El Bautismo en el Espíritu Santo 

Introducción:

William Barclay escribe: “La historia de la Biblia es la historia de hombres llenos del Espíritu. Sin embargo… lo que pensamos acerca del Espíritu es mucho más vago e indefinido que lo que pensamos de cualquier otra parte de la fe cristiana”.

James D. G. Dunn observa que los católicos insisten en el papel de la Iglesia y de los sacramentos, subordinando el Espíritu a la Iglesia. Los protestantes insisten en el papel de la predicación y la fe, subordinando el Espíritu a la Biblia. Los pentecostales reaccionan ante ambos extremos — el sacramentalismo que se puede volver mecánico y la ortodoxia biblicista que puede volverse espiritualmente muerta — y reclaman una experiencia vital con Dios mismo en el Espíritu Santo.

Donald W. Dayton, estudioso del pentecostalismo, dice que es inadecuado identificar a este movimiento en términos de su rasgo más característico: la glosolalia. “La glosolalia, por lo tanto, no puede por sí sola definir el pentecostalismo o distinguirlo plenamente de otros movimientos cristianos”. Dayton opina que la expresión más clara del pentecostalismo fue resumida por Aimee Semple McPherson, fundadora de la International Church of the Foursquare Gospel, cuando dijo: “Jesús nos salva de acuerdo con Juan 3:16. Nos bautiza con el Espíritu Santo de acuerdo con Hechos 2:4. Sana nuestros cuerpos de acuerdo con Santiago 5:14-15. Y Jesús volverá de nuevo de acuerdo con 1 Tes. 4:16-17”.

Añade Dayton: “Estos cuatro puntos son prácticamente universales dentro del movimiento, y aparecen, en todas las ramas y variedades del pentecostalismo [...].” Es frecuente en el pentecostalismo el uso de la expresión “evangelio completo” (o evangelio cuadrangular) por incluir los cuatro puntos: salvación, sanidad, bautismo del Espíritu Santo y segunda venida de Cristo.

También, Michael Green subraya con entusiasmo las fortalezas del pentecostalismo: “Ha sacado de su polvorienta estantería a la doctrina del Espíritu Santo y ha puesto a la persona del Espíritu en el centro mismo del hogar”. Pretende, de esta manera, reparar el descuido sobre el tema del Espíritu Santo. “El mensaje del evangelio completo proclama la centralidad de la obra del Espíritu Santo, como el agente activo de la Trinidad en la autorevelación de Dios a su creación”.

El movimiento pentecostal atribuye su nacimiento al Pentecostés (Hechos 2) y reconoce como creador (de su teología) a John Wesley, fundador del metodismo. Wesley ya había hecho una distinción entre los santificados o bautizados del Espíritu Santo y otros cristianos.

Este capítulo divide el tema del bautismo en el Espíritu Santo en cinco cuestiones o subtemas:

• (1) La separabilidad entre el bautismo en el Espíritu Santo y la regeneración.

• (2) Las evidencias de la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo en la vida del creyente.

• (3) La disponibilidad del bautismo en el Espíritu Santo para los creyentes de hoy.

• (4) La razón de ser del bautismo en el Espíritu Santo.

• (5) La recepción del bautismo en el Espíritu.

El enfoque del material presentado aquí es analítico y descriptivo, más que apologético y polémico. Esto significa que la meta del autor no es una de proveer una defensa de la doctrina o crear controversia, sino es más bien instructiva.


I. Separabilidad (en relación con la conversión) y Evidencias.

Hablamos primero de la separabilidad y las evidencias del bautismo en el Espíritu Santo, porque la mayor parte de las posiciones sobre los otros temas relacionados son contingentes al concepto de la separabilidad y al concepto de las lenguas como evidencia.

Hay dos puntos de vista en cuanto la cuestión de la disponibilidad del bautismo en el Espíritu Santo:

• 1) Algunos creen que el bautismo está disponible hoy pero se trata simplemente de una parte de la conversión e iniciación, en otras palabras, cuando acepta y recibe a Jesús como su Señor (regeneración).

• 2) Cuando Los pentecostales dicen que el Espíritu está a nuestra disposición, luchan a favor de una experiencia que, hasta cierto sentido, es diferente de la regeneración y que, además, va  acompañada por la evidencia física inicial de las lenguas.

También, aunque la separabilidad y las lenguas como evidencia están relacionadas de manera bastante estrecha, son temas diferentes.

Lógicamente, existen cuatro posiciones posibles sobre la separabilidad y las lenguas como evidencia:

• 1) El bautismo en el Espíritu Santo es parte de la conversión e iniciación (regeneración y bautismo ocurren al mismo tiempo [Dunn y Bruner, protestantes]).

• 2) El bautismo en el Espíritu Santo es parte de la conversión e iniciación y siempre va acompañado por la evidencia por las lenguas (regeneración y bautismo ocurren al mismo tiempo [Pentecostales Unidos]).

• 3) El bautismo en el Espíritu Santo suele seguir a la conversión e iniciación (regeneración y bautismo pueden ocurrir al mismo tiempo, pero en ocasiones el bautismo puede ser después de la regeneración), pero la experiencia no va acompañada por las lenguas (santidad wesleyanos, nazarenos).

• 4) El bautismo en el Espíritu Santo suele seguir a la conversión e iniciación (regeneración y bautismo pueden ocurrir al mismo tiempo, pero en ocasiones el bautismo puede ser después de la regeneración) y siempre va acompañado por la evidencia especial de las lenguas (Asambleas de Dios, pentecostales).

La terminología.

Frase “bautismo en el Espíritu Santo” no aparece en la Biblia. Sin embargo, es bíblica en el sentido de que se origina en una fraseología similar por los escritores bíblicos. Hablando acerca de Jesús, Juan dice: “Él os bautizará en Espíritu Santo”. Lucas recoge de nuevo esta terminología en Hechos 1:5, donde escribe que Jesús les dice a sus seguidores: “Seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días”. Usa esta terminología por tercera vez en Hechos 11:16, donde relata la forma en que Pedro entiende la experiencia de Cornelio. Al explicarles la recepción del Espíritu Santo por parte de Cornelio a los creyentes de Jerusalén, Pedro les recuerda las palabras del Señor: “Seréis bautizados con [en] el Espíritu Santo”. En realidad, la única diferencia entre la frase “bautismo en el Espíritu Santo” y las frases que se hallan en las citas bíblicas mencionadas, es que la primera usa el sustantivo “bautismo”, en lugar de las formas verbales.

La frase “bautismo en el Espíritu Santo” no es más que una entre varias frases bíblica similares, que el entender de los pentecostales, describen un suceso o una experiencia única del Espíritu Santo. Estas frases son por ejemplo: “ser lleno del Espíritu”, “recibir el Espíritu”, “derramamiento del Espíritu Santo”, “el Espíritu Santo cayendo sobre”, “el Espíritu Santo viniendo a” y diversas variaciones de estas frases.

Los pentecostales sostienen que estas frases se referían a la misma experiencia con el Espíritu Santo. Stanley Horton sugiere: “Cada una de estas expresiones hace resaltar algún aspecto de la experiencia pentecostal, y no hay ninguna que pueda destacar ella sola todos los aspectos de esa experiencia”.

El lenguaje utilizado es metafórico por necesidad, puesto que estas frases hablan de una experiencia en la que el Espíritu del Dios viviente se mueve dinámicamente para entrar en la situación humana.

• J. Rodman Williams dice: “lo que expresan estas frases de manera diversa es el suceso y la experiencia de la presencia dinámica de Dios en el Espíritu Santo. El mismo autor observa correctamente que esta experiencia “va mucho más allá de lo que palabra alguna es capaz de contener”.

De entre todas estas frases comparables, los pentecostales parecen preferir la de “bautismo en el Espíritu Santo”. Esta preferencia se puede deber a que este lenguaje se deriva de las afirmaciones del propio Jesús, o quizá se deba a la profundidad que lleva en sí este lenguaje metafórico en particular. Es decir, la analogía que se hace aquí, se relaciona con el bautismo en agua. J. R. Williams señala: “El bautismo en agua significa literalmente ser sumergido, metido, e incluso, empapado o embebido” en agua. Al efecto, ser bautizado en el Espíritu Santo es quedar totalmente envuelto en el dinámico Espíritu del Dios viviente, y saturado de Él.

Relación del Espíritu Santo con la regeneración.

Una de las diferencias principales entre los teólogos con respecto a esta experiencia llamada bautismo en el Espíritu Santo, tiene que ver con su relación con la regeneración.

Los teólogos difieren con respecto a la siguiente pregunta: ¿Hay hoy en día a disposición del creyente una experiencia llamada comúnmente bautismo en el Espíritu Santo, que sea en cierto sentido distinta y única en relación con la experiencia de conversión e iniciación?

Bruner niega que estas experiencias sean separables y Dunn tiene la esperanza de demostrar que para los escritores del Nuevo Testamento, el bautismo en el Espíritu, o don del Espíritu, era parte del suceso (o proceso) de convertirse en cristiano. La biblia es la autoridad definitiva en asuntos de fe y práctica.

Por otro lado, aquellos que defienden el bautismo en el Espíritu Santo como una experiencia separable, están igualmente dedicados a demostrar que las Escrituras enseñan la posición que ellos sostienen.

Stanley M. Horton, llega a la conclusión de que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia posterior (a la regeneración).

Gran parte de este estudio, aunque no todo, se centra en el libro de Hechos. Ciertamente, hay pasajes pertinentes en otros lugares de las Escrituras. No obstante, los eruditos de ambos extremos en cuanto al tema suelen estar de acuerdo en que la doctrina de la separabilidad depende mayormente del libro de Hechos. Cuando la Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios dice que la experiencia del bautismo en el Espíritu santo “es distinta a la experiencia del nuevo nacimiento, y posterior a ella”, las citas bíblicas que se dan son tomadas del libro de Hechos.

Los relatos que se suelen considerar como especialmente pertinentes en la cuestión de la separabilidad son (busca en tu Biblia y lee los siguientes pasajes) • el del día de Pentecostés, Hechos 2:1–13; • el avivamiento entre los samaritanos, Hechos 8:4–19; • la experiencia de Pablo, Hechos 9:1–19; • Cornelio y otros gentiles, Hechos 10:44–48 y 11:15–17; y • los creyentes de Éfeso, Hechos 19:1–7. Aquéllos que creen que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia distintiva, suelen afirmar que en estos casos los individuos ya eran creyentes que habían experimentado la regeneración antes — al menos un instante antes — de su experiencia del bautismo en el Espíritu Santo. Por tanto, dicen que Lucas demuestra que el bautismo en el Espíritu Santo es una experiencia distinta. Sostienen además que Lucas tiene la intención de enseñar que la experiencia distintiva, separable del bautismo en el Espíritu Santo es normativa para la experiencia cristiana de todos los tiempos.

¿Enseñan estos textos que el bautismo en el Espíritu Santo fue una experiencia separable y distinta en relación con su experiencia de conversión, o regeneración? Los pentecostales responderán que sí.

Los pentecostales llegan a la conclusión de que, en Hechos, el bautismo en el Espíritu Santo es claramente subsecuente en tres casos (Pentecostés, Samaría y Pablo) y lógicamente separable en los dos casos restantes (Cornelio y los efesios).

Dunn llega a la conclusión de que en ninguna circunstancia Lucas describe un incidente en el cual el bautismo en el Espíritu Santo sea verdaderamente separable de la conversión. Bruner sostiene una posición similar a la de Dunn: el bautismo cristiano es el bautismo en el Espíritu Santo. (Debes de buscar en tu Biblia y leer los pasajes anteriores para entender los argumentos de pentecostales y protestantes)

El hecho de que Lucas describa claramente unos incidentes en los cuales las “partes” de la experiencia cristiana quedan separadas por el tiempo es un punto a favor de la posición pentecostal. No obstante, los pentecostales no necesitan centrarse tan fuertemente en la subsecuencia para insistir a favor de la separabilidad y la distinción. La subsecuencia hace énfasis en la sucesión dentro del tiempo, o el orden. La separabilidad tiene que ver con la cualidad de ser diferente en naturaleza o identidad. La distinción tiene que ver con el hecho de ser distinto en carácter y propósito, o en ambos. Por consiguiente, la subsecuencia no es absolutamente esencial a los conceptos de separabilidad y distinción. Los sucesos pueden ser simultáneos y con todo separables y distinguibles.

William Menzies observa: “hay una distinción lógica, si no siempre temporal, entre el nuevo nacimiento y el bautismo en el Espíritu.

Ahora, ¿Son normativas la pauta y la característica del bautismo en el Espíritu Santo que presenta Lucas en Hechos para la Iglesia en todas las generaciones?

Concretamente, respecto al tema de la separabilidad, los eruditos pentecostales creen que Lucas describe en Hechos una pauta en la cual el bautismo en el Espíritu Santo es distinto de la experiencia de regeneración. Sostienen, además, que los cristianos del presente pueden esperar que se produzca el mismo modelo de experiencia.


El peso teológico de los materiales históricos en la Biblia.


Eruditos como Anthony A. Hoekema y John R. W. Stott distinguen entre los materiales “históricos” y los “didácticos” del Nuevo Testamento y creen que solo los didácticos tendrían la intención de enseñar, por lo cual no habría en ese caso que utilizar materiales históricos para formular doctrina y prácticas normativas.

1) Punto de vista en contra de la posición pentecostal por Hoekema y Scott.

• Distinguen entre los materiales históricos y didácticos en el Nuevo Testamento con respecto a la diferencia de propósito y uso entre ambas clases de material.

• Alegan que los históricos son precisamente eso; históricos y que los didácticos fueron creados para enseñar.

• Basado en esto, dicen que el libro de los Hechos es histórico.

• Consideran que las enseñanzas de Jesús y los escritos de los apóstoles son didácticos.

• Por lo tanto, como el libro de los Hechos es Histórico, no se pueden formular doctrinas y practicas basadas en él como normativas.

• Los que están a favor de esta posición distinguen entre la hermenéutica pragmática y la científica. El argumento es, si el libro de los Hechos es visto como histórico, no puede dictar normas en cuanto el bautismo del Espíritu Santo para la iglesia de hoy. En otras palabras, dicen que los escritos históricos son “historia descriptiva de la Iglesia Primitiva” y, como tales, “no se deben traducir en experiencias normativas para la Iglesia presente”. En concordancia con esto, Gordon D. Fee afirma que lo que Lucas, como historiador, presenta con respecto al bautismo en el Espíritu Santo, es lo que era la experiencia normal de los cristianos del primer siglo.

Los argumentos anteriores tienen un problema con la intención de Lucas al escribir los Hechos. ¿Fue su intención dictarle a las generaciones futuras que el bautismo era también para ellos, y que era una experiencia separada de la que experimentaron en la conversión? El apóstol Pablo creía que “las cosas que se escribieron antes (en el Antiguo Testamento), para nuestra enseñanza se escribieron” Ro. 15:4; también los pentecostales creen que cuanto fue escrito en Hechos, fue escrito para nuestra enseñanza, al igual que los evangelios o las epístolas. I. Howard Marshall, distinguido evangélico no pentecostal, sostiene la posición de que Lucas era a un tiempo historiador y teólogo. Si la posición de Marshall es correcta, entonces el material de Lucas, como el de cualquier otro teólogo del Nuevo Testamento, es una fuente válida para comprender lo que es normativo para las doctrinas y prácticas cristianas.

2. Punto de Vista de Stronstad y Menzies (pentecostales).
• Lucas era historiador y teólogo.

• Stronstad reconoce que la obra de Lucas es narrativa histórica, pero rechaza la suposición de que dicho material carezca de intención instructiva. Menzies está de acuerdo: “El género de Hechos no es simplemente histórico, sino también intencionalmente teológico”. Con esto quiere decir que Lucas tuvo la intención de enseñar lo que es normativo para la doctrina, la práctica y la experiencia cristianas.

• Stronstad y Menzies sostienen que Lucas escribió el libro de los Hechos para nuestra enseñanza. Para apoyar su tesis, Stronstad observa que “Lucas y Hechos no son dos libros separados … Más bien son, de hecho, las dos mitades de una sola obra, y se deben interpretar como una unidad”. La intención de una es compartida por la otra. Stronstad continúa reforzando su idea y termina con esta conclusión: “Lucas tuvo un propósito didáctico o catequético, o instructivo, más que simplemente informativo, con respecto a su historia del origen y la extensión del cristianismo”. I. Howard Marshall, distinguido evangélico no pentecostal, sostiene la posición de que Lucas era a un tiempo historiador y teólogo. Lucas, como cualquier otro teólogo del Nuevo Testamento, es una fuente válida para comprender lo que es normativo para las doctrinas y prácticas cristianas. Menzies hace notar que hay “un cuerpo creciente de estudios sustanciales que señalan en la dirección de una clara teología lucana del Espíritu en Lucas y Hechos que apoya el concepto de ‘normatividad’ ”. Gary B. McGee cita otros eruditos que sostienen un punto de vista similar con respecto a la naturaleza teológica de los escritos de Lucas. Ésta es su conclusión: “Por tanto, hermenéuticamente, los pentecostales se encuentran dentro de una línea respetada e histórica de cristianos evangélicos que han reconocido legítimamente que el libro de Hechos de los Apóstoles es un vital depósito de verdades teológicas.”

• Por lo que hemos estudiado nos damos cuenta que el bautismo en el Espíritu es una experiencia distinta, que algunas veces fue claramente posterior, y siempre lógicamente separable de la regeneración. El material de Lucas el teólogo es reconocido como una fuente válida para la doctrina y la experiencia cristiana normales.

• La conclusión es que una experiencia del bautismo en el Espíritu Santo similar, distinta y separable, es normativa para la experiencia cristiana contemporánea. Donald A. Johns presenta esta posición: “la aplicación de los principios aceptados… apoyará el concepto de que ser bautizado en el Espíritu Santo es algo distinto a la conversión… La conversión comprende el establecimiento de relaciones con Dios; ser bautizado en el Espíritu comprende la iniciación en un ministerio poderoso y carismático”.



II. Evidencias del Bautismo en el Espíritu Santo.

Central también dentro del estudio contemporáneo de esta doctrina es la evidencia (o evidencias) del bautismo en el Espíritu Santo. Tomadas en conjunto, la posición que uno tome sobre la separabilidad y la evidencia determina grandemente o, al menos, influye sobre toda su doctrina sobre el bautismo en el Espíritu Santo. Esta sección estudia el tema de las lenguas como la evidencia física (o externa) inicial del bautismo en el Espíritu Santo. También estudia otras evidencias del bautismo en el Espíritu en la vida de la persona individual.

Las lenguas  como evidencia física inicial.

Respecto a las lenguas como la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo, estos puntos de vista se pueden categorizar de la siguiente manera:

• A) Las lenguas no son evidencia de estar bautizados en el Espíritu Santo (evangélicos tradicionales). Bruner, argumenta en concordancia con su convicción de que el bautismo en el Espíritu Santo y la conversión cristiana son lo mismo, niega igualmente que las lenguas sean la evidencia de esta experiencia. Afirma que la fe expresada en la confesión “Señor Jesús” es la única evidencia de la venida y presencia del Espíritu. Carl Henry articula así la posición anterior de la siguiente manera: “la presente controversia se centra grandemente en la afirmación por parte de los carismáticos de que las lenguas son evidencia del bautismo del Espíritu… Este punto de vista no tiene el apoyo de ninguno de los hombres fuertes del pasado, como Lutero, Calvino, Knox, Wesley, Whitefield, Edwards, Carey, Judson y otros”.

 Aquéllos que toman esta primera posición en el tema de las lenguas como evidencia, presentan con frecuencia un extenso estudio de los materiales de Hechos sobre este tema. Hoekema reconoce tres incidentes en Hechos en los que hubo lenguas. Pero observa también: “En el libro de Hechos hay nueve ocasiones en las que se describe que las personas son llenadas o están llenas del Espíritu Santo, y donde no se hace mención de las lenguas”. Por consiguiente, llega a la conclusión de que las lenguas no son evidencia de haber recibido el bautismo en el Espíritu Santo. Bruner está de acuerdo con Hoekema. Según Bruner, es la fe, y no las lenguas, la que sirve como medio y evidencia a la vez del bautismo en el Espíritu.

• B) El segundo punto de vista dice que: las lenguas a veces son evidencia de estar bautizados en el Espíritu Santo (movimiento carismático). Henry I. Lederle reconoce que la Glosolalia (lenguas o idiomas no identificables) se encuentra entre los “aspectos legítimos de nuestra fe apostólica”, pero rechaza la doctrina de que las lenguas sean la única evidencia del bautismo en el Espíritu santo. Cree que a esta doctrina le falta “apoyo explícito o concluyente” en las Escrituras. Lederle concuerda con otros carismáticos en que “no hay afirmación alguna en el Nuevo Testamento donde se indique que [la Glosolalia] sea la única evidencia.

• C) El tercer punto de vista dice que: las lenguas siempre son evidencia de estar bautizados en el Espíritu Santo (movimiento pentecostal). Su conclusión acerca de que las lenguas son evidencia física inicial del bautismo en el Espíritu Santo se basa en las Escrituras; especialmente en el libro de Hechos. En tres casos en los que Lucas presenta detalles sobre personas que están experimentando el bautismo en el Espíritu Santo, es claramente evidente que hablan en lenguas. 1) En el día de Pentecostés, los ciento veinte hablaron en lenguas — Glosolalia —, en idiomas de los que ellos no tenían dominio en circunstancias normales (Hechos 2:4). 2) El siguiente caso claro de lenguas en Hechos es el suceso de la casa de Cornelio (Hechos 10:44–46). Horton observa: “El Espíritu dio la evidencia, y sólo dio una. ‘Los oían que hablaban en lenguas, y que magnificaban a Dios’ (exactamente como en Hechos 2:4, 11).” Y el 3) y último caso claro es el incidente relacionado con los discípulos de Éfeso (Hechos 19:1–6). El Espíritu Santo había descendido sobre aquellos doce discípulos, poco informados hasta el momento.

Los pentecostales sostienen además que los relatos de Lucas no sólo revelan esta pauta, sino que también enseñan que las lenguas son normativas para la doctrina y la práctica cristiana, es decir, siempre se espera que las lenguas sean la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo a lo largo de toda la historia de la Iglesia (aun cuando en las escrituras no existe afirmación preposicional que diga que el bautismo vendrá acompañado de las lenguas).

En conclusión, los pentecostales creen: • 1) que el bautismo en el Espíritu Santo es la venida de esa presencia y ese poder especiales del Espíritu, y • 2) que la evidencia inicial de esto son las lenguas, tanto hoy como en el libro de Hechos.


Otras evidencias del Bautismo.

Robert Menzies destaca: “La manifestación de lenguas es una evidencia de la dimensión pentecostal de la obra del Espíritu, pero no el don en sí mismo”. Propiamente entendido, uno recibe el Espíritu, no las lenguas.

Necesitamos ahora notar especialmente que, al entender de los pentecostales, el hablar en lenguas es solo la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu Santo. En la vida de quienes los reciben, hay otras evidencias de su presencia especial.

Para algunos, el fruto del Espíritu (el conjunto de cualidades de la personalidad cristiana), es la evidencia prolongada de que se está bautizado en el Espíritu santo.

Los pentecostales sostienen en general que el fruto del Espíritu, no constituye una evidencia prolongada del bautismo en el Espíritu, pero estas cualidades deben quedar resaltadas en quienes tengan esta experiencia.

Los dones del Espíritu. Ervin ve las “manifestaciones carismáticas” como “evidencias del poder del Espíritu” y de “la plenitud prolongada del Espíritu”. Escribe al respecto: “el bautismo en el Espíritu y la plenitud del Espíritu son expresiones sinónimas, y la dimensión carismática de la experiencia cristiana es evidencia de la plenitud del Espíritu Santo”.

Hoy en día, como en la iglesia de Corinto, la operación de los dones de Espíritu significa que aquellos que manifiestan los dones han experimentado un derramamiento del Espíritu Santo, o el bautismo en el Espíritu Santo.

J. R. Williams hace observar que “el propósito central de la entrega del Espíritu es ese poder capacitador por medio del cual se puede llevar adelante el testimonio de Jesús, tanto en palabras como en obras”. Ernest S. William identifica ese poder del Espíritu como la “evidencia más importante de la experiencia pentecostal, el cual, produce un dinámico poder del Espíritu Santo en la vida del participante.



III. La Disponibilidad del Bautismo en el Espíritu Santo.

¿Está el bautismo en el Espíritu Santo al alcance de los creyentes de hoy, o solo estuvo disponible durante la era apostólica del Nuevo Testamento?

La mayor parte de los pentecostales y evangélicos no pentecostales están de acuerdo con su disponibilidad para los tiempos de hoy, pero difieren en algunas cosas.

Los eruditos como Hoekema, Bruner y Dunn aceptan que el bautismo en el Espíritu Santo forma parte de la realidad cristiana, pero no es una experiencia distinta de la regeneración. Según el punto de vista de estos eruditos, el bautismo en el Espíritu sólo es una parte del acontecimiento total de convertirse en cristiano, llamado por Dunn conversión e iniciación.

Algunos dicen que el bautismo cesó cuando quedó terminado el canon del Nuevo Testamento (1 Corintios 13:8-12).

Los Pentecostales dicen: • La disponibilidad del bautismo en el Espíritu Santo comenzó el Día de Pentecostés y es evidenciado por las lenguas.

• Que la experiencia se ha repetido a millones de personas después del Día de Pentecostés. Y que es axiomático que el bautismo no cesó con el día de Pentecostés, ni tampoco al terminar la era apostólica. Cree que esta evidencia es un derecho inherente a todo cristiano.

• Los pentecostales no insinúan que los cristianos que no hayan hablado en lenguas no tiene el Espíritu Santo.

• El bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia inicial de las lenguas puede suceder en la conversión, o posteriormente. En ambos casos, el Espíritu habita en de la persona desde la regeneración.

• Riggs dice: “todos los creyentes tienen al Espíritu Santo; con todo… todos los creyentes, además de tener al Espíritu Santo, pueden ser llenados con él o bautizados en él”.

 

IV. La razón de Ser del bautismo en el Espíritu Santo.


La experiencia inicial, evidenciada por las lenguas, solo es una apertura hacia otras dimensiones de la vida en el Espíritu.

Es la entrada a una forma de adoración que bendice al resto de los creyentes.

Es la entrada que conduce a los variados ministerios del Espíritu Santo llamado dones entre los que se incluyen los muchos ministerios espirituales.

Llena de poder nuestro testimonio de tal manera que otros pueden entrar igualmente a la vida y la salvación.

Se recibe poder para servir.

Entonces: la razón por la que recibimos el bautismo en el Espíritu Santo (la dimensión continuada de la vida capacitada por el Espíritu), es la que hace que la experiencia sea en sí lo suficientemente importante como para conocerla, comprenderla, y participar en ella. El propósito de esta experiencia es el elemento definitivo y más importante, el que hace que el bautismo en el Espíritu Santo sea separable y distintivo en relación a la regeneración. J. R. Williams señala: “[Los pentecostales] sostienen con firmeza que, además, y por una razón totalmente distinta a la salvación, hay otra actuación del Espíritu Santo que prepara al creyente para un servicio mayor.”

La convicción, la justificación, la regeneración y la santificación son todas obras importantes del Espíritu. Con todo, hay “otro modo de operar, su obra energizadora”, que es diferente e igualmente importante, afirma Myer Pearlman. “La característica principal de esta promesa es el poder para servir, y no la regeneración para vida eterna.” El bautismo en el Espíritu es “distinto a la conversión”, dice Robert Menzies, en que “desata una nueva dimensión en el poder del Espíritu: es una investidura de poder para servir”.

 

V. La Recepción del Bautismo en el Espíritu Santo.


¿Cómo se recibe esta experiencia especial?

Hay diversos puntos de vista con respecto a las condiciones para recibir esta experiencia:

Algunos dicen que el único requisito es la conversión. (Dunn y Bruner por ejemplo).

Otros dicen que se recibe por fe; una fe obediente y activa.

Los pentecostales se suelen centrar en la oración, la obediencia, una entrega total al Señor y la expectación los cuales producen el contexto, o la atmosfera, en el cual se recibe el bautismo en el Espíritu Santo. Explican que aunque estas condiciones para ser bautizado en el Espíritu Santo sean necesarias después de la regeneración, no lo son más allá de las condiciones para la salvación.



Conclusión:


Para que la iglesia tenga la dimensión dinámica de la vida en el Espíritu operando en ella, los creyentes deben recibir personal e individualmente este bautismo en el Espíritu Santo.

Carl Henry observa: “Descuidar la doctrina del Espíritu Santo, es crear una iglesia confundida e incapacitada”. Los pentecostales creen que la recuperación de la doctrina y la experiencia del bautismo en el Espíritu Santo es comparable a la recuperación de la doctrina de la justificación por la fe en la Reforma.

La experiencia del bautismo en el Espíritu Santo, le infunde a la Iglesia de hoy la calidad de vida espiritual dinámica y de experiencia que era normal en la iglesia del Nuevo Testamento.

Para los eruditos en Nuevo Testamento es difícil negar la validez de una experiencia dinámica y única del bautismo en el Espíritu Santo apoyados en la Biblia. Dunn declara: “Ni que decir tiene que en Hechos la recepción del Espíritu era una experiencia muy viva y ‘concreta’.”