El Espíritu Santo (Pneumatología)

Introducción:

El mensaje del evangelio completo proclama la centralidad de la obra del Espíritu Santo, como el agente activo de la Trinidad en la auto revelación de Dios en su creación. El evangelio completo dice que Dios continúa hablando y obrando hoy, tal como lo hizo en los tiempos del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento. El mensaje del evangelio completo es más que una sencilla declaración de que las lenguas y los otros dones que se mencionan en la Biblia están a la disposición del creyente hoy. A lo largo de toda la historia de la Iglesia ha habido brotes de fenómenos pentecostales. Muchos de estos brotes comenzaban dentro de la Iglesia como movimientos de reforma o de santidad. Estos movimientos iban quedando a lo largo del camino, porque no tenían acceso a las Escrituras. Las Biblias eran extremadamente caras y estaban literalmente encadenadas en las iglesias. Se pensaba que sólo los miembros del clero tenían la preparación y el acceso a la verdad espiritual necesarios para permitirles el manejo de las Sagradas Escrituras. Sin acceso a las Escrituras, el pueblo comenzaba a confundir sus emociones con el Espíritu Santo. Sin la Biblia para que formara las vallas de la senda recta y estrecha, estos grupos se desviaban muy pronto de la senda y se salían de ella. Una de las razones de la longevidad y el éxito del movimiento pentecostal en el siglo veinte es el acceso abierto a la Biblia, nuestra regla infalible de fe y conducta.

El capítulo sobre la Trinidad estudió el tema del lugar del Espíritu Santo dentro del ser divino. No se puede añadir mucho más. Dios se ha revelado como una Trinidad. Hay un solo Dios, pero tres Personas: un Dios, no tres; no un Dios con un desorden de personalidad múltiple. Para comprender la doctrina de la Trinidad, necesitamos aceptar que la autorevelación de Dios en la Biblia nos obliga a pasar por alto las leyes ordinarias de la lógica. La doctrina de la Trinidad proclama que Dios es uno y, sin embargo, tres; es tres, y sin embargo, uno. Esto no significa que el cristianismo haya abandonado la lógica y el razonamiento. En lugar de esto, aceptamos el hecho de que la doctrina de la Trinidad se refiere a un Ser infinito que se halla más allá de una comprensión total por parte de sus criaturas finitas.

 

La obra del Espíritu Santo.

Sin la actividad continuada de Dios a través del Espíritu Santo, sería imposible tener conocimiento de Él. La Biblia nos dice lo que Dios ha dicho y hecho. Además, la obra continuada del Espíritu Santo nos revela lo que Él sigue diciendo y haciendo hoy.

La Divinidad del Espíritu Santo.

La Persona del Espíritu Santo (resumen)

Antes de estudiar la obra del Espíritu Santo recordemos un poco de la persona del Espíritu Santo o su Divinidad.

El Espíritu Santo tiene atributos que corresponden solo a Dios.

• ES CREADOR.
“Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas” (Gen. 1:2). 

“Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra” (Sal. 104:30). 

• ES OMNIPRESENTE: “¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? Si subiere a los cielos, allí estás tú; y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra” (Sal. 139:7-8).

• ES OMNIPOTENTE: “Con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo” (Rom.15:19) 

• ES OMNISCIENTE: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios” (1 Co. 2:10,11). 

• FUE RESPONSABLE DE LA CREACIÓN DEL HOMBRE: “El espíritu de Dios me hizo, y el soplo del Omnipotente me dio vida” (Job 34:4).

• El Espíritu Santo ministra: Él regenera al hombre (Jn. 3:6), Él sella (Ef. 4:30), Él bautiza (1 Co. 12:13), Él llena (Ef. 5:18).

 

El Espíritu hace aquello que sólo una persona puede hacer.

• El convence al mundo: “Y cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Jn. 16:8).

• El enseña: “Él os enseñará todas las cosas” (Jn. 14:26; ver también Neh. 9:20; Jn.16:13-15; 1 Jn. 2:27).

• El Espíritu habla: “Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones al Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!” (Gál. 4:6).

• El Espíritu intercede: “Pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles” (Ro. 8:26).

• El Espíritu guía: “Guiados por el Espíritu” (Gál. 5:18; ver también Hch. 8:29; 10:19; 13:2; 16:6-7; 20:23; Ro. 8:14).

• El Espíritu escoge a los hombres para el servicio de Dios: “dijo el Espíritu Santo: Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hch. 13:2; ver también Hch. 20:28).

• El Espíritu mismo se sujeta al plan divino: “Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí”. (Jn. 15:26).

 

El Espíritu Santo en las Escrituras.


Los títulos del Espíritu Santo.

Los nombres y títulos del Espíritu Santo nos revelan mucho acerca de quién es Él. Aunque el nombre de “Espíritu Santo” no aparece en el Antiguo Testamento, se usan una serie de títulos equivalentes.

El Espíritu Santo, como miembro de la Trinidad, de la forma en que lo revela el Nuevo Testamento, no está revelado en la Biblia hebrea. Sin embargo, el hecho de que la doctrina sobre el Espíritu Santo no esté plenamente revelada en la Biblia hebrea no cambia la realidad de su existencia y obra en los tiempos del Antiguo Testamento.

El título más frecuente en el Antiguo Testamento es el “Espíritu de Yahwé” (heb. Ruáj YHWH [Yahwé]) o Espíritu del Señor. Uno de los significados de Yahwé es “Aquel que crea, o que trae a la existencia”. Todo uso del nombre de Yahwé es una afirmación sobre la creación. El Espíritu de Yahwé estuvo activo en la creación, tal como lo revela Génesis 1:2, refiriéndose al “Espíritu de Dios” (heb. Ruaj ‘Elohim).

Hay un rico conjunto de títulos del Espíritu Santo en Juan capítulos 14-16. Por ejemplo, Consolador. (Ayudador, consejero)

Hay varios títulos del Espíritu Santo en las epístolas. Por ejemplo, “Espíritu de Santidad” (Ro. 1:4), “Espíritu de vida” (Ro. 8:2), “Espíritu de adopción” (Ro. 8:15), “Espíritu Santo de la promesa” (Ef. 1:13), “Espíritu eterno” (Heb. 9:14), “Espíritu de gracia” (Heb. 10:29) y “Espíritu de la gloria” (1 Pd. 4:14).


Los símbolos del Espíritu Santo.

Los símbolos nos dan imágenes concretas de cosas que son abstractas, como la Tercera Persona de la Trinidad. Los símbolos del Espíritu Santo también son arquetipos. En la literatura, un arquetipo es un carácter, tipo, tema o símbolo. Un arquetipo (del griego, arjé, ‘fuente’, ‘principio’ u ‘origen’, y  tipos, ‘impresión’ o ‘modelo’) es el patrón ejemplar del cual otros objetos, ideas o conceptos se derivan. En otras palabras, Un arquetipo es el primer modelo de alguna cosa. Es el modelo perfecto. Estos símbolos representan realidades que son intangibles, pero verdaderas.

“Los arquetipos son los recursos literarios que emplean el uso de un concepto de persona famosa o un objeto para transmitir la riqueza de su significado. Los arquetipos son inmediatamente identificables y, aunque se corre el riesgo de que sean usados en exceso, siguen siendo los mejores”. 

El viento (heb. ruaj) “aliento”, “espíritu”, “ser viviente”. Se usa paralelamente a (heb.) nefesh. La palabra griega ‘pnéyma’ o ‘pneuma’ tiene una amplitud semántica casi idéntica a la de “ruaj”. El símbolo del viento lleva consigo la naturaleza invisible del Espíritu Santo (Jn. 3:8). Podemos ver y sentir los efectos del viento, pero el viento en sí es invisible. Hechos 2:2 usa con gran fuerza la imagen del viento para describir la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés.

El agua. La persona que se deleita en la ley (heb. Torá, “instrucción”) de Yahwé y medita en ella de día y de noche es “como árbol plantado junto a corrientes de aguas… su hoja no se cae” (Sal. 1:3). El Espíritu de verdad fluye desde la Palabra como agua viva que sostiene, refresca y da poder al creyente.

El fuego. Purifica. El aspecto purificador del fuego queda claramente reflejado en Hechos 2. (Se usa este símbolo una solo vez para describir el bautismo en el Espíritu Santo en Hech. 2:3). El aspecto más amplio del fuego como agente limpiador se encuentra en la declaración o profecía de Juan el Bautista: “Él os bautizará en Espíritu Santo y fuego. Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará” (Mat. 3:11-12).

El aceite. Es el símbolo de la consagración del creyente por parte de Dios, al servicio del reino de Dios (Fue usado para ungir a reyes, sacerdote y profetas en Israel). En su sermón a Cornelio, Pedro afirma: “Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret” (Hech. 10:38). Citando Isaías 61:1–2, Jesús proclama: “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres” (Luc. 4:18) (Ver también 1 Jn. 2:20, 27).

La paloma. Arquetipo de delicadeza y paz.

Los títulos y símbolos del Espíritu Santo nos proporcionan las claves para comprender su obra a nuestro favor.

La obra del Espíritu Santo.

Nadie comprende por completo al Dios infinito, o a su infinito universo, ni conoce y comprende perfectamente todas las palabras de la Biblia. Todos seguimos siendo discípulos (literalmente, “aprendices”). Como criaturas finitas que somos, no nos debería sorprender el darnos cuenta de lo totalmente necia que es la afirmación de que hemos llegado a comprender por completo al Dios infinito. Dios sigue obrando en su Iglesia y con cada uno de nosotros, transformándonos en la imagen de Cristo. La doctrina de la santificación progresiva se refiere directamente a este tema.

Antes del Día de Pentecostés.

“Saquemos por completo de nuestra mente la impresión de que el Espíritu Santo no vino a este mundo hasta el día de Pentecostés.” Tengamos en cuenta la profecía de Joel 2:28–29 2 y la cita de ella que hace Pedro en Hech. 2:17–18.

Es falso pensar que el Espíritu Santo no estuvo en el mundo hasta el día de Pentecostés (ver Gn. 1:2)

En el Antiguo Testamento se ve esta obra dinámica como consecuencia de que el Espíritu de Dios descansa sobre una persona o viene con poder sobre ella. Num. 11:26; 1 Sam. 10:6,11; 19:23-24; Num. 11:28-29. (Jue. 6:34; 11:29; 13:25; 14:6; 1 Sam. 16:13; 2 Cr. 24:20, etc.)

Después vemos en la profecía de Joel, una expansión de la actividad del Espíritu Santo, y no un cambio en su calidad. El Espíritu Santo, estaba obrando antes del día de Pentecostés (Joel 2:28-29; Hech. 2:17-18). Notemos, Lo que se profetiza es un cambio de la cantidad, o amplitud de la actividad del Espíritu de Dios.

 En el Nuevo Testamento Jesús es nuestra Pascua. Aquí Dios habla de circuncidar los corazones. En la iglesia del Nuevo Testamento, Dios indica con claridad que la circuncisión externa ya nos es necesaria como señal de inclusión en ella. Ejemplo: Cornelio—recibieron el Espíritu Santo siendo incircuncisos. Hech. 10:1,44-48.

Aquí vemos la obra del Espíritu Santo como la única señal adecuada de que habían quedado incluidos en la Iglesia.

Esta obra incluye su inhabitación al ser salvos, y el subsiguiente bautismo en el Espíritu Santo.

Vemos, en la profecía de Joel, una expansión de la actividad del Espíritu Santo, y no un cambio en su calidad. Desde el Edén hasta hoy, Dios ha anhelado tener comunión con la humanidad. La idea de que el Espíritu Santo estaba inactivo en los laicos del Antiguo Testamento es infundada. La actividad del Espíritu Santo en sus vidas es paralela a su identificación con la vida de los que Él mismo ha traído a la salvación en la Iglesia. El Espíritu les cambia el corazón a las personas y las hace diferentes.

Roger Stronstad ha señalado que una de las razones por la que los creyentes son “llenos del Espíritu Santo” es equiparlos para que cumplan el ministerio profético de proclamar la voluntad y los planes de Dios para la Iglesia y el mundo.

 

En el movimiento pentecostal.

Aunque su actividad ha aumentado en cantidad a medida que ha crecido su Iglesia, es el mismo Espíritu el que obra en el mundo de hoy, y el que estaba obrando en el mundo anterior al día del Pentecostés. Sin embargo, debido a la revelación progresiva, nuestro grado de comprensión de la obra del Espíritu debería ser más alto.

La iglesia de hoy tiene una ventaja en cuanto al conocimiento acerca del Espíritu Santo.

Cuando confesamos que Dios resucitó a Jesús de entre los muertos, somos salvos (Rom. 10:9–10). Pablo sigue diciendo que nadie puede “llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (1 Co. 12:3). Pablo no está diciendo que les sea imposible a los hipócritas y a los falsos maestros pronunciar las palabras “Jesús es Señor”. Ahora bien, decir que Jesús es verdadero Señor (lo que significa que estamos comprometidos a seguirlo y hacer su voluntad, en lugar de seguir nuestros propios planes y deseos) requiere la inhabitación del Espíritu Santo; el nuevo corazón y el nuevo espíritu del que habla Ezequiel 18:31. Nuestro propio ser confiesa que Jesús es Señor, cuando el Espíritu Santo comienza a transformarnos a imagen de Dios. La transformación interna constituye para la persona una señal de que es miembro del Cuerpo de Cristo.

Esto hace mucho más importante el que insistamos en que la actividad del Espíritu Santo en los creyentes, ya sea en cuanto a la salvación, o en cuanto al bautismo, es sobre todo una señal para el individuo, más que para la congregación. Muchas personas son salvas en su oración privada en un momento en que están solas. Lo mismo es cierto en cuanto a los que son bautizados en el Espíritu en un lugar de oración privado.

 

El Espíritu Santo como Consolador:

La obra del Espíritu Santo como Consolador comprende su papel como el Espíritu de verdad que habita en nosotros (Jn. 14:16; 15:26), como Maestro de todas las cosas, como Aquél que nos recuerda todo cuanto Cristo ha dicho (14:26), como el que dará testimonio a favor de Cristo (15:26), y como el que convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio (16:8). Nunca valoraremos lo suficiente la importancia de estas funciones. Vemos claramente que el Espíritu Santo es más que alguien dedicado a consolarnos en nuestras aflicciones; Él es también quien nos guía hacia la victoria sobre el pecado y la angustia. El Espíritu Santo habita en nosotros para terminar la transformación que comenzó cuando fuimos salvos. Jesús vino a salvarnos de nuestros pecados; no en ellos. Él vino a salvarnos de algo más que del infierno en la otra vida; vino a salvarnos del infierno en esta vida; el que causamos debido a nuestros pecados. Jesús obra para realizar esto por medio de la actuación del Espíritu Santo.

El Espíritu Santo como maestro:

El Espíritu Santo puede y quiere ayudar a todo creyente para que interprete y comprenda correctamente la Palabra de Dios y su obra. El Espíritu Santo nos conducirá a toda verdad si estudiamos cuidadosamente su Palabra y en espíritu de oración. Dios nunca pretendió que la Biblia fuera un libro difícil de entender para los suyos. Debemos de estudiar, aprender y aplicar las reglas solidas de interpretación, de lo contrario, nuestra comprensión de la Biblia, que es nuestra regla infalible de fe y conducta, estará repleta de errores.

El Espíritu Santo preparo a Jesús para su labor como Rey, Sacerdote y Cordero para el sacrificio (Lc. 2:40; 4:1-13; Heb. 4:15; 2:10-18). Nosotros por medio del Espíritu seremos vencedores.

El Espíritu nos ayudará a que recordemos todo lo que Jesús dijo. Jesús mismo lo dijo en Jn. 12:16; 14:26; 16:13-14.

El Espíritu Santo es también maestro de los no creyentes: convence al mundo de pecado, de justicia y de juicio. Jn. 16: 8-11

El Espíritu Santo dando testimonio de Cristo:

La actividad del Espíritu Santo como el que da testimonio de Cristo comienza en el Antiguo Testamento y continúa hasta nuestros días.

El Espíritu Santo inspiró a los profetas para escribir las profecías concernientes al Mesías (Is. 11:1-2).

Lucas nos informa que el Espíritu Santo dio testimonio de que se acercaba la venida de Jesús por medio de Juan el Bautista. Lc 1-3. En juan 16:13-15, Jesús afirma que la obra del Espíritu Santo no es hablar por sí mismo, sino sólo aquello que el Padre y el Hijo le indican que diga.

El Espíritu Santo como promesa:

Es difícil sugerir que alguno de los títulos o motivaciones del Espíritu santo sea más importante que otro. Todo lo que hace el Espíritu es vital para el reino de Dios.

¿Qué es lo que garantiza la obra del Espíritu Santo en nuestra vida y en la vida de la Iglesia?

“Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial; pues así seremos hallados vestidos, y no desnudos. Porque asimismo los que estamos en este tabernáculo gemimos con angustia; porque no quisiéramos ser desnudados, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu” 2 Co. 5:1-5.

El Espíritu Santo es el depósito que garantiza nuestra herencia futura en Cristo. “En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria” Ef. 1:13-14.

Por medio del Espíritu Santo llegamos a conocer a Dios por experiencia propia, como en la palabra hebrea “yada”, “conocer por experiencia”. Nuestra experiencia con el Espíritu Santo nos sirve de prueba de la resurrección de Cristo.

Ahora podemos comenzar a apreciar lo importante que es la obra del Espíritu Santo como señal para el creyente de su inclusión en el Cuerpo de Cristo, más aún que para la Iglesia. El Espíritu Santo no sólo verifica la resurrección, sino que también, por extensión, verifica la veracidad de las Escrituras. Sin las arras (“primer pago”) del Espíritu Santo, que nos enseñe, nos guíe a toda verdad y nos dé testimonio de Cristo, no habría Iglesia alguna hoy, porque no habría evangelio que predicar.