contra Dios, la antítesis de la verdad de Dios, la distorsión real del bien. En general, el concepto bíblico del mal comprende tanto el pecado como sus consecuencias.

El pecado, el producto del “padre de la mentira” (Juan 8:44), es la antítesis de la verdad de Dios (Salmo 31:5; Juan 14:6; 1 Juan 5:20).


La fuerza y extensión del pecado.

El Pecado es una realidad o naturaleza dentro de la persona.

El Nuevo Testamento relaciona esta naturaleza con la carne.

El pecado y las pasiones brotan de la carne.

El corazón necesita ser renovado, de ahí brotan las malas intenciones.

La mente puede ser malvada en sus obras.

El pecado lucha contra el Espíritu.

El Pecado puede comenzar en la naturaleza pecaminosa como una tentación.

El pecado hace surgir más pecado, esto se realiza a través de varios mecanismos; 1) Satanás es quien trata de engañar, tentar y devorar. 2) La inclinación natural de la carne. 3) El placer del pecado. 4) Los pecadores, que seducen a otros al pecado. 5) El endurecimiento del corazón.

 

No se puede confundir el pecado con la tentación.


• El Señor Jesús sufrió las tentaciones más grandes de todas y no tuvo pecado. Mt. 4:1-11; Heb. 2:18; 4:15. Si la tentación fuera pecado, Dios no nos daría ayuda para soportarla (1 Corintios 10:13). Aunque Dios sí prueba y examina a los suyos (Génesis 22:1–14; Juan 6:6), y es evidente que permite la tentación (Génesis 3), Él mismo no tienta (Santiago 1:13).

Las Escrituras describen muchas categorías relacionadas con el pecado.

Pecados contra Dios.

Pecados contra los demás.

Pecados contra uno mismo.

Una combinación de todo lo anterior.

La Biblia enseña que una actitud puede ser tan pecaminosa como un acto.

El pecado puede ser activo o pasivo.

Se puede pecar en ignorancia.

El pecado secreto es tan malvado como el pecado cometido en público, por ejemplo, la hipocresía.

Se cometen también pecados de presunción, (aquellos que son cometidos abiertamente) “con mano alzada” (Num. 15:30).

Hay pecados de debilidad (después de una lucha contra la tentación).

El pecado imperdonable de la blasfemia contra el Espíritu Santo.
Este pecado debe tener que ver con el Espíritu Santo (Mateo 12:31; Marcos 3:29; Lucas 12:10). En cambio, la blasfemia contra Dios, o contra los otros miembros de la Trinidad (Mateo 12:31–32; Marcos 3:28; Lucas 12:10; Hechos 26:11; Colosenses 3:8; 1 Tim. 1:13,20) es perdonable.

El pecado debe ser de blasfemia (gr. blasfémia), la calumnia más vil contra Dios. En la LXX, el vocablo blasfémia describe con frecuencia el acto de negar el poder y la gloria de Dios, lo cual coincide con la forma en que los líderes judíos le atribuían al diablo los milagros de Jesús. El pecado debe ser comparable a la acusación de parte de los líderes judíos, de que Jesús tenía un espíritu maligno (Marcos 3:30). El pecado no puede ser una simple negación de testimonio con respecto a milagros, puesto que Pedro negó a Cristo (Mateo 26:69–75) y Tomás dudó de Él (Juan 20:24–29) después de haber visto muchos milagros, y ambos fueron perdonados Mateo 1:13, 20) es perdonable.

Se define mejor el pecado imperdonable es el rechazo voluntario y definitivo de la obra especial del Espíritu Santo (Juan 16:7-11) al dar testimonio directo al corazón con respecto a Jesús como Señor y Salvador teniendo por consecuencia un rechazo total de la fe. Por consiguiente, la blasfemia contra el Espíritu Santo no es una indiscreción momentánea, sino una disposición definitiva de la voluntad, aunque las afirmaciones de Jesús sugieren que se puede manifestar en un acto concreto.


Las Consecuencias del Pecado.


El pecado afecta a Dios: a) Dios odia el pecado; b) se aflige por el pecado; c) se lamenta por los perdidos; etc.

El pecado ha causado la muerte física y la muerte espiritual. La muerte espiritual y física se combinan y llegan a la plenitud de su realización después del juicio final.

El castigo o pena es la consecuencia justa del pecado, infligida por una autoridad sobre los pecadores y basada en su culpa.

• Castigo natural: Se refiere al mal natural (que procede de Dios indirectamente) que recae sobre la persona pecadora. (Como la enfermedad venérea causada por el pecado sexual, y el deterioro físico y mental por el uso de drogas).

• Castigo positivo: Es algo infligido directamente por Dios de manera sobre natural: el pecador cae muerto, por ejemplo.

La muerte (heb. mavet, gr. zánatos) tuvo su origen en el pecado, y es la consecuencia final de éste (Génesis 2:17; Romanos 5:12–21; 6:16, 23; 1 Corintios 15:21–22, 56; Santiago 1:15). La muerte espiritual y la física se combinan y llegan a la plenitud de su realización después del juicio final (Apocalipsis 20:12–14).


Papel que desempeña la Iglesia en cuanto al pecado.


El conocimiento del pecado debería engendrar santidad en la vida de la persona, y una insistencia en la santidad dentro de la predicación y la enseñanza de la Iglesia.

Reaccionar al imperativo de la Gran Comisión y predicar las buenas nuevas de salvación.

La Iglesia debe ser defensora en los temas de justicia social y de necesidades humanas, señalar siempre hacia el Dios de juicio y amor y vivir en la esperanza cierta de un futuro más allá del pecado y de la muerte. Entonces, purificados y regenerados, los creyentes verán el rostro de Aquél que ya no recuerda su pecado (Jeremías 31:34; Hebreos 10:17).