Cristología

Introducción:

El Señor Jesucristo es la figura central de toda la realidad cristiana; por consiguiente, las verdades acerca de Él son centrales en el cristianismo. Ninguna teología que le quite importancia a Cristo para poner a la humanidad en el centro, podrá revelarnos de manera completa la plenitud de lo que enseña la Biblia.


El conocimiento de Jesús.


Los cristianos creen de manera universal que Jesús está vivo en el presente, centenares de años después de su vida y muerte sobre la tierra y que está en la presencia de Dios padre en los cielos. Con todo, lo cierto es que esta persuasión es producto de lo que llamamos fe salvadora, por medio de la cual la persona tiene un encuentro salvador con Jesucristo, y por medio del arrepentimiento y la fe, es regenerada, convirtiéndose en una nueva criatura.

A. El conocimiento espiritual. Se produce a través del Espíritu Santo que habita en nosotros.

Este conocimiento de Jesús como salvador nos conduce por medio de la experiencia, a una comprensión espiritual de la existencia personal de Jesús en el presente.

Jesús es el objeto de nuestro conocimiento.

Jesús es el objeto de nuestra fe.

El conocer a Jesús produce crecimiento espiritual a través del Espíritu Santo.

B. Conocimiento Histórico de Jesús.

Algunos, como Martin Dibelius y Rudolf Bultmann, quisieron separar el Cristo histórico del Cristo de la fe. Alegaban que los escritos de los evangelios sobrepusieron sobre el material escrito su propia creencia en que Jesús era el Mesías. Otros creían que Jesús no tenía conciencia de ser el Mesías y que estos títulos se le habían aplicado después de su resurrección. 

Otros eruditos han tenido más seguridad en cuanto a la relación entre el Jesús de la historia y el Cristo de la fe. Nils Dahl ha presentado el argumento de que la investigación histórica sobre Jesús tiene legitimidad teológica y nos puede dar comprensión sobre Jesús, particularmente ante las tendencias de la Iglesia a crearlo a su propia imagen. Charles H. Dodd ha sostenido que los títulos cristológicos proceden en realidad del ministerio terreno de Jesús, y que Él llegó a comprender que era el Mesías cuando lo estaban juzgando. Por último, Joachim Jeremías ha presentado argumentos a favor de la necesidad de basar el cristianismo en las enseñanzas de Jesús tal como las presentan los evangelios, los cuales él considera dignos de confianza.


Los problemas de la Metodología.
El estudio de la Cristología sugiere al menos los siguientes aspectos como zonas fronterizas para la metodología. ¿Qué se quiere decir con metodología? La metodología hace referencia al conjunto de procedimientos racionales utilizados para alcanzar una gama de objetivos que rigen una investigación científica, una exposición doctrinal o tareas que requieran habilidades, conocimientos o cuidados específicos. Alternativamente puede definirse la metodología como el estudio o elección de un método pertinente para un determinado objetivo.

La Cristología funcional: define a Jesús por lo que hizo. Este método ha sido presentado por los teólogos y exegetas bíblicos. Puesto que las cristologías funcionales insisten sobre todo en las acciones de Jesús sobre la tierra como hombre, tienden a hacer resaltar su humanidad a expensas de su divinidad.

La Cristología ontológica: define a Jesús por quien es. Este método ha sido presentado por los teólogos sistemáticos.

 Si se piensa en “Hacer” como opuesto a “ser” se crea el problema de la Cristología funcional, como opuesta a la ontológica.

La Cristología no estaría completa, si no consideramos la relación que existe entre la Cristología, la salvación y el reino de Dios que ha sido profetizado. Para los escritores del Nuevo Testamento la Cristología no permanece aislada, como una categoría abstracta de conocimiento. La preocupación de estos autores es la salvación de la humanidad por Dios a través del único mediador, el Señor Jesucristo. (Mt. 28:19-20; Hch. 2:38; Ro. 1:16)

Entonces, puesto que la salvación es el punto de partida en el mensaje del Nuevo Testamento, se debe tomar la cruz de Cristo como el elemento central de definición, puesto que, fue allí donde se realizó nuestra salvación.

El cumplimiento de muchas profecías del Antiguo Testamento en la encarnación, vida, muerte y resurrección de Jesús, muestra la irrupción del reino de Dios. Mientras que el judaísmo esperaba que el Mesías representara un papel clave en la liberación política de la nación, el cristianismo enseña que Jesús es realmente el Mesías de Dios, aunque haya rechazado la autoridad política en su primera venida. En la teología cristiana, esto conduce a la necesidad de la Segunda Venida como realidad futura. Por supuesto, ambas verdades se basan en las enseñanzas de Jesús presentadas en el Nuevo Testamento. Las dos venidas de Cristo son dos polos del plan de Dios, cada una de ellas necesaria para tener una imagen total de Jesucristo, el Mesías de Dios.

Una comprensión Neo Testamentaria de Jesucristo. 

Los títulos que recibe Jesús en el Nuevo Testamento nos ayudan a comprenderlo de maneras que tenían mucho significado en mundo antiguo en el que vivió.

Señor y Cristo: Hechos 2:36 “Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.”

Este Jesús exaltado es el mismo Jesús que fue crucificado.

El que Dios Padre haya hecho de Jesús Señor y Cristo es el sello máximo de aprobación sobre su vida y ministerio.



Siervo y Profeta: leer Hechos 3:12-26.

14 …Más vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,

15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos…

Al leer este pasaje nos damos cuenta que Pedro llama a Jesús de diferentes maneras, todas ellas nos muestran detalles de su naturaleza, por ejemplo: “Santo” “Justo” “Autor de la vida”.


“Siervo” es otro título importante de Jesús (del griego “Páis”, siervo, hijo, niño). En la versión Reina Valera “Páis” se traduce como “Hijo” Jesús, pero la traducción más acertada debería de ser “Siervo” Jesús. (v. 13) (NVI,DHH,LBLA, etc.).

Los judíos esperaban que el Cristo reinase, no que el “Siervo” sufriese.

Pedro lo presenta también como “Profeta” (semejante a Moisés Dt. 18:15) vv. 22-23.

Ciertamente, Josué, sustituto de Moisés, había sido un gran libertador. Sin embargo otro Josué vino (en el idioma hebreo, Josué y Jesús son el mismo nombre). Los primeros cristianos reconocían a Jesús como el cumplimiento definitivo de la profecía de Moisés.

Entonces, al final de este pasaje (Hechos 3:25–26), Pedro les recuerda a sus oyentes el pacto con Abraham, que es muy importante para entender a Cristo. “Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a 􀉹n de que cada uno se convierta de su maldad.” Está claro que Jesús trae ahora la bendición prometida, y es el cumplimiento del pacto con Abraham, y no simplemente el cumplimiento de la ley dada a través de Moisés.

Verbo: del “Logos” que es un vocablo griego (traducido “Verbo” en la RV, del latín “verbum” “palabra”) significa “palabra”, “afirmación”, “mensaje”, “declaración” o “el acto de hablar”.

Juan 1:1  En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Esto significa que nunca ha habido una época en que el verbo no haya existido junto al Padre.

Juan presenta al verbo como agente activo en la creación.

Génesis 1:1 nos enseña que Dios creó el mundo. Juan 1:3 nos hace saber que fue el Señor Jesucristo en su estado pre encarnado.

Juan 1:3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.

Juan 1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

Esto es exactamente lo que significa la encarnación: el “Logos” preexistente tomó carne humana y caminó entre nosotros.

Tan importante es la encarnación que la Biblia dice, "...Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo...” (1 Jn. 4:2, 3). Negar la encarnación es doble sentencia: "no es de Dios" es negativo, y “tiene el espíritu del anticristo" es positivo. Negar la perfección absoluta de la Persona de Cristo (Su no-pecaminosidad) puede ser atribuida sólo al espíritu de anticristo.

 
Hijo de Hombre: De todos sus títulos, el de “Hijo de Hombre” es el que Jesús prefería emplear al hablar de sí mismo. “Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo” (Jn. 3:13). (Jesús hablando a Nicodemo)

La expresión “Hijo de Dios” puede tener dos significados principales: 1) es el de que es un ser humano. En ese sentido, todos somos hijos de hombre. 2) la figura profetizada en: Daniel 7:13-14 “Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido”.

Esta persona aparece al final de los tiempos para intervenir drásticamente y traer a este mundo la justicia, el reino y el juicio de Dios.

Mesías: El título Mesías se ha convertido en un nombre para designarlo a Él. El término griego “Cristós” traduce el hebreo “Mashiaj” que ha pasado a las versiones modernas de la biblia como “Mesías” o más frecuentemente, “Cristo”. A partir de su significado básico de ungir con aceite de oliva, se refería a la unción de los reyes, sacerdotes y profetas para el ministerio al que Dios los había llamado.

El título Mesías o Cristo es preeminente entre todos sus títulos. En hechos y las epístolas es llamado Jesucristo (Jesús el Mesías).

Mientras que a Jesús le gustaba usar el título de “Hijo de Hombre”, rehuía el título de “Mesías”. (Mt. 16:16-20; Lc. 4:41; Mt. 26:63-64; Mr 14:60-62, en los 2 últimos pasajes casi fue obligado a confesar).

Quería evitar el término, porque llevaba en sí la connotación de un liderazgo político militar, que no formaba parte de sus actividades con respecto al reino durante su primera venida.

¿Cuándo Jesús declara más abiertamente que es el Mesías?

En Juan 4:25-26 Le dijo la mujer: Sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo; cuando él venga nos declarará todas las cosas. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. (En Sicar de Samaria. v.5)

Herejías relacionadas con las naturalezas de Jesucristo.

La doctrina de Cristo ha sufrido más intentos heréticos de explicarla, que ninguna otra doctrina del cristianismo. Las herejías sobre Cristo estaban ya presentes en los tiempos del Nuevo Testamento, como lo muestra con claridad 1 Juan 4:1-3.

En los tiempos de los Padres de la Iglesia, existían diferencias entre las dos ramas principales de ella en cuanto a la manera de manejar las Escrituras. La Escuela de Alejandría insistía en interpretar las Escrituras de una manera más alegórica. Estos cristianos se dedicaron a defender la divinidad de Cristo, algunas veces a expensas de su humanidad plena. La Escuela de Antioquia insistía en una interpretación literal de las Escrituras. Defendía bien la doctrina sobre la humanidad de Cristo, pero algunas veces lo hizo a expensas de su divinidad plena.

Los Padres de la Iglesia tomaban con máxima seriedad sus controversias contra los herejes. Ellos entendían que los fundamentos del cristianismo estaban en juego en este tema. Muchas veces surgió durante estas controversias una pregunta: ¿Puede realmente el Cristo que se está presentando aquí ser el sacrificio por el pecado del mundo?

Veamos algunas doctrinas heréticas.

El docetismo: (Por su etimología viene de la voz griega dokéo, parecer, dókesis, apariencia.) Esta doctrina apareció a finales del primer siglo de la era cristiana, negaba la realidad de la humanidad de Cristo diciendo que solo había sufrido y muerto en apariencia. No admitían que Jesucristo ha sido hombre verdadero, con cuerpo de carne y hueso; afirmaban que no había sufrido la crucifixión, ya que su cuerpo sólo era aparente y no real. El Cristo descrito por los docetistas no podía salvar a nadie, puesto que su muerte en un cuerpo humano era la condición para que destruyese el poder del dominio de Satanás sobre la humanidad (Hebreos 2:14). Esta doctrina hace imposible la salvación pues contradice Heb. 2:14.

El ebionismo: los ebionitas, de signo farisaico, rechazaban la preexistencia de Jesús, esto es, que tuviera naturaleza divina y que su nacimiento hubiera sido virginal​ e insistían en la necesidad de seguir los ritos y leyes judías cumpliendo preceptos como la circuncisión, el sábado o las prohibiciones alimenticias.​ Los ebionistas solo utilizaban uno de los evangelios según los hebreos,​ reverenciaban a Santiago y rechazaban a Pablo de Tarso como un apóstata de la ley.​ Comenzaron a enseñar que Jesús sólo era un hombre, engendrado por José y María. Algunos enseñaban que Jesús había sido hecho el Hijo de Dios al ser bautizado por Juan. Obviamente, su enseñanza, también llamada adopcionismo, no estaba de acuerdo con las afirmaciones de Juan y Pablo en el Nuevo Testamento acerca de los orígenes de Cristo.

El arrianismo: (Arrio había sido discípulo de Luciano de Antioquía en su academia de Antioquía, y heredó de él una versión modificada de las enseñanzas de Pablo de Samosata.) A principios del cuarto siglo, Arrio presentó con vigor sus enseñanzas, para los arrianos el Padre existe solo. En Dios habitan dos poderes: la Palabra y la Sabiduría. El Hijo no es verdaderamente Dios, pero Dios lo creó perfecto. El alma humana de Cristo fue reemplazada por la Palabra (el Verbo o Logos). El Espíritu Santo no es Dios, sino es una energía o sustancia creada. El problema básico de la enseñanza de Arrio era su insistencia en que el Hijo había sido creado por el Padre. El Credo de Nicea (325) rechazó esta doctrina como herejía.

El apolinarianismo: Creía en la definición nicena sobre la divinidad de Cristo, pero sostenía que, como hombre, Jesús habría tenido espíritu, alma y cuerpo. Añadir a esto la completa divinidad del Hijo tendría por consecuencia un ser cuatripartito, lo cual para Apolinar sería una monstruosidad. La solución a este problema para Apolinar consistía en que el Lógos, que representa la divinidad completa del Hijo, habría reemplazado al espíritu humano en el hombre llamado Jesús. Por este medio, Apolinar realizaba la unión de lo divino y lo humano en Jesús. Él llegó a esta conclusión a partir de la premisa filosófica de que “dos seres perfectos no se pueden hacer uno solo”. Para él el “Logos”, que representa la divinidad completa del Hijo, habría reemplazado al espíritu humano en el hombre llamado Jesús. El Concilio de Constantinopla (381) rechazó sus enseñanzas, pues estas, contradicen a Hebreos 2:14, 17.

El monarquismo: fue dividido en dos grupos principales: los Monarquianismo dinámico y los Monarquianismo modalista. El Monarquianismo Dinámico enseña que Dios es el Padre y que Jesús es sólo un hombre, negando la subsistencia personal del Logos y que el Espíritu Santo es una fuerza o presencia de Dios el Padre. El Monarquianismo Modalista enseña que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son sólo modos de la única persona la cual es Dios. En otras palabras, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son personas simultáneas y separadas, sino modos consecutivos de una sola persona. 

El nestorianismo: Nestorio fue el impulsor de esta doctrina. Considera a Cristo radicalmente separado en dos naturalezas, una humana y una divina, completas ambas de modo tal que conforman dos entes independientes, dos personas unidas en Cristo, que es Dios y hombre al mismo tiempo, pero formado de dos personas distintas. Quería que María fuera llamada “portadora de Cristo” en vez de “Portadora de Dios”. Y presentar a Jesús como el portador de Dios. También enseñaba que el “Logos”, la Deidad completa, habitaba en el Jesús humano, de una forma similar a como habita el Espíritu Santo en el creyente. Lo que las mantenía juntas, a la divinidad y la humanidad, era una unión moral proporcionada por la perfección de Jesús, según afirmaba Nestorio. El Concilio de Éfeso (431d.C.) lo rechazó.

El eutiquianismo: El eutiquianismo, también conocido como monofisismo, comenzó con la afirmación de que el cuerpo de Jesús no era idéntico al nuestro, sino que era un cuerpo especial formado para la condición mesiánica de Jesús. Según Eutiques (378–454 d.C), esto creaba la posibilidad de que lo divino y lo humano se hubiesen mezclado para crear una sola naturaleza, en lugar de dos. Por consiguiente, en la encarnación, Jesús era una persona con una naturaleza (monofisismo), una humanidad divinizada, distinta a toda otra humanidad. El Concilio Ecuménico que celebrado en Calcedonia en 451, condenará como herética la doctrina monofisita de Eutiques.


Consideraciones sistemáticas sobre la Cristología.

Hay cuatro elementos en la doctrina sobre Jesucristo que es necesario relacionar entre sí en nuestro marco teológico significativo: 1) el nacimiento virginal. 2) Jesús: una persona dos naturalezas. 3) lugar de Jesús en la Trinidad. 4) Jesús como el que bautiza en el Espíritu Santo.

1. El nacimiento virginal. Esta doctrina nos presenta la fase inicial sobre como Jesús ha podido ser Dios y hombre a un mismo tiempo. Por tanto, es probable que ninguna doctrina del cristianismo haya sufrido un escrutinio tan extenso como el nacimiento virginal. Muchos eruditos de los dos siglos pasados han tenido prejuicios contra lo sobrenatural; por eso, han actuado prejuiciadamente al estudiar el nacimiento de Jesús. Esta doctrina depende, en cuanto a su existencia, de la realidad de lo sobrenatural. La misma expresión “nacimiento virginal” refleja esta realidad.

¿Qué es lo sobrenatural? La respuesta a esta pregunta depende del sentido que se le dé a la palabra naturaleza. Si por naturaleza se significa el mundo externo gobernado por leyes fijas, entonces las almas de los hombres y otros seres espirituales no quedan incluidas bajo este término. En este uso de la palabra naturaleza, lo sobrenatural es sinónimo con lo espiritual, y la teología, como la ciencia de lo sobrenatural, es sinónimo con la Pneumatología. La palabra naturaleza es a menudo tomada en un sentido más amplio, para incluir al hombre. Entonces tenemos un mundo natural y un mundo espiritual. Y lo sobrenatural es lo que en este sentido trasciende a la naturaleza, de modo que lo que es sobrenatural es también necesariamente sobrehumano. (Charles Hodge)

El nacimiento virginal significa que Jesús fue concebido siendo María una virgen, y que ella seguía siendo virgen cuando nació (no que las partes del cuerpo de María hayan sido preservadas sobrenaturalmente del curso de acontecimientos que tienen lugar en el nacimiento humano, como enseñan algunos.).

Uno de los aspectos en disputa con respecto al nacimiento virginal es el origen del concepto mismo. Algunos eruditos han tratado de explicar dicho origen por medio de paralelos helenísticos. Sin embargo esto nos llevaría a ignorar el uso de Isaías 7:14 en Mateo 1:18-22. Tanto Mateo como Lucas usan la palabra griega “Parzénos” para describir a María como una Joven soltera y sexualmente pura. En Mateo 1:23, esta palabra griega traduce la palabra hebrea “almá”, tomada de Isaías 7:14. El significado contextual indica la virginidad corporal de María, quien entonces se convirtió en la madre del Señor Jesús.

La concepción de Cristo en el vientre de la virgen está fuera de nuestra comprensión. No debemos hablar del nacimiento virginal como la concepción inmaculada (Luc. 1:47). Este es el dogma religioso de algunos de que María fue concebida y nacida sin el pecado original.

Las cosas naturales son basadas en la razón; las cosas sobrenaturales son basadas en la fe. Esto es sobrenatural, y el poder del Espíritu es la razón para el milagro. El ángel concluyó, "Porque nada hay imposible para Dios” (Luc. 1:37). María preguntó, "... ¿Cómo será esto...?”(Luc. 1:34); pero descansó en la resolución del ángel: "...Engrandece mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador” (Luc. 1:46, 47). Como María descansó en esta resolución, también debemos nosotros.

2. Jesús: una Persona dos naturalezas. La Unión Hipostática.
La unión hipostática es la descripción de la unidad entre la naturaleza divina y la humana en la Persona única de Jesús. Las enseñanzas de las Escrituras sobre la humanidad de Jesús nos muestran que en la encarnación, Él se hizo plenamente humano en todos los aspectos de la vida, con excepción de la comisión real de ningún pecado. En otras palabras, nos dice que Jesús, en su única Persona, es totalmente divino y totalmente humano. Existe una unión. Los elementos unidos son la naturaleza humana y la divina. Por naturaleza, en este contexto, se significa sustancia. En griego, las palabras correspondientes son “phusis” (“phisis”) y “ousia”; en latín, “natura” y “substantia”.

Jesús era totalmente humano

Una de las formas que se usa para conocer la naturaleza humana de Jesús es usar los mismos términos que describen varios aspectos de los humanos.

El Nuevo Testamento usa palabra “pneuma”, “espíritu” para describir al espíritu del hombre; esta voz se emplea con respecto a Jesús (Lc. 23:46).

El Jesús encarnado también tenía un alma humana (Mt. 26:36-38).

Jesús tuvo un cuerpo humano igual al nuestro (Heb. 2:14-18).

Otro testimonio a favor de la totalidad de la humanidad de Jesús es su participación en la debilidad humana ordinaria (Juan 4:6; Mateo 4:2).

Jesús era totalmente divino

El Nuevo Testamento sirve como una fuente Escritural para afirmar esta verdad. Juan 1:1-3 Jesús como el Verbo existía como Dios mismo. Gn. 1:1 sitúa a Jesús en el orden eterno de la existencia, junto al Padre.

Juan 8:58 Jesús se llama “Yo Soy”. (Éxodo 3:14)

El Espíritu Santo por medio de Pablo también da claro testimonio a favor de la divinidad de Jesús en Filipenses 2:5-7 “Cristo siendo igual a Dios se despojó a sí mismo…”

Cuando usamos todos los datos del Nuevo testamento sobre este tema nos damos cuenta de que Jesús no dejo de ser Dios durante su encarnación; lo que hizo fue renunciar al ejerció independiente de los atributos divinos.

A pesar de las afirmaciones claras en las Escrituras sobre la divinidad de Jesús, los eruditos críticos modernos, contrarios a lo sobrenatural, han sido renuentes a aceptar el concepto canónico sobre su divinidad.

Juan Knox, por ejemplo, afirmó que la Cristología se movió de un adopcionismo primitivo a un kenoticismo, y después al encarnacionalismo.

Por “Adopcionismo primitivo” se entiende que Jesús fue hecho Hijo de Dios por el Padre sin consideración alguna acerca de su preexistencia o vaciamiento.

“Kenoticismo”: Término gr. que significa “despojo”, “anonadamiento” (Fil. 2:7, 8), usado de la encarnación del Hijo Eterno de Dios para venir a ser hombre, Jesús de Nazaret. Por la “kenosis”, Jesús asumió voluntariamente la naturaleza humana de una manera perfecta, sin pecado. Voluntariamente se sujetó a las circunstancias de la naturaleza humana (por ejemplo: Jn. 4:6: “cansado del camino”). Sin embargo, La “teoría kenotica”, sustraída de Filipenses 2:7, es una vana filosofía tan moderna que dice que Jesús, cuando vino a esta tierra, se despojó de todo lo que lo hacía divino (los atributos divinos) para convertirse solamente en hombre. D.M. Baillie, criticó esta doctrina e hizo estos comentarios dignos de notar: “En lugar de darnos una doctrina de la Encarnación en que Jesús es ambos, Dios y hombre, ésta parece dar una historia de teofanía temporal, en la que el que en tiempos pasados era Dios se cambió a Sí mismo temporalmente en hombre, o cambió Su divinidad por humanidad... Porque aunque el Hijo de Dios guarda de esta manera Su identidad personal al convertirse en el sujeto de los atributos humanos que asume, se ha despojado a Sí mismo de los atributos claramente divinos; el kenoticismo entonces dice: que el que antes de la Encarnación había sido un Ser divino ahora se convirtió en hombre, con atributos humanos en lugar de divinos, temporalmente. Si admitimos sus implicaciones, que parecen más como una historia pagana de metamorfosis que la doctrina Cristiana de la Encarnación, la cual siempre ha encontrado en la vida de Jesús en la tierra a Dios y el hombre en unión simultánea — la Deidad `velada en la carne’ pero no cambiada en humanidad”.

Por lo tanto, no se puede usar el hecho de la “Kenosis”, como algunos pretenden, para limitar el valor de los pronunciamientos de Jesús, como condicionados por los puntos de vista de su tiempo. Él sabía cuándo desconocía algo como Hombre y no le era dado manifestarlo (Mr. 13:32). Por otra parte, podemos estar seguros de que, así como toda su vida fue vivida en una estrecha comunión con el Padre, nada de lo que dijo era imperfecto ni teñido por ninguna ignorancia, sino todo aquello que el Padre quería mostrarnos (Jn. 8:28). Para una justa comprensión de la “Kenosis” se tiene que tener en cuenta la perfecta divinidad de Cristo, su perfecta humanidad y su consiguiente absoluta dependencia del Padre como Hijo amado, y de Dios como Siervo Perfecto.

Encarnacionalismo”: es el acto por el que el Hijo de Dios se revistió voluntariamente de un cuerno humano y de la naturaleza humana. En otras palabras, que el Hijo preexistente se convierte en hombre, tomando carne humana.

Está claro que la Biblia presenta amplias evidencias de afirmaciones, tanto a favor de la humanidad de Jesús, como de su divinidad. Ahora nos queda por establecer de qué manera pueden estar juntas estas dos naturalezas en una Persona.

Por ejemplo, el cobre y el zinc constituyen una aleación de bronce. Los elementos constitutivos pierden sus características distintivas y producen una tercera sustancia.

La Persona de Jesús abarca dos realidades distintas: la divina y la humana. Se nos enseña que los elementos combinados en la constitución de su naturaleza, esto es, su humanidad y divinidad, son dos naturalezas o sustancias distintas unidas en su Persona. Ésta ha sido la fe de la Iglesia universal. Puesto que Calcedonia (451) localizó la unión en la persona de Cristo, usando el término griego “Hypóstasis”, se suele llamar a esta doctrina “la unión hipostática”.

Tal como se entiende normalmente, Dios es Dios y la humanidad es humanidad, y hay una distinción cualitativa entre ellos. Cuando decimos que Dios es Dios-Hombre estamos reuniendo categorías que normalmente se excluyen mutuamente.

Hay dos maneras de responder a este dilema: 1) haciendo ajustes a la naturaleza humana de Jesús y 2) consiste en afirmar que la unión de las dos naturalezas es una paradoja (en retórica, es una figura de pensamiento que consiste en emplear expresiones o frases que implican contradicción. La paradoja también permite demostrar las limitaciones de las herramientas de la mente humana). 

Pero así no queda resuelta la incoherencia lógica de un Dios que es hombre.

Por tanto, para concluir con el tema de la Unión Hipostática, resumimos que los hechos revelados en la Escritura acerca de Cristo nos conducen a creer: 1) Que en Su persona están unidas inseparablemente dos naturalezas, la divina y la humana; y la palabra naturaleza en esta conexión significa sustancia. 2) Que estas dos naturalezas o sustancias no están mezcladas ni confundidas de manera que formen una tercera, que no es ni la una ni la otra. Cada naturaleza retiene todas sus propias propiedades sin cambios; de modo que en Cristo hay una inteligencia finita y una inteligencia infinita, una voluntad o energía finita, y una voluntad infinita. 3) Que ninguna propiedad de la naturaleza divina es transferida a la humana, y que mucho menos ninguna propiedad de la humana es transferida a la divina. La humanidad en Cristo no es deificada, ni la divinidad queda reducida a las limitaciones de la humanidad. 4) La unión de las naturalezas no es un mero contacto u ocupación de la misma porción del espacio. No es una morada, ni un simple control de la naturaleza divina sobre las operaciones de la humana, sino una unión personal; una unión tal que su resultado es que Cristo es una persona con dos naturalezas distintas para siempre; a la vez cien por ciento Dios y cien por ciento hombre.

Así que hasta aquí llega la Teología sistemática en este tema, y si a nuestra finita comprensión le cuesta entender lo antes dicho, debe aparecer en el cristiano “la teología de la fe”. Si las personas no pueden entender cómo Cristo puede ser completamente Dios en la tierra y al mismo tiempo ser completamente hombre, entonces ese es un problema que ellos tendrán que resolver. Los cristianos aceptamos esto por fe, no porque podamos entenderlo del todo. La incredulidad hace que los hombres traten de explicar eso en dirección opuesta de la Deidad (los atributos y características que hacen de Jesús lo que es).


3. Lugar de Jesús en la Trinidad.

• Jesús se halla en una relación profunda con la Tercera Persona de la Trinidad.

Para que tengamos una buena comprensión, es esencial que sepamos cómo Jesús es el Hijo en su relación con el Padre, y de qué manera es Él el dador del Espíritu Santo. (Esto ha sido estudiado en el Cap. 5. La Santa Trinidad)

4. Jesús y el Espíritu Santo.

Jesús se halla en una relación profunda con la Tercera Persona de la Trinidad. Comencemos por recordar que fue el Espíritu Santo el que realizó la concepción de Jesús en el seno de María (Lucas 1:34–35).

Necesitamos reconocer que las promesas de un derramamiento del Espíritu Santo hechas tanto en el Antiguo como el Nuevo, tiene su cumplimiento en la actividad de Jesucristo.

El Espíritu Santo en la Encarnación de Jesús (Lucas 1:34-35).

Fue el Espíritu Santo que descendió sobre Jesús en su bautismo (Lucas 3:21-22). James Dunn alega extensamente que Jesús fue adoptado como Hijo de Dios en el momento de su bautismo. Observemos que Lucas 1:35 afirma: “El Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” Howard Ervin hace un buen resumen de este argumento: “Jesús es el Hijo de Dios por naturaleza. Nunca fue, es ni será otra cosa, más que el Hijo de Dios… No hay sentido alguno en el que Jesús sólo se haya convertido en Mesías e Hijo en el Jordán.”

Lucas 4:1 también señala con claridad que el poder del Espíritu Santo que Jesús recibió lo preparó para enfrentarse a Satanás en el desierto y para inaugurar su ministerio terrenal.

Jesús es el protagonista en el derramamiento del Espíritu Santo (Joel 2:28-29). Aunque en el presente Jesús realiza la labor de Sumo Sacerdote, una de las maneras más importantes en que conocemos a Jesús hoy es en su capacidad de dador del Espíritu.