BIBLIOLOGÍA

La Palabra inspirada de Dios.

Bibliología: Parte de la Teología Sistemática que trata los hechos esenciales relacionados con las Sagradas Escrituras. Los hechos esenciales son: la revelación, la autoridad, inspiración, la inerrancia, la canonicidad y la iluminación,

El Cristianismo es una religión revelada, basada en la autorevelación divina.

La Biblia usa una serie de términos griegos y hebreos para expresar el concepto de revelación. El verbo hebreo galá significa revelar a base de descubrir o arrancar algo (Isaías 47:3). Se usa con frecuencia para referirse a la comunicación de sí mismo que Dios hace al pueblo. “Porque no hará nada Jehová el Señor, sin que revele su secreto a sus siervos los profetas” (Amós 3:7). La palabra griega apokalpsis puede ser usada con respecto a personas u objetos, pero se suele usar con respecto a alguna verdad revelada. Por otra parte, es Dios mismo (1 Timoteo 3:16) quien se manifiesta o presenta (gr. faneróo).

La Biblia, es la palabra hablada (revelada) por Dios, por medio del hombre, que revela a Dios a los hombres.

EL ORIGEN DE LAS ESCRITURAS.- Los escritores bíblicos reconocen que ellos no fueron los originadores de Las Sagradas Escrituras. Amos 2:1; Miqueas 1:1. Fue el Espíritu Santo el originador, 2 Samuel 23:2.

"La Biblia nos muestra a Dios como autor de ella; sin embargo, fue escrita por manos humanas, y en la diversidad de estilo de sus diferentes libros revela la características de los diversos autores. Todas las verdades son inspiradas por Dios (2 Timoteo 3:16); sin embargo, están expresadas en palabras humanas".

LA REVELACION.

Revelación: “El acto divino por medio del cual Dios le comunica al hombre lo que de otra manera no podría conocer.” La revelación viene de la mente de Dios a la mente del hombre y se consigna por escrito en la biblia.

La revelación es el acto de dar a conocer algo que anteriormente era desconocido. La meta final de la revelación de Dios es que todos lleguemos a conocerle de una forma real y personal.

La revelación divina incluiría la reflexión y la inscripturación (esto es, la puesta por escrito de la revelación) hechas por los autores inspirados, el proceso de canonización de los escritos inspirados y la iluminación por parte de Espíritu Santo de aquello que Dios ha revelado (Juan 14:26).

LA REVELACION DE DIOS A LA HUMANIDAD

Dios inicia la revelación y Dios se revela a sí mismo.
Dios se dio a conocer a su creación por medio de un acto voluntario.
Dios determina cual será la revelación, la forma que tomaría y las diversas condiciones y circunstancias necesarias para darse a conocer.
La revelación, iniciativa y decisión de Dios es una comunicación personal.
La revelación divina es una expresión de la gracia. La invitación a conocerle personalmente es el don más alto de Dios a la raza humana.
Ahora bien, la revelación divina es una proclamación de vida, pero cuando se rechaza, se convierte en proclamación de muerte (Deut. 30:15; 2 Co. 2:15-16).
Dios Fijó los momentos de su revelación. No se reveló de una sola vez, sino que decidió darse a conocer de manera gradual a lo largo de muchos siglos. “Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres…” (Hebreos 1:1). Para Dios hay “tiempo de callar, y tiempo de hablar” (Eclesiastés 3:7). Él se reveló a sí mismo cuando quiso declarar su nombre y sus caminos (Éxodo 3:14–15).

La revelación divina no está incompleta. Tal como es Él quien decide el contenido y las circunstancias de su revelación, también es Él quien decide su extensión. La limitación consciente de su revelación por parte de Dios es un reflejo de su naturaleza personal. “Aunque Dios se revela en su creación, con todo, ontológicamente (en relación con su ser o existencia), trasciende el universo por ser su Creador, y epistemológicamente (con respecto a la naturaleza y los límites del conocimiento humano), trasciende al hombre también.” Aunque los seres humanos nunca podrán agotar por completo el conocimiento de Dios, la revelación divina no está incompleta en lo que respecta a las necesidades de la humanidad. Aunque no sea exhaustivo, lo que Dios ha dado a conocer es suficiente para la salvación, para llegar a ser aceptados ante Él y para instruirnos en la justicia. A través de su revelación, podemos llegar a conocer a Dios y crecer en ese conocimiento (Salmo 46:10; Juan 17:3; 2 Pedro 3:18; 1 Juan 5:19–20).

LAS CATEGORIAS DE LA REVELACION DIVINA.Sal. 8; 19:1-4.

Hay dos categorías principales, Revelación General (teología natural) y Revelación Especial (teología revelada).

Revelación General: Es la forma en que Dios se da a conocer a través de:

La historia humana. Toda la historia se desarrolla bajo el gobierno de los propósitos de Dios, a medida que El la controla, la guía y actúa personalmente dentro de la historia humana.
La naturaleza (el ambiente natural).  La creación con su infinita variedad, belleza y orden, es el reflejo de un Dios infinitamente sabio y poderoso.
La naturaleza humana. La caída trajo consigo un rompimiento de las relaciones con Dios. Con todo, la imagen de Dios en los seres humanos no fue aniquilada por esa caída.

Revelación Especial: Porque no es posible llegar al plan divino de redención a través de una teología natural, la revelación especial es comprendida primariamente en función de un “propósito redentor”. La revelación especial complementa la autopresentación de Dios en la naturaleza, la historia y la humanidad, y edifica sobre el fundamento de la revelación general. Con todo, puesto que la revelación general no puede traer salvación, el contenido adicional de verdad que tiene la revelación especial es esencial (Romanos 10:14-17).

La revelación especial, esto es, la Biblia, es:

Personal: El hombre llega a conocer a Dios personalmente. “A través de Jesucristo, revelado en las Escrituras inspiradas, el hombre llega a conocer a Dios personalmente en una relación redentora. A partir de su conocimiento de cosas acerca de Dios (su existencia, perfecciones y exigencias morales), el hombre obtiene un conocimiento práctico de Dios mismo en una relación de comunión personal.”
Comprensible: Dios se revela en lenguaje humano. En la revelación especial de las Escrituras, Dios se reveló a sí mismo de forma antrópica; esto es, dentro del carácter del lenguaje humano de sus tiempos, usando categorías humanas de pensamiento y actuación.
Progresiva: Dios se reveló en un periodo de quince siglos. La revelación especial fue progresiva, no en el sentido de un desarrollo evolutivo gradual, sino en el sentido de que la revelación posterior se edificaba sobre la anterior.
Escrita: La Biblia, asegura la plenitud y la continuidad de la autorevelación divina y conserva la verdad del mensaje de Dios de manera integral en contraste con la experiencia subjetiva.
Transmitida: La Biblia almacena íntegramente lo que Dios quiso que se transmitiera a la humanidad. Escudriñar las Escrituras es hallar a Dios tal como Él quiere que le conozcamos (Juan 5:39; Hechos 17:11).
La Biblia No contiene la Palabra de Dios, ES la Palabra de Dios.
La Biblia es un “libro divino-humano en el cual cada palabra es el mismo tiempo divina y humana”. Toda la escritura es la Palabra de Dios, en virtud de la inspiración divina de sus autores humanos.
Benjamín B. Warfield insiste en que la Escritura no es simplemente “el registro de los actos redentores mediante los cuales Dios está salvando al mundo, sino que es ella misma uno de estos actos redentores, teniendo su propio papel que representar en la gran obra de establecer y edificar el reino de Dios”.
La Biblia, como registro exacto de la revelación original, tiene el derecho de ser llamada Revelación Especial.

LA AUTORIDAD DE LAS ESCRITURAS

Autoridad: La Biblia es la suprema autoridad del cristiano en materia de fe y práctica. Es su “tribunal supremo de apelaciones”; no la razón, no las experiencias, no las visiones, no otras fuentes de revelación.

Históricamente, la iglesia cristiana ha reconocido la autoridad de la Biblia en asuntos de fe y conducta. Sin embargo, existen rivales que han tendido a subordinar, condicionar o igualar la autoridad de las escrituras. Veamos algunas:

Los rivales de las Escrituras. (Cuando la Biblia es puesta en segundo lugar dándole primacía a otras cosas)

La tradición oral.


La Iglesia.


Credos, confesiones y demás normas eclesiales.
La autoridad del encuentro personal de un individuo con Dios.
El Espíritu Santo. (Cuando es desconocida o mal interpretada su persona y su obra, porque el Espíritu Santo es el autor de la Escritura y el iluminador de ella, por lo consiguiente, no puede contradecirse.)
Religiones y sectas religiosas de todo el mundo.

Evidencias a favor de la autenticidad de las Escrituras.

Apoyo interno.

Unidad y cohesión.
Dirige al lector hacia Dios (Heb. 4:12-13; Rom. 10:17).
Normas éticas.
Nos llama a una transformación.
Milagro predictivo (profecías cumplidas), ejemplo: el nacimiento de Jesús, las profecías de Daniel, la destrucción del templo de Jerusalén, etc. La única explicación racional de tantas predicciones a largo plazo exactas y concretas es que el Dios omnisciente, quien es el soberano de la historia, les reveló estos acontecimientos a los escritores humanos.

Evidencias a favor de la autenticidad de las Escrituras.

Apoyo externo.

Influencia a la sociedad humana.
Su exactitud es sustanciada a través de la historia y arqueología.
Su supervivencia al pasar por numerosos periodos de restricciones eclesiásticas.
La autenticidad e historicidad del Nuevo Testamento.

El concepto de Jesús sobre las Escrituras. La autoridad de la Palabra escrita está enraizada en la autoridad de Jesús. Puesto que se le presenta como Dios encarnado, sus enseñanzas son ciertas y tienen autoridad. Por consiguiente, lo que haya enseñado Jesús sobre la Escritura determinará si ésta tiene derecho a reclamar autoridad divina. Jesús da un testimonio constante y enfático de que es la Palabra de Dios. “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir” (Mat. 5:17); “El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mat. 24:35); “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho” (Juan 14:26); “Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Jn 16:13-15) (ver también Marcos 7:6-13).

La extensión de la autoridad bíblica.  Los 66 libros, pueden citarse sin lugar a dudas como: “Así dice el Señor” para toda la humanidad. Los sesenta y seis libros de la Biblia reclaman para sí autoridad plena y absoluta con respecto a la autorevelación de Dios y a todas sus consecuencias en cuanto a doctrina y práctica. Aunque la autoridad de la Biblia es histórica, porque Dios se ha revelado a sí mismo en sucesos históricos, esta autoridad es primordialmente teológica. La Biblia le revela a Dios a la humanidad y presenta su relación con su creación. Puesto que se ha de comprender a Dios a través de este libro, sus palabras deben tener autoridad. La autoridad de la Palabra es absoluta: son las palabras del propio Dios con respecto a sí mismo.

LA INSPIRACION DE LAS ESCRITURAS.

Dios se ha revelado a su creación. La palabra “inspiración” se re􀉹ere a la puesta por escrito de esta revelación divina.

Definición de Inspiración: “Es la cualidad que poseen los libros canónicos de la Biblia como resultado de la obra por la cual el Espíritu Santo dirigió y gobernó a los escritores humanos, sin anular la personalidad de ellos, para que consignaran sin error la revelación divina en las palabras de los manuscritos originales. Así, por medio de la inspiración, Dios garantiza el registro fiel de su revelación. 2 Tim. 3:16; 1 Ts. 2:13.

El término “inspiración” está tomado de este versículo, 2 Timoteo 3:16, y se aplica a la puesta por escrito de la Biblia. La palabra griega que se usa aquí es “zeopneystos” o “teopneustos”, que literalmente significa “respirada por Dios”. Dios es el autor definitivo. Por consiguiente, toda la Escritura es la voz de Dios, la Palabra de Dios (Hechos 4:25; Hebreos 1:5–13).


LA INSPIRACION DE LAS ESCRITURAS.

La base bíblica de la inspiración.  Ex. 14:1; Jer. 11:1.

Muchos de los que escribieron participaron en los sucesos. (1 Jn 1:1-3)
Afirmaron escribir acerca de Dios y en el nombre de Dios.
Pablo afirma que todo el Antiguo Testamento es una revelación inspirada que procede de Dios  (2 Timoteo 3:16).
Pedro pone todas las epístolas de Pablo dentro de la categoría de las Escrituras (2 Pedro 3:16).
Pedro habla de una palabra “más segura” de su testimonio ocular (2 Pedro 1:19; 2 Pedro 1:20-21).
Debido a la inspiración del Espíritu Santo, toda la Escritura tiene autoridad.

Modos de la inspiración.

Dios mismo participó de cierta manera en la comunicación del mensaje escritural, pero, ¿cómo lo hizo?

Hay diferentes maneras de comprender el modo en que fueron inspiradas las Escrituras. (No todas correctas). Vamos a cinco modos.

1. La intuición natural. Solo es una comprensión natural de los asuntos espirituales, ejercitadas por personas bien dotadas. No se ve aquí una implicación especial de Dios. Sería algo tan natural como estar inspirado para escribir un poema o componer un himno.

2. La iluminación especial. Es una intensificación y exaltación divina de percepciones religiosas comunes a los creyentes. Los dones naturales de los escritores bíblicos fueron resaltados de alguna manera por el Espíritu Santo, pero sin ninguna orientación ni comunicación especial de verdades divinas.

3. La orientación dinámica. Una orientación especial del Espíritu Santo a los escritores, para asegurar un mensaje de Dios, únicamente, en los que se refieren a temas de fe religiosa y vida piadosa. En otras palabras, los elementos de fe y práctica religiosa eran dirigidos, pero los temas que ellos llaman “no esenciales”, dependían por completo de los conocimientos, la experiencia y las preferencias de los autores humanos.

4. La inspiración verbal plenaria. Es la combinación de la expresión humana natural de los escritores, y la iniciativa y supervisión del Espíritu Santo con respecto a sus escritos. El Espíritu Santo dirigió los pensamientos o conceptos de los escritores, vigiló la selección de las palabras que hacían en todo y no solo en cuestiones de fe y práctica, garantizó la exactitud y la plenitud de todo lo que se escribió, como revelación de Dios.

5. El dictado divino. Es la supervisión infalible de la reproducción mecánica de las palabras divinas, a medida que el Espíritu Santo se las dictaba a los escritores humanos.

Formulemos una opinión sobre la inspiración.

1. Cuando examinamos los datos de las Escrituras, hallamos que presenta con claridad una serie de elementos comprendidos en el acto de la inspiración.

Toda escritura es inspirada por Dios (2 Tim. 3:16).
Los escritores bíblicos fueron inspirados por el Espíritu Santo (2 Pedro 1:21).
Los escritores no hablaron por voluntad propia (2 Pd. 1:21).
Con todo, los escritores si hablaron por ellos mismos (Luc. 20:42; Jn. 12:39; Hech. 3:22).

2. Las Escrituras presentan con claridad los efectos o consecuencias del acto de la inspiración. 

Toda escritura es inspirada por Dios, y por consiguiente, toda ella es la Palabra de Dios (1 Cor. 14:37).

Toda la Escritura es de provecho y constituye una regla completa y suficiente para la ley y la práctica (2 Tim. 3:16,17).

No se puede echar a un lado, anular ni destruir ni una sola línea de la Escritura (Juan 10:35).
La Escritura es más cierta incluso de la observación empírica (2 Pedro 1:12-19).
Ninguna Escritura está condicionada en su veracidad por limitación alguna de su autor humano (2 Ped. 1:20).

A la luz de las observaciones anteriores, tomadas de las escrituras, podemos ver que las opiniones de la orientación dinámica y la inspiración verbal plenaria son ampliamente aceptadas, porque estas opiniones reconocen tanto la obra del Espíritu Santo, como las evidentes diferencias entre escritores en cuanto a vocabulario y estilo.

Diferencia entre ambas: las opiniones de tipo dinámico sugieren que la orientación del Espíritu se extendió solo: 1. misterios inalcanzables para la razón; 2. solo a las palabras de Cristo; 3. a ciertos materiales (didácticos, proféticos, fe o practicas cristianas). La opinión de la inspiración verbal plenaria sostiene que la orientación del Espíritu Santo se extendió a toda palabra de los documentos originales (“autógrafos”).
En un sentido final, la opinión de la orientación dinámica termina derivando la autoridad de la Biblia de la humanidad, y no de Dios.
La inspiración verbal plenaria es la creencia de que la Biblia es inspirada, incluso hasta en las mismas palabras (verbal) que fueron escogidas por los autores. Es inspiración plena (total, toda) porque todas las palabras de todos los autógrafos son inspiradas.
Podemos definirla de la siguiente manera: la inspiración es un acto especial de supervisión por parte del Espíritu Santo, por medio del cual los escritores bíblicos fueron impulsados a escribir, fueron guiados en lo que escribían, incluso, en el empleo de las palabras, y fueron preservados de todo error u omisión.

LA INERRANCIA BIBLICA.

Inerrancia: La inspiración plenaria y verbal garantiza que todas las palabras reveladas en los manuscritos originales fueron escritas bajo la supervisión del Espíritu Santo y por lo tanto son sin errores.

Aunque todas las aparentes contradicciones en las copias de manuscritos, y en las versiones que se han traducido, tienen solución, debemos reconocer que hay cosas en la Biblia que no podemos entender ni explicar exhaustivamente.

Escuchemos las enfáticas declaraciones de algunos de estos hombres notables:

Agustín: “Creo muy firmemente que los autores estuvieron completamente libres de errores”.

Martín Lutero: “Las Escrituras nunca yerran”. “Donde las Santas Escrituras establecen algo que se debe creer, allí no nos debemos desviar de las palabras”. Juan Calvino: “El registro seguro e infalible”. “La regla cierta e inerrante”. “La Palabra infalible de Dios”. “Libre de toda mancha o defecto”.

Concepto de Inerrancia.

Errores, no.

Inerrancia significa que al conocer todos los hechos, las Escrituras en sus manuscritos originales, interpretados adecuadamente, muestran que son absolutamente verdaderas en todo lo que ellas afirman, sea que esto tenga que ver con doctrina o moralidad, o con las ciencias sociales, ciencias físicas, o ciencias de la vida.

Dificultades, sí.

Aunque la Biblia es la Palabra de Dios y, como tal, no tiene ningún error, sin embargo, no podemos negar que contiene dificultades. La Biblia contiene textos difíciles de comprender.

Definición de inerrancia: la inerrancia de la Biblia es una doctrina que consiste básicamente en la falta de error o de fallas en las Sagradas Escrituras, las que, al ser inspiradas por Dios mismo, siempre dicen la verdad, y no se equivocan. Por lo anterior, la Biblia es la máxima autoridad, tanto en temas doctrinales, como en temas morales.

La verdad de Dios es expresada con exactitud mediante todas las palabras de toda la escritura y de manera inerrante directamente solo en los autógrafos (escritos originales), e indirectamente en los apógrafos (copias de los escritos originales). La inerrancia permite el “lenguaje de apariencia” (por ejemplo, decir que sale el sol no es un error…). Reconoce el uso del lenguaje figurativo simbólico y de formas literarias. Comprende que las afirmaciones del Antiguo Testamento en el Nuevo pueden ser paráfrasis. Y considera los métodos culturales e históricos de informar sobre las cosas como genealogías, medidas y estadísticas, como válidos, en lugar de exigir los métodos modernos de hoy, que demandan una precisión tecnológica.

Dos desarrollos históricos más significativos con respecto a la doctrina de la infalibilidad y la inerrancia de las Escrituras han sido:

La  Declaración sobre las escrituras del Pacto de Lausana (1974), que ofrece lo que algunos consideran como una flexibilidad demasiado grande en su declaración de que la Biblia es “inerrante en todo lo que afirma” (Es decir, que quizá haya algunas cosas que no se “afirmen” en la Biblia.).


La Declaración de Chicago (1978) afirma: “La Escritura es inerrante en su totalidad, y está libre de toda falsedad, fraude o engaño. Negamos que la infalibilidad y la inerrancia bíblicas estén limitadas a los temas espirituales, religiosos o de la redención, con exclusión de las afirmaciones en los campos de la historia y de la ciencia.”

La doctrina de la inerrancia se deriva más del carácter de la Biblia, que del simple examen de los fenómenos que presenta. Si creemos que las Escrituras son la Palabra de Dios, no podremos dejar de creer que es inerrante. Estas palabras que fueron escritas en la Biblia salieron de la boca misma de Dios, y Dios no puede mentir. La Escritura no yerra, porque Dios no miente. Por consiguiente, la inerrancia es una propiedad que se espera de la Escritura, por ser inspirada. El crítico que insiste en que hay errores en la Biblia en algunos pasajes difíciles, parece haber usurpado para sí mismo la infalibilidad que les ha negado a las Escrituras.
Decir que Dios no pudo evitar la revelación de errores en su auto presentación pone en tela de juicio tanto su omnisciencia como su omnipotencia. Si Dios, quien creó todas las cosas, incluso la mente humana, puede comunicar una verdad a la persona humana, entonces no hay razón lógica por la cual Él no le pueda comunicar todas y cada una de las verdades que desee.

EL CANON DE LAS ESCRITURAS.

Canonicidad: Se le llama así al derecho de un libro de ser contado como parte de la colección de Escrituras Sagradas. En este caso a los 66 libros de nuestra Biblia. El término “canon” procede del griego Kanón, que identificaba a la regla del carpintero o alguna vara de medir similar. En el griego la palabra canon llego a significar “una norma o medida por la cual se juzgan o evalúan todas las cosas”.

La tradición sugiere que Esdras fue el principal responsable de la reunión de los escritos sagrados judíos en un canon reconocido. Sin embargo, se suele fechar el reconocimiento de un Antiguo Testamento cerrado a partir de un supuesto Concilio de Jamnia, alrededor de los años 90 a 100 d.C. La lista cristiana más antigua del canon del Antiguo Testamento que ha sobrevivido, data de alrededor del año 170, y fue compilada por Melitón, obispo de Sardis. En los primeros siglos del cristianismo fueron propuestos diversos cánones de las Escrituras, desde el del hereje Marción en 140, hasta el Canon de Muratori, en 180, y al de Atanasio en 367, el primer canon completo del Nuevo Testamento. El canon del Nuevo Testamento, tal como lo tenemos hoy, fue reconocido oficialmente en el Tercer Concilio de Cartago, en 397, y por la Iglesia Oriental alrededor del año 500.

***El proceso de la aceptación de estos libros en particular como Escrituras, fue obra de la influencia providencial del Espíritu Santo sobre el pueblo de Dios.

La Iglesia no decidió cuales libros deberían estar en el canon bíblico, sino que se limitó a reconocer aquellos que ya había reconocido el pueblo de Dios como palabra suya.

Criterios en cuanto a los escritos canónicos:

Apostolicidad.
Universalidad.
El uso de la Iglesia.
La supervivencia.
La autoridad.
La edad.
El contenido.
El autor.
La autenticidad.

El Canon bíblico está cerrado.

La autorevelación infalible de Dios ha sido puesta por escrito. Hoy, Él sigue hablando en esa Palabra y a través de ella. Así como se reveló a sí mismo e inspiró en los escritores la puesta por escrito de esa revelación, también conservó esos escritos inspirados y guío a su pueblo en su selección, para asegurarse de que su verdad fuera conocida. No se les debe añadir ningún escrito más a las Escrituras canónicas, ni se les debe quitar ninguno. El canon contiene las raíces históricas de la iglesia cristiana, y no se puede rehacer, por la sencilla razón de que no se puede rehacer la historia.


El Espíritu Santo y la Palabra en...

La inspiración

En ocasiones, los escritores bíblicos estaban conscientes de que su mensaje no era de simple sabiduría humana (1 Corintios 2:13).
Tuvieron también conciencia de ser inspirados por el Espíritu (Marcos 12:36; 2 Samuel 23:2).
La biblia no es un dictado mecánico.
El Espíritu Santo, usando la personalidad, experiencia, capacidad y estilo de los autores humanos, supervisó sus escritos para asegurarse de que el mensaje de Dios fuera comunicado exactamente y plenamente.

El Espíritu Santo y la Palabra en...

La regeneración

La obra del Espíritu Santo es complementaria con la obra de Cristo en la regeneración.
El Espíritu Santo aplica la obra salvadora de Cristo al corazón de la persona por medio de la Palabra de Dios.
El Espíritu Santo convence al hombre de la importancia de la aplicación personal de la verdad de Dios.
EL Espíritu Santo toma la Palabra y la aplica al corazón para traer arrepentimiento. 

El Espíritu Santo y la Palabra en...

La iluminación. No tiene que ver con la comunicación del mensaje de parte de Dios, sino con la comprensión del mensaje mismo que ha sido revelado.

Sin el Espíritu, la humanidad ni acepta ni comprende las verdades que proceden del Espíritu de Dios. (Mt. 11:21; Mt. 11:27; Mt. 16:17; Lc. 10:22; Jn. 12:38)

La iluminación del Espíritu no tiene el propósito de ser un atajo para llegar al conocimiento bíblico, ni un sustituto del estudio sincero de la palabra de Dios.

La iluminación, comprende la obra del Espíritu Santo en la aceptación, comprensión, y apropiación de la palabra de Dios por parte de una persona.

La palabra se rechaza cuando no hay comprensión espiritual.

Cristo continúa su enseñanza en nosotros trayéndonos un nuevo entendimiento, comprensión e iluminación de la palabra.
El Espíritu Santo ilumina la verdad de la palabra de Dios.
En la iluminación el Espíritu Santo ni altera, ni expande la verdad de la revelación de Dios.
Los evangélicos consideran que las Escrituras es la palabra objetiva de Dios escrita inspirada por el Espíritu Santo en el momento de escribirse.
EL Espíritu Santo ilumina lo que el mismo ya ha inspirado y su iluminación se adhiere solamente a esa Palabra escrita.
Es necesario distinguir entre las palabras "revelación," "inspiración" e "iluminación."
Revelación: Esta es la comunicación por Dios de su verdad al hombre. Esto lo ha hecho en muchas diferentes maneras a través de los siglos.
Inspiración: Este es el método por medio del cual Dios por su Espíritu mueve a sus siervos a escribir la revelación que les ha dado. Y es el método que Dios ha usado para asegurar la exactitud de su revelación para el beneficio de su pueblo y el mundo en general. (Inspiración verbal plenaria)
Iluminación: Esta es la obra del Espíritu Santo en dar a sus siervos el entendimiento de su Palabra inspirada.

LA PALABRA ESCRITA Y LA PALABRA VIVA

Cristo es el LOGOS de Dios

Es la Palabra creadora de Dios como su Palabra de Autoridad.
La Palabra Viva ha sido vista, oída, tocada y ahora proclamada a través de la Palabra Escrita
La revelación más alta de Dios es la hecha en su Hijo.
Cristo es la clave que abre el significado de las Escrituras.
Se encuentra a Cristo mediante las Escrituras, y en las Escrituras al que se encuentra es a Cristo.
CONCLUSION.
En la persona de Jesucristo coinciden la fuente y el contenido de la revelación. Él no fue solamente un canal de la revelación de Dios, tal como lo fueron los profetas y los apóstoles. Él mismo es “el resplandor de su gloria y la imagen misma de su sustancia” (Heb. 1:3). Él es “el camino y la verdad y la vida”; conocer a Jesucristo es conocer también al Padre (Jn. 14:6-7) Los profetas decían: “vino a mí la palabra de Jehová”, pero Jesús decía: “yo os digo”. Jesús invirtió el uso del “amen” al comenzar sus declaraciones con un “de cierto de cierto te digo” (Jn 3:3). Cristo es la clave que abre el significado de las Escrituras (Luc 24:25-27; Jn 5:39-40; Hechos 17:2-3; 28:23; 2 Tim. 3:15). Ellas dan testimonio de Él y guían a la salvación que Él nos proporcionó con su muerte.